La prolongación de una cuarentena inexistente

Escribe Marcelo Ramal

Tiempo de lectura: 4 minutos

La décima prolongación del “aislamiento obligatorio”, anunciada hoy por Fernández-Larreta-Kicillof, reiteró los lugares comunes que ya escuchamos en conferencias anteriores. Pero a la luz de la propagación creciente de la pandemia, esta vez las ´reflexiones´ oficiales sonaron a farsa. Asistimos a un acto de defraudación de la opinión pública.

Por un lado, el gobierno trajo la novedad de una extensión nacional del virus. La grave situación en Jujuy, y los focos en Chaco, La Rioja, Rio Negro, Santa Fe y Tierra del Fuego, entre otras provincias, han llevado la cuestión del coronavirus mucho más allá del AMBA. Con relación a la CABA y el gran Buenos Aires, la ocupación de camas de entre el 70 y 75% es sólo un dudoso promedio, que encubre la situación de hospitales y sanatorios ya saturados. La módica expansión del sistema sanitario “lograda” de marzo hasta hoy ya fue saturada por el avance de los contagios. Pero, además, los datos sobre camas ocultan otro colapso más grave – el de los propios trabajadores de la salud, que ya acumulan más de 15.000 casos en todo el país. Las estadísticas sanitarias son otro fraude, ya que no toman en cuenta a esas bajas que inciden decisivamente en el funcionamiento del sistema hospitalario. Al ritmo actual de decesos, los 5400 muertos que existen hoy podrían duplicarse antes de un mes. Para llegar a la vacuna, largamente agitada en la conferencia de hoy, habrá que pasar por los meses más críticos de contagios.

Frente a este cuadro, los gobernantes sólo atinaron a decir que “seguirá” una cuarentena que, según explicaron enseguida, no existe más. Fernández, en tono resignado, admitió que “todo está abierto”. Kicillof, más riguroso, citó al “índice Google” de movilidad mundial de las personas, que aquí se encuentra entre los más altos del mundo, por encima de países “anticuarentena” como la Inglaterra de Boris Johnson o incluso el Chile de Piñera. La movilidad argentina demuestra que desde hace varios meses el “trío del AMBA” ha montado una parodia, consistente en fingir restricciones personales a la circulación, de un lado, y liberar el trabajo en la gran industria y el gran comercio, del otro. Fernández mintió al decir que "en las fábricas y los comercios que reabrieron, no hubo problemas de contagios. Los lectores de Política Obrera saben muy bien que éstos arrecian en las grandes fábricas, comercios y transporte: 500 en ferroviarios, 300 en Coto, 110 en Mondelez, más de 65 en Felfort, 40 en Volkswagen y otros en la alimentación, en la industria automotriz, en el cordón exportador del sur de Santa Fe o en la industria del neumático. En Jujuy, centenares de casos han asolado al Ingenio Ledesma, mientras que en el otro extremo del país el epicentro de la pandemia se ubica en las fábricas de Río Grande. Bajo estas condiciones, no hay protocolo que valga para parar los contagios. Pero esos “protocolos”, a su vez, son superficiales o inexistentes, ante la vista gorda de la burocracia sindical o de los inspectores de trabajo. La inmunidad de rebaño que quieren alcanzar las empresas empieza por hacer pasar al rebaño por el matadero.

Además, las patronales están licenciando a los trabajadores que forman parte de los grupos de riesgo con fuertes descuentos salariales, y en muchos casos son forzados a aceptar retiros voluntarios. En la conferencia, Larreta fue más sincero que sus pares, pues saludó la “apertura casi total de los comercios en la Ciudad”, o sea, la orientación capitalista que él hizo prevalecer incluso más allá de la General Paz. Pero fue por más, y anunció un temerario regreso de los alumnos a las aulas, bajo la forma de acceder a la conectividad en las mismas escuelas. Como ya ocurre en otros países del mundo, ese regreso compulsivo fracasará por la resistencia de los docentes, los estudiantes y sus familias. Detrás del reclamo de retorno a clases, están las mismas patronales que reclaman que las madres vuelvan a las fábricas y los comercios.

“Libertad”

Ante todos estos hechos consumados, el gobierno volvió a alertar sobre los contactos personales y las “reuniones sociales”. A esta altura, es muy claro que esa “advertencia” es una gran operación de encubrimiento a la vía libre otorgada a los capitalistas. Los “índices de movilidad” presentados en la conferencia sólo pueden ser el resultado del regreso masivo al trabajo, nunca de las reuniones sociales. Fernández, subido al estrado del profesor de Derecho, largó finalmente una cantinela sobre las “libertades personales”, para explicar que no son restringidas cuando se trata del cuidado de la salud. El profesor de Derecho les habló a los libres propietarios, pero no a los trabajadores, los cuales, bajo el capitalismo, sólo gozan de la “libertad” de vender su fuerza laboral o, caso contrario, de morirse de hambre. Kicillof intentó demarcarse de los que “protestan porque quieren jugar al golf” algo que no le importa a nadie, ni siquiera a los supuestos afectados. Los capitalistas que juegan deportes individuales ya le arrancaron a Kicillof lo que querían: empujar a la clase obrera a dejar su vida en las fábricas, en el gran comercio y en los hospitales. El falso diagnóstico de Fernández oculta el carácter de clase del relajamiento de la cuarentena y la confrontación en curso entre el lucro capitalista y la salud y la vida de los trabajadores, que ha dejado planteada la huelga general. Es lo que pusieron de manifiesto los trabajadores de Mondelez, de Unilever, del SUTNA y de otras fábricas que decidieron parar la producción en rechazo a la impunidad patronal.

Invirtiendo la conocida frase, la miserable farsa amenaza convertirse en una gran tragedia, que sólo puede ser parada por la acción y la unidad de los trabajadores.

-Ante la extensión de contagios, parar las fábricas y comercios hasta asegurar protocolos redactados por los propios trabajadores.

-Entrega de equipo sanitario e incorporación de trabajadores de la salud con convenio y estabilidad, para asegurar la jornada de 6 horas.

-Paritarias libres, para discutir el salario y las condiciones laborales que aseguren la seguridad sanitaria.

La gravedad de la pandemia, y la impotencia de los que nos gobiernan, le plantean un gran desafío a la clase obrera: está planteada la huelga general en defensa de la salud y la vida de los trabajadores.

Suscribite a Política Obrera