La “escuela de verano” de Soledad Acuña

Escribe Flor Palombo

Cruzada del gobierno porteño contra docentes, familias y escuela pública.

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La ministra Acuña anunció el lanzamiento del programa “escuela de verano”, a desarrollarse entre el 4 de enero y el 5 de febrero de 2021, en el que se ofrecerían actividades deportivas, recreativas y escolares. Esta escuela “de verano” tendría, como espacio físico, la propia institución escolar (116 primarias y 15 secundarias) y algunos polideportivos de la Ciudad - más un refuerzo virtual.

Sin ninguna comunicación oficial dirigida a los/as docente porteños, el gobierno de Larreta sigue sosteniendo una puesta en escena, en un contexto epidemiológico incierto.

Desarmando el discurso

“Vacaciones en la escuela” es un programa de Escuela Abierta y, según informes del GCBA, en los últimos años ha contado con la concurrencia de aproximadamente 11.500 niños/as de entre 4 y 12 años. El programa se sostiene con el trabajo de personal contratado, con salarios magros (que se cobran meses después) y con contratos precarizados, impidiendo la posibilidad de tomarse licencias (en contexto de pandemia, esto es aún más problemático). En un gran porcentaje, quienes trabajan en el programa son estudiantes de profesorado y docentes de programas socioeducativos (por fuera del estatuto, no perciben salario durante el receso vacacional), pero también docentes titulares, suplentes e internos que se ven forzados a trabajar también en vacaciones para paliar la situación de cobrar un salario de pobreza. Para la edición “Verano 2021”, los requisitos de inscripción ya han sido publicados en la web oficial del GCBA (https://www.buenosaires.gob.ar/educacion/escuelaabierta/vacaciones-en-la-escuela/inscripcion-docentes-y-administrativos), sin ninguna aclaración respecto a la cuestión salarial.

La inscripción ya está abierta. Según las declaraciones de Acuña, la escuela de verano, en esta ocasión, estaría dirigida a los/as estudiantes cuya valoración pedagógica los coloque “en proceso” (lo que implica la promoción al año siguiente en forma de “promoción acompañada”) para “cumplimentar el aprendizaje de los contenidos priorizados por el ministerio” desde un enfoque “lúdico-recreativo, deportivo y cultural”. A su vez, la ministra volvió a colocar la necesidad de calificar a los/as estudiantes de los últimos años de nivel primario y secundario con escala numérica.

Pero en la Ciudad de Buenos Aires (y en todo el país), la famosa “continuidad pedagógica” (y el abordaje de los contenidos priorizados) fue sostenida por los y las docentes, con sus propios recursos y sin ninguna respuesta por parte del gobierno porteño a los reiterados reclamos para resolver los problemas de conectividad en los barrios y la falta de acceso a las PC por parte de los estudiantes. Docentes y familias se vincularon -no sin dificultades- por diversas redes, incluido el WhatsApp y clases virtuales, además de la entrega de alimentos y materiales pedagógicos presenciales en las escuelas, cada 15 días.

La calificación y la “escuela en verano” son el resultado de una política de gobierno que intenta disciplinar y regimentar al conjunto de docentes y familias que han enfrentado, de conjunto, la política aperturista que condena al contagio en plena pandemia. Prueba de esto es el bajo porcentaje de asistencia a las burbujas que se vienen desarrollando en las escuelas en el presente ciclo lectivo (alrededor de un 2% de los convocados, por ejemplo, en el nivel primario).

Esta política del gobierno se inscribe en la ya anticipada vuelta a clases del ciclo lectivo 2021, y tiene por objetivo, también, sentar las condiciones del regreso en febrero.

La escuela: “construir futuro”

Tal como ocurrió con los protocolos de las “burbujas”, la escuela de verano no tiene ningún fundamento pedagógico real que amerite que cientos de niños/as de la Ciudad deben asistir a clases en el período vacacional. Las escuelas, como espacio físico, no cuentan con las condiciones necesarias para alojar a estudiantes en verano y, a su vez, la situación pandémica sigue presente en la cotidianeidad de las familias trabajadoras de la Ciudad, incluyendo a los y las docentes.

La ministra, por su parte, recogió también el guante sobre las repercusiones que generaron sus dichos respecto al trabajo docente, la formación de los trabajadores de la educación y el rol de los sindicatos. Intentó soslayar este ataque profuso a la educación pública colocándose en el lugar de la defensora de la escuela como “construcción de futuro”. Acuña, y el régimen social que defiende, son partidarios de una educación que reproduzca la cultura dominante para perpetuar el orden establecido. La construcción de futuro a la que hace alusión la ministra tiene de ninguna manera tiene que ver con garantizar el derecho a la educación de los niños, las niñas y adolescentes de la Ciudad. Mucho menos, con la protección de su salud integral.

Sigue en manos de la docencia la necesidad de profundizar las instancias de deliberación y organización en defensa de nuestra salud y condiciones laborales, incluido el inicio del ciclo lectivo próximo.

Rechazamos la escuela de verano “edición 2021”. No a la presencialidad en pandemia.

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