Marx y la tierra

Escribe Pedro Verasaluse

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Altamira, en la charla hacia la segunda Conferencia Nacional de Política Obrera, haciendo alusión a la pandemia, explicó que la “existencia humana se desenvuelve en un metabolismo constante con su medio natural”.

Ella “no es un fenómeno exterior al proceso social”, sino “un producto de un modo de relación con la naturaleza propia de la organización capitalista de la sociedad” (ídem), que responde a “una ley propia de esta organización social que es la ley del lucro” (ídem).

Contó que los “profundos ataques al medio ambiente (la tierra) por parte del capitalismo” ya habían sido analizados por Karl Marx, dando una completa vigencia a sus posiciones: “La propiedad de la tierra es la fuente original de toda riqueza y se ha convertido en el gran problema de cuya solución depende el porvenir de la clase obrera” (Karl Marx).

Marx explicaba, refiriéndose a las exigencias sobre la tierra, que “no pueden ser satisfechas cuando un puñado de hombres se halla en condiciones de regular a su antojo y con arreglo a sus intereses privados o de agotar, por ignorancia, el suelo”. El equilibrio entre “las demandas de la población, crecientes sin cesar, por una parte, y la constante alza de los precios de los productos agrícolas, por otra, muestran irrefutablemente que la nacionalización de la tierra es una necesidad social”. La tierra, bajo control de la nación, impedirá la “disminución de la producción agrícola por abuso de uno u otro individuo”, siendo “en beneficio de la misma”.

“La nacionalización de la tierra producirá un cambio completo en las relaciones entre el trabajo y el capital y, al fin y a la postre, acabará por entero con el modo capitalista de producción tanto en la industria como en la agricultura”.

Entonces “la agricultura, la minería, la industria, en fin, todas las ramas de la producción se organizarán gradualmente de la forma más adecuada” en relación “a un plan general y racional” (del manuscrito de Marx, “La nacionalización de la tierra”). Cuenta que en el Congreso Internacional celebrado en Bruselas en 1868 “se adoptó en él el importante acuerdo acerca de la necesidad de que se entregasen en propiedad social los ferrocarriles, el subsuelo, las minas, los bosques y las tierras de labor”.

También la resolución propuesta por Marx acerca de la jornada de trabajo de 8 horas, del empleo de máquinas y la recomendación “a los obreros de todos los países estudiar El Capital de Marx y contribuir a su traducción del alemán a otros idiomas”.

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