La vuelta a clases en Estados Unidos

Escribe Fede Silver

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Con más de dos millones de casos de contagios -conocidos, al menos- aún activos, este lunes comienza un nuevo año lectivo en los Estados Unidos, tras el receso estival. El retorno a las aulas, sin embargo, se dará de una forma dispar. En algunos estados las clases comenzarán de forma presencial. En otros, los docentes y familias lograron retrasar esa fecha hasta el día 17. La modalidad predominante, de momento, pareciera ser un híbrido entre clases online y presenciales, si bien ante un reciente rebrote, ciudades como Filadelfia, Washington y Los Ángeles descartaron de plano cualquier presencialidad hasta más adelante.

Trump: “La bolsa o la vida”

El presidente Donald Trump, fervoroso militante de la “vuelta a la normalidad”, ha presionado a las escuelas para que ofrezcan la presencialidad cuanto antes, incluso amenazando con retener parte del presupuesto educativo destinado a aquellas escuelas que se nieguen. Tal manejo discrecional de un presupuesto que incluye salarios de trabajadores docentes y no docentes para forzar una vuelta a las aulas no se debe, está claro, a un interés pedagógico. Es parte del plan de una burguesía herida en donde más le duele - la producción- por un retorno al trabajo a como dé lugar, en el que las escuelas juegan un rol doble: por un lado, implican el retorno de cuatro millones de docentes al trabajo. Por el otro, liberarían del cuidado de los hijos a los padres, para a su vez hacerlos volver a sus puestos laborales. Esta idea, que ya hemos desarrollado con anterioridad, ha encontrado una fuerte oposición de familiares y docentes, por lo cual diez de los quince mayores distritos escolares han debido posponer la vuelta a la presencialidad hasta al menos dentro de dos semanas - fecha con la que sueña también, en nuestro país, el ministro Nicolás Trotta.

Los sindicatos resuelven… “votar bien”

De los cuatro millones de trabajadores de la educación que mencionamos con anterioridad, casi la mitad se encuentran bajo la égida gremial de la American Federation of Teachers (AFT). Esta no se ha pronunciado en contra del retorno a clases ni ha organizado medidas de lucha concretas a nivel nacional. Han elaborado un comunicado informando que no se opondrían a que sus afiliados tomen medidas si consideran que las condiciones de seguridad no están garantizadas. Ante un gobierno nacional que presiona por la vuelta a toda costa, el segundo mayor sindicato docente del país advierte que las huelgas deben ser solo un “último recurso”. Lejos de ser un faro de dirección para los trabajadores de la educación, se colocan por detrás del movimiento, más preocupados por expresar su apoyo por el candidato Biden en las elecciones nacionales. Mismo camino ha seguido el otro gran sindicato docente, la National Education Association (NEA).

Docentes y familias, en lucha

Así como en varios distritos escolares la presión de la comunidad educativa sobre autoridades y gobernantes logró retrasar la presencialidad, el paso clave será la expansión y coordinación de esos esfuerzos. En aulas ya colmadas de estudiantes antes de siquiera considerar el distanciamiento social y con una infraestructura no preparada, la vuelta a clase se prefigura como una posible catástrofe. Si a eso se suma el retén de presupuesto que menea Trump, precisamente cuando son necesarios mayores fondos para garantizar que se puedan seguir protocolos de seguridad e higiene, contratar más docentes para tener clases más chicas, mayor cantidad de colectivos escolares para no hacinar a los estudiantes, etc, se pone de relieve que la única salida es la organización de la clase obrera (padres y docentes), en defensa de la vida, pues ni una debe ser puesta en riesgo para satisfacer los apetitos capitalistas.

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