Barcelona: primer triunfo de los trabajadores de Nissan

Escribe Lucas Benvenuto

La lucha debe continuar.

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Luego de una huelga que llevaba más de 90 días, los trabajadores de la planta automotriz Nissan en Barcelona lograron un compromiso de la patronal para posponer el cierre de la planta hasta finales de 2021, y a no despedir a ningún trabajador hasta esa fecha, aunque sí podría ejecutar un esquema de retiros voluntarios. El cierre de la planta, previsto para finales de 2020, afectaba a 2.500 trabajadores de la planta y a otros 25.000 puestos de trabajo en forma indirecta. El acuerdo, ratificado en asamblea, plantea buscar una alternativa de reconversiónde estas plantas y mientras tanto mantener los puestos de trabajo hasta 2021 (El País, 05/08).

El acuerdo y sus límites

Para diciembre de 2021, el acuerdo final prevé para los menores de 50 años una indemnización de 60 días por año trabajado, sin tope de indemnización. La patronal también ha creado un convenio para el grupo de trabajadores que tienen entre 50 y 54 años (los nacidos en 1967 recibirán el 85% del salario neto hasta los 61 años; los de 1968, el 80%, y los de 1969, el 75%). El sindicato, el gobierno local y las patronales firmaron un acta donde se crea una “mesa de reindustrialización” que tendría por objetivo garantizar, durante los próximos tres años, la ocupación de los trabajadores que opten por reincorporarse a las fábricas reindustrializadas. Si no se cumple esta garantía, los trabajadores recibirán un pago de 25.000 euros. Los trabajadores que opten por incorporarse a la planta “reconvertida” -esto en caso de que se produzca- tendrán una indemnización de 50 días por año trabajado sin límite, y una percepción de 750 euros por cada año de antigüedad.

Como se ve, el acuerdo está colgado de un pincel. La reconversión -orientada a producir autos eléctricos- no cuenta por ahora con un plan de inversiones de la patronal o el propio estado. La segunda opción es la búsqueda de nuevos inversores. En ese lapso, la patronal irá a un esquema de retiros voluntarios, con la complicidad de la UGT y el gobierno durante los próximos meses – se prevé una tanda de 600 de inmediato. Por otra parte, en caso de “reindustrialización” (reconversión), no está determinado que se reconozca la antigüedad de cada trabajador ni la continuidad de las condiciones laborales (entre ellas, su convenio colectivo).

PODEMOS y la izquierda

Pablo Iglesias (vicepresidente de España y líder de Podemos) propuso, al principio del conflicto, nacionalizar la planta. Recordó que estas medidas "son perfectamente posibles en la Constitución Española" y no son "de izquierdas ni de derechas", recordando la nacionalización de Bankia durante el gobierno de Mariano Rajoy. Sus dichos lo llevaron a a choques con los ministerios económicos más importantes del Gobierno, manejados por el Partido Socialista (PSOE). Poco después, en una sesión de la “Comisión para la Reconstrucción” (post pandemia), Pablo Iglesias cambió de parecer, señalando ahora la necesidad de "reconstruir la industria del conjunto del Estado", descartando de plano llevar a cabo "nacionalizaciones" como le pidieron desde ERC (Izquierda Republicana de Cataluña) para frenar el cierre de la planta de Nissan, en nombre de “no nacionalizar las pérdidas de Nissan” (elespanol.com, 28/05).

La línea de la reindustrialización como forma de evitar los despidos fue siempre el planteo de “Anticapitalistas” y la CUP, proponiendo reconvertir las plantas de Nissan en Cataluña hacia la producción de coches eléctricos destinados al ´carsharing´ (coche compartido) público a nivel municipal. Mediante la presentación de un proyecto de "socialización" de la planta como “vía para asegurar el empleo y la producción bajo criterios ecológicos y orientada hacia la fabricación de coches eléctricos”, el proyecto preveía que el Estado se tendría que comprometer a la compra de los vehículos, que se destinarían al alquiler, con lo que el “retorno podría ser de unos 1.400 millones al año con toda la flota en funcionamiento”. Siempre bajo el marco jurídico de la Constitución Española, la izquierda se colocó en línea con el salvataje de Nissan ya que la nacionalización contemplaba el pago del conjunto de los activos (y pasivos) de la empresa.

La fusión de Nissan con Renault en España está orientada a dejar de producir autos en Europa y derivar su fabricación a Estados Unidos y Asia, con menores restricciones medioambientales y convenios ajustados a las ganancias de este conglomerado industrial.

Los trabajadores de Nissan afrontarán en los próximos meses nuevos combates. Todas las conclusiones de esta y de todas las luchas que está desarrollando la clase obrera española, incluidas las posiciones de los “anticapitalistas” y la izquierda, es la tarea que tiene que llevar adelante un Partido Obrero en estrecha vinculación con los trabajadores, desarrollando un programa claro: la expropiación sin pago de todas las plantas de Renault-Nissan bajo control obrero, y la defensa incondicional de todos los puestos de trabajo.

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