¡La hora del aborto legal es ya!

Escribe Olga Cristóbal

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La demanda de legalizar el aborto ha tomado nuevos bríos. Alrededor del 28 de setiembre, Día por el Aborto Legal, se difundió un demoledor informe de la organización estadounidense Human Rights Watch, que interpelaba a Alberto Fernández, le recordaba sus promesas al movimiento de mujeres y denunciaba un retroceso brutal en los derechos reproductivos bajo la pandemia. Las más dañadas, decía HRW, las mujeres más pobres.

Casi simultáneamente, miles de personalidades de la cultura -incluidos notorios kirchneristas- rubricaron una solicitada exigiendo el aborto legal que impulsó la escritora Claudia Piñeiro y publicaron los diarios nacionales.

Con el descaro de quien hablan como un comentarista de la realidad y no el responsable, Alberto Fernández se permitió el día internacional por la legalización del aborto lamentar la situación de las mujeres y renovar sus incumplidas promesas, ratificando en las redes su “compromiso para legalizar el aborto. #SeraLey”.

Por otra parte, la dirección de la Campaña por el Aborto Legal ha salido de una inercia de meses en la que esperó inútilmente un gesto del gobierno. Así las cosas, solicitaron audiencia con CFK y con Sergio Massa para pedir que el aborto se discuta este año. El próximo es electoral, dicen, y nadie va a querer “romper la transversalidad”. Una cabal comprensión del grado de injerencia clerical en los partidos patronales y el aparato estatal. El miércoles 21, por primera vez desde abril, una treintena de activistas pegó pañuelos verdes en el Congreso. Este viernes hay pañuelazos similares en el conurbano a los que se sumaron organizaciones de mujeres y el PDT Tendencia.

La confianza de algunas dirigentes de la Campaña en Fernández es descomunal: "Yo creo que el Poder Ejecutivo va a presentar su proyecto ahora, y que van a hacerlo porque deben saber que tienen los votos muy cerca para que sea ley", aseguró a Clarín Marta Alanis, de Católicas por el Derecho a Decidir y referente histórica de la Campaña. Y avanzó: "Sé que el Ejecutivo está comprometido con este tema, y que no van a tener el gesto hipócrita de presentar el proyecto y desentenderse”.

El reclamo se hace sobre el filo de la navaja, cuando queda menos de un mes para que pueda salir del Congreso un dictamen sobre la Interrupción Voluntaria del Embarazo (el 20 de noviembre vence el plazo).

En estos meses de pandemia cesó la atención de los consultorios de ginecología, miles de mujeres se vieron obligadas a continuar con un embarazo no querido o a interrumpirlo clandestinamente. Miles de niñas y adolescentes parieron. Las estadísticas oficiales dicen que más del 90% de las consultas que recibe el 0800 de Salud se vinculan a la interrupción del embarazo. “De las 2.053 consultas para el período mayo-junio, 1.877 fueron por ILE y 89 por métodos anticonceptivos” (Télam). 34 mujeres por día.

Según Horacio Verbitsky, la ministra de Género Eli Gómez Alcorta ya obtuvo el acuerdo de CFK para que el Congreso vote la legalización. Habrá que ver si les dan los números en el tembladeral político que es el FdT.

El objetivo que los impulsa, sin embargo, nada tiene que ver con la suerte de las mujeres. “No sólo cumplirían con una promesa electoral, también desplazarían el furor del verde Franklin al verde Ofelia”, se ilusiona Verbitsky. El gobierno pretendería con la legalización del aborto generar un debate nacional que haga que la población olvide la disparada del dólar, la miseria salarial, la falta de vivienda o los 16.000 contagios diarios de Covid-19.

Las iglesias ya le advirtieron al gobierno que no se inclinarán por la cristiana resignación. La primera fue la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA) –nuclea a la gran mayoría de los cultos evangélicos. “No es tiempo” de debatir la legalización del aborto en medio de la pandemia. “La medida es irracional e inoportuna” señaló esta gente a quien el gobierno le ha entregado buena parte de los recursos de la asistencia social.

Las autoridades de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) se expresaron en tono quejumbroso –“nos sorprende tristemente- la posible presentación del proyecto para legalizar el aborto". No solo porque “desalientan la búsqueda del encuentro fraterno e imprescindible entre los argentinos" sino por el agravamiento de la pauperización y porque “la situación general de la Salud Pública, planteada por esta dolorosa coyuntura, hace insostenible e inoportuno cualquier intento de presentar y discutir una ley de estas características".

¡Qué infamia! ¿Alguien lo oyó pronunciarse contra los desalojos? ¿Contra la sobreexplotación del personal de salud? ¿Contra los salarios de hambre?

No hay una mujer que se juega la vida cuando aborta en la clandestinidad y otra que pasa hambre, u ocupa tierra para construir su ranchito. ¡Son las mismas! La situación sanitaria no excluye a las mujeres que han vuelto a usar perejil para producirse un aborto. Los “costos” sanitarios del aborto legal son una patraña. La primera causa de ocupación de camas femeninas -unas 3.000 por mes- son por las secuelas de los abortos clandestinos. Por el contrario, si la práctica fuera legal, el 95% de las ILE se harían por aborto químico y no quirúrgico, sin internación y con mucho menor presupuesto.

En el colmo de la falsificación, un experto en temas impositivos propuso en Ámbito que se cobre un impuesto extra a quienes defienden la ILE para financiarlo.

Más allá de las miserias retrógradas, el movimiento de mujeres está en pie. No solo porque defiende organizadamente en todos los ámbitos el derecho a la vida, a la vivienda, a la salud, a la educación, contra el hambre, contra el gatillo fácil. También porque en Jujuy y en Tucumán se han levantado contra los femicidios y las violaciones, en un frente único con los hombres de su clase, develando la responsabilidad del Estado capitalista en los asesinatos de niñas y mujeres.

La pregunta es cómo hacemos esta vez para arrancar el aborto legal. En la crisis galopante del gobierno, es probable que alguno haya calculado los votos y pensado que es mejor curarse en salud y arrojarnos una legalización, por restrictiva que sea, para dejarnos tranquilas. Del otro lado, pujan los que no quieren irritar a las iglesias, la correa histórica de la resignación en las masas.

No hay que depositar un gramo de confianza en un gobierno asociado al clero y al evangelismo, y experto en retroceder en chancletas. Tampoco en sus funcionarias. Hay que fortalecer un movimiento que actúe con autonomía frente al Estado y recupere el método de las asambleas y la intervención callejera.

Apoyamos el proyecto de la Campaña, que es el proyecto del movimiento de mujeres.

Apelemos a nuestra propia fuerza. Vayamos a los lugares de trabajo, a los centros de estudio, a las asambleas virtuales.

Discutamos nuestro derecho a ser madres, y también a no serlo, en todas las barriadas y ollas populares. Convoquemos al conjunto de los trabajadores a tomar parte en esta pelea en la que se juega no solo la salud de las mujeres sino su autonomía.

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