Constituyente libre y soberana: puente histórico al poder de la clase trabajadora

Escribe Partido Obrero Revolucionario (Chile)

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La crisis sanitaria por covid en Chile sigue desatada y desde que comenzó el plan de desconfinamiento de Piñera se ha pronunciado; las regiones Metropolitana y Bío Bío son las más afectadas. Con un promedio de 2.000 casos diarios a nivel nacional y más de 380.000 casos registrados desde el comienzo de la pandemia, las muertes PCR ascienden a las 10.300.

En plena crisis capitalista, la pandemia golpea con un 20% de desempleo, un 40% de trabajo informal y un 8% en la caída del PIB para 2020, entre otros daños. En este país se expresan contradicciones propias de una transición histórica y maniobras reaccionarias de todo tipo, por un lado, y fuerzas de la conciliación política de clases, por otro. La burguesía ha comprendido que, en el marco revolucionario abierto por la rebelión popular de octubre, la lucha por una verdadera asamblea constituyente libre y soberana verdadera (ACLyS en adelante) -y por todos los reclamos que ésta debe contener- constituye un puente hacia el poder de la clase trabajadora, el movimiento de mujeres y los pueblos oprimidos del país, y busca evitar esto a toda costa.

Luego de la dura derrota por el 10% y del posterior cambio de ministros, endureciendo su postura, Piñera ha intentado alinear a su gabinete y a sus parlamentarios con el objetivo de llevar adelante el plan de rescate y confiscación capitalistas contenido en su paquete de reformas, acelerar el desconfinamiento por coronavirus, reactivar los negociados y mafias latifundistas en el Wallmapu, y continuar con la lógica de la represión física de las y los luchadores -todo en post de controlar la agenda política del plebiscito en octubre.

La crisis en el gobierno, el quiebre en la derecha y la tendencia a la rebelión popular son elementos que se intensifican con la lucha que libran el pueblo mapuche en el Wallmapu, por un lado, y las miles de luchadoras contra la violencia machista y patronal, por otro -quienes achacan la responsabilidad por tantos excesos cometidos e impunidad, en última instancia, al Estado. A lo anterior, se suma la presión de los capitalistas y las decenas de gremios patronales que han alentado la conformación de bandas fascistas para golpear mapuches y mujeres, lo que ha generado todavía más bronca popular.

La burguesía y sus partidos han asimilado que en Chile -además de una crisis económica, sanitaria y alimentaria- la rebelión popular es una tendencia viva y que, desde octubre, las masas son un actor principal en la situación política. De esta forma, mientras un sector (mayoritario por ahora) de la burguesía opta por la variante de la contención del movimiento de masas a través de concesiones y por la opción de apruebo convención mixta, otro sector, (por ahora minoritario y que representa la dupla Piñera-Pérez) opta por la variante del rechazo y la defensa del régimen de Pinochet; incluso, la UDI opta por eliminar la opción convención constitucional y dejar una opción de convención parlamentaria.

Respecto de la fracción minoritaria, un punto de tensión la ha puesto el que, durante las últimas décadas, ha sido uno de los gremios patronales más reaccionarios del país: el de camioneros. Para abordarlos, el lunes 10 el ministro Pérez sostuvo una reunión con los dirigentes del gremio, quienes amenazaron con paro nacional si es que el gobierno no consideraba su petitorio durante la semana. Mientras esto se realizaba, los camioneros, en una demostración de fuerza, bloquearon el acceso a unas comunas del sur.

El martes 11, supimos el petitorio: el gobierno, protegiendo a forestales y pequeños propietarios, despachó proyecto de Ley que considera la quema de un camión como si se tratara de un inmueble, cuestión que castiga con penas que van desde los 15 años y un día, a cadena perpetua. Paralelo a esto, en un encuentro mapuche autoconvocado en la ciudad de Curacautín y ante casi un millar de manifestantes, el werkén Roberto Cheuquepán leyó una declaración en solidaridad con los presos políticos mapuche -quienes hoy llevan 103 días en huelga de hambre- y por el cumplimiento del Convenio 169 de la OIT. La actividad se enmarca en un conjunto de llamados que realizan distintas organizaciones mapuche por todo Chile.

Desde la oposición parlamentaria al gobierno, la iniciativa la tiene la centroizquierda que comienza a consolidar un programa de tipo nacionalista y que abarca la unidad entre sectores que, con claridad, van desde el PC-FA al PRSD-DC y que inclusive podríamos hacer extensiva a algunos miembros de la oposición en la derecha oficialista, como Desbordes.

A través de diversos mecanismos y métodos, este espectro político se ha inclinado por la vía del apruebo mediante la contención del movimiento de masas en su lucha por conquistar una asamblea constituyente libre y soberana. Esta unidad policlasista “contra el enemigo común” (Piñera y la crisis) se consolida, en primera instancia, en torno su campaña conjunta por el apruebo, como han demostrado todas las reuniones políticas cruzadas entre estos partidos; pretende llevar toda la movilización popular por la vía institucional, reemplazar todo el proceso deliberativo de las masas por las discusiones parlamentarias, y que el método resolutivo esté subordinado a esto.

En este marco, los acontecimientos obligan a la clase obrera a impulsar, en la práctica, un proceso transicional y a deliberar un programa acorde con ella. La lucha por la asamblea constituyente aparece nuevamente como un pilar fundamental y como puente entre la barbarie capitalista, la rebelión popular y la lucha por un gobierno de la clase trabajadora, el triunfo del movimiento de mujeres y la autodeterminación del pueblo mapuche. Pareciera que todos los partidos del régimen comprenden esto. Nuestro gran desafío, en este respecto, consiste en que toda esta caracterización política y las tareas que el momento político plantea, puedan ser asimiladas, sobre todo, por la clase obrera y el resto de su vanguardia.

Más que nunca es necesario desplegar un gran trabajo político para esclarecer al pueblo sobre el alcance histórico del proceso revolucionario chileno actual, donde la lucha por la ACLyS que el pueblo reclama estará llena de trampas y dificultades; también, la necesidad de construir el partido de la revolución se encuentra a la orden del día. Contribuir en este proceso histórico es -ha sido y será- nuestro gran empeño.

Fuera Piñera - Asamblea Constituyente Libre y Soberana - Gobierno de la clase trabajadora.

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