Cristina ‘presencial’ en la Rosada, ‘canjeando’ soberanía

Escribe Marcelo Ramal

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El anuncio del ministro Guzmán, de una adhesión del 93% a la renegociación de la deuda con legislación extranjera, no constituyó en la jornada de hoy una novedad de porte. En realidad, no hay quita de capital, en tanto los intereses van subiendo hasta 2040. Es falsa la afirmación del Presidente de que en esa fecha Argentina deberá u$s38 mil millones menos que ahora, porque el objetivo del acuerdo es abrir vías para nuevo endeudamiento y porque las nuevas tasas de interés comprometidas, un espectacular 3.5% anual promedio, son tan beneficiosas para los acreedores que Larriy Fink, el mandamás de BlackRock, anunció que no saldría a vender los nuevos títulos para recoger las ganancias que ofrecen hasta su vencimiento. Eso sí, el presidente del Banco Central de Argentina estaría decidido a vender los nuevos bonos cuando los reciba, para intentar bajar el dólar paralelo. El Banco está endeudado en cerca de diez mil millones de dólares en ventas futuras y tiene el equivalente a u$s 20 mil millones en Leliq. Para el abogado Fernández todo esto no sería deuda pública. Los asistentes fueron a celebrar un funeral.

La novedad del evento pasó por otro lado: fue la concurrencia de Cristina Kirchner a la Casa Rosada, presencial, sin pantallas digitales de por medio, para prestigiar la fiesta endeudadora. La vicepresidenta se apersonó para celebrar el cierre de la grieta con BlackRock, Fintech, Gramercy y otros. La ´enemiga de Clarín´ honraba los compromisos con los accionistas de Clarín-Cablevisión. Por Zoom, gobernadores pejotistas, kirchneristas y macristas acompañaban el festejo. Martín Guzmán es, después de todo, el pollo de CFK.

La grieta podrá estar presente a la hora de discutir el régimen de camarillas judiciales o el grado de responsabilidades penales de todos y cada uno de los que gobernaron la Argentina. Pero desaparece a la hora de asegurar el compromiso de hierro de los acreedores argentinos con los usureros internacionales.

La presencia de CFK destaca el carácter estratégico de la cuestión de la deuda en el origen mismo del Frente de Todos y del pacto Alberto-Cristina. Días atrás, el periodista oficialista Carlos Burgueño relató que una de las primeras reuniones de AF después de haber sido ungido candidato, en mayo de 2019, fue con el elenco de fondos internacionales que acaban de cerrar trato con el gobierno. Allí, Fernández fue claro: su “razón de ser”, como elegido de Cristina, era evitar un default generalizado y alcanzar un acuerdo con los bonistas

En la misma tarde de hoy, los diarios anunciaron el ingreso inminente de la reforma previsional en el Congreso. La reforma reforzará la actual confiscación jubilatoria, para que los recursos del Fondo de Garantía del Anses sirvan a los compromisos con los acreedores internacionales y el FMI.

Al hacerse presente en la Rosada, Cristina retomó la saga que, como presidenta, reiteró orgullosa más de una vez: “somos pagadores seriales”. Su gobierno pagó 190.000 millones entre 2005 y 2015, en la expectativa de recuperar un financiamiento internacional que nunca alcanzó. Antes que ello, el kirchnerismo sucumbió bajo los vaivenes de la crisis mundial y los límites que le impuso la clase obrera. Desde entonces a hoy, las condiciones de un colapso económico y social son muy superiores.

Cristina y Alberto han celebrado un acuerdo usurario y sin futuro. La foto común de los adoradores de Black Rock es un poderoso llamado de atención a los trabajadores, respecto de los intereses sociales que -sin grieta- se enarbolan en la Casa Rosada.

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