La huelga general en Bielorrusia

Escribe Lucas Benvenuto

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Las movilizaciones contra la represión y el fraude electoral del gobierno de Lukashenko no cesan. Están acompañadas por huelgas obreras, de las cuales se puede destacar la desarrollada en la fábrica de tractores MZKT de Minsk donde Lukashenko fue abucheado por centenares de obreros (de esa fábrica y de otras que fueron convocadas) en ocasión de un discurso que convocó en persona al presidente.

El repudio de los obreros recorre ya varias concentraciones obreras a lo largo de Bielorrusia. En Minsk han marchado por el centro de la capital miles de ferroviarios, profesionales, sanitarios, estudiantes, profesores, obreras, músicos e ingenieras de telecomunicaciones. Durante esta semana los conductores de tranvía hicieron un paro para protestar contra el arresto de uno de sus compañeros. Siguen las huelgas también en la principal azucarera en Zhabinka, a 50 km con Polonia.

El 10 de agosto paró la metalúrgica de la ciudad de Zhlobin (a 250 km del sudeste de Minsk). Ese mismo día, apareció un llamado en el canal de Telegram “Mi país, Bielorrusia”, que instaba a los trabajadores a exigir que sus jefes apoyaran el llamado a nuevas elecciones y el fin de la violencia policial. El 11 de agosto, Nikolai Zimin, expresidente del sindicato de trabajadores de la industria minera y química de Bielorrusia, y Maxim Sereda, director ejecutivo del Sindicato de Mineros Independientes, fueron sentenciados a varios días de prisión por un juzgado de Soligorsk (120 km al sur de Minsk), donde los mineros desarrollaban una tenaz huelga.

También marcharon unos 200 trabajadores de Belkard JSC (megaempresa productora de componentes de automotores en el límite con Lituania). Los trabajadores de varios hospitales también se han unido a las protestas. Están circulando llamados a una huelga general a partir de esta semana en todos los hospitales. Pese al desenvolvimiento de todas estas luchas, los sindicatos independientes no juegan un rol en favor del desarrollo de la huelga general. El Congreso de Sindicatos Democráticos de Bielorrusia (BKDP), que reúne a los pocos sindicatos independientes en Bielorrusia sacó una declaración el 12 de agosto contra el gobierno, pero no llamaron a la huelga, alegando “que eso generaría un riesgo real de despidos masivos”. El personal de la planta química Azot, en Hrodna, hizo circular una carta similar con el “apoyo” del sindicato independiente.

Los medios locales señalan que un posible punto de inflexión en este proceso huelguístico es la huelga de BelAz (50 km al este de Minsk), una de las empresas más grandes y reconocidas, que fabrica vehículos industriales pesados.

Uno de los videos más virales de los últimos días muestra a varios integrantes de la Filarmónica Nacional de Bielorrusia que mientras cantan sostienen pancartas que dicen “Me robaron la voz”: Un dato político es que la policía se abstuvo de reprimir las protestas, a diferencia de la semana pasada. No obstante, más de 80 siguen desaparecidos. Los manifestantes detenidos denuncian haber sido torturados.

Mientras se desarrollan estos procesos huelguísticos, por arriba se teje una transición política. Lukashenko ahora baraja la posibilidad de una reforma en la Constitución por medio de um “referéndum”, convocar a elecciones “en todos los niveles”. La opositora Svetlana Tijanóvskaya, desde su exilio en Lituania, se declaró dispuesta a “guiar Bielorrusia durante un periodo de transición hasta que el país se calme”. La Unión Europea, en su última reunión de Consejo, estaría poniendo en marcha sanciones que irían desde la congelación de activos a la prohibición de viajar a territorio comunitario a quienes se considere responsables del fraude y de los episodios de represión.

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