Informe sobre Chile: la irrupción de abajo

Escribe Javiera Sarraz

No se asustan de animal ni policía

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El salto olímpico de los secundarios sobre los molinetes del subte de Santiago selló desde el inicio el protagonismo de los jóvenes y su rol fundamental en el proceso revolucionario, reinstalando dos sentidas demandas nacionales: primero, el fin a la privatización de la educación y su acceso discriminador, y segundo, el fin a la barbarie del Servicio Nacional de Menores (SENAME).

Sobre lo primero, los secundarios han concluido rápidamente que deben mantener independencia política de los partidos tradicionales, y en particular la Asamblea Coordinadora de Estudiantes Secundarios (ACES) ya se delimitó de las burocracias rompiendo con la Mesa de Unidad Social (MUS).

En la segunda semana de enero, estudiantes de todo Chile sabotearon la rendición de la Prueba de Selección Universitaria (PSU), por lo que el Gobierno decidió negar legalmente el acceso a la universidad a quienes se vieran implicados, y se querellará por Ley de Seguridad del Estado contra algunos de sus voceros para mandarlos a la cárcel.

Las iniciativas de saboteo de los secundarios contra el Gobierno no sólo tienen una gran convocatoria, sino que además cumplen un rol dinamizador para la lucha de toda la población trabajadora. Un ejemplo de ello fueron las barricadas que sostuvieron durante diez horas los pobladores de la comuna de Pudahuel (Santiago) y los ataques contra la comisaría del sector, luego de que un paco atropellara con un auto policial a un joven del sector que se manifestaba contra la PSU.

Sobre lo segundo y menos conocido fuera de Chile, muchísimos de los combatientes que luchan con soberbia en la Primera Línea, son menores del SENAME que, habiendo atravesado situaciones de hacinamiento, hambre, drogas, abandono, violencia física y abuso sexual en sus familias y razones por las cuales, el Estado decidió llevarlos a esta institución, ahora huyen de la misma por razones idénticas.

A los jóvenes no hay ninguna cátedra que darles sobre el agotamiento de este régimen y las necesidades de una Revolución. Ellos dan la cátedra, y lo hacen sin concesiones ni titubeos en sus Asambleas o al pie de la barricada enfrentando al guanaco (lanza agua) y al zorrillo (lanza gases).

Corazones rojos, corazones fuertes

Junto a los estudiantes, las mujeres han sido las primeras en atacar y las últimas en retirarse durante las manifestaciones. Nada raro en un país donde el movimiento de pobladores organiza principalmente a mujeres en torno a la demanda de la vivienda, y donde las principales organizaciones de DDHH fueron fundadas y organizadas por compañeras y madres de detenidos desaparecidos por Pinochet.

Han ganado fama de temerarias y audaces. En la Primera Línea se lucen con las resorteras ostentando una puntería sinigual y un poco más atrás, llegan decenas de compañeras cargadas de sandwich y gaseosas para repartir entre los combatientes que luchan horas contra los pacos.

Sin duda, el movimiento tiene un marcado matiz feminista y separatista en particular entre las más jóvenes que pertenecen a la primera generación de universitarios de sus familias, quiénes en el pase de la casa a la facultad, han diluido el contenido de clase de sus debates. Sin embargo, en los barrios no han demorado en encapucharse junto a los hombres y atacar las comisarías en las que los pacos violaron a compañeras; y al igual que la ACES, la Coordinadora 8M ya decidió romper con la MUS acusándolos de invisibilizar la demanda por la renuncia de Piñera.

Además de luchar contra la violencia y por la legalización del aborto, el movimiento tiene que concluir con rapidez que nuestra emancipación contra el Capital y su ideología de machismo y odio hacia nosotras, sólo la podrá garantizar una Revolución Socialista en la que hayamos jugado un rol protagónico y clasista que nos deje la experiencia necesaria para construir la nueva sociedad que reclamamos.

Próximo informe: La cuestión sindical y las Asambleas Populares.

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