Israel: sublevación popular

Escribe Norberto Malaj

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El miércoles 30/9 el gobierno israelí hizo aprobar “una enmienda que otorga al gobierno poderes especiales” para lidiar con el coronavirus: por una semana se prohíbe que las personas protesten a más de un kilómetro de sus hogares. “Todo su propósito —decía la edición de Haaretz (2/10)— es frustrar las manifestaciones contra el primer ministro”, las que desde hace dos meses tienen como centro la denuncia contra la miseria social, el derrumbe económico y, sobre todo, hacen hincapié en la corrupción gubernamental.

La medida logró lo contrario: estallaron “cientos de manifestaciones contra el gobierno en todo Israel bajo el lema ´es un kilómetro´. La organización “Bandera Negra estimó que 130.000 personas participaron en las protestas del sábado contra Netanyahu en ciudades y pueblos” (ídem, 3/10). Las protestas ahora se descargaron contra todo el gobierno de “unidad nacional”: el gobierno está partido - “el ministro de Defensa, Benny Gantz, tuiteó el sábado por la noche que la violencia contra los manifestantes es ´intolerable´, ” y hasta atacó a las bandas de “Bibistim” (de extrema derecha). Pero “las Banderas Negras —informa Haaretz— le respondieron: ´Las palabras no bastan: mientras no entregues al acusado (por Netanyahu) eres tan culpable como él - ¡dimite! El Likud de los “Bibistim” reclama de sus socios de Kahol Lavan en el gobierno que cesen con el coqueteo con las movilizaciones.

En Tel Aviv, el alcalde de la ciudad como otros legisladores de la Knesset se sumaron a las movilizaciones: “La legisladora de Kahol Lavan, Miki Haimovich, que preside el Comité de Interior y Medio Ambiente de la Knesset, asistió a las manifestaciones en Tel Aviv. Haimovich añadió que ´la policía utilizó una fuerza irrazonable´ y sugirió que los enfrentamientos se intensificaron tras las provocaciones de la policía. La legisladora del Likud, Shlomo Karai, pidió la destitución inmediata de Haimovich de su puesto como presidenta del Comité del Interior...” (ídem).

Netanyahu ha fracasado estrepitosamente en hacer retroceder la rebeldía popular, recurrió a la policía de fronteras y a fuerzas especiales para reprimir salvajemente a los propios israelíes, y, encima se ha granjeado hasta el odio de los sionistas ultra-religiosos. Es solo una manifestación de que “Israel avanza a pasos agigantados hacia la guerra civil” —dice, tremendista, Ravit Hecht: “De un lado de la división está (la derecha recalcitrante sionista), y del otro, los oponentes de Netanyahu. La legislación aprobada por la Knesset el miércoles simplemente echa más leña a este fuego” (ídem, 2/9).

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