Catamarca: estudiantazo contra los abusos en colegios confesionales

Escribe Maga Maza

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Bajo la consigna "basta de abusadores en las aulas, no nos callamos más" un centenar de estudiantes secundarixs se manifestaron frente al CEF (Centro de Educación Franciscana) Quintana.

Todo comenzó con la denuncia de un joven contra un profesor de religión por grooming, por hechos ocurridos en el 2018, disparó una ola de denuncias y testimonios de estudiantes sobre situaciones de acoso y abusos en colegios católicos.

A raíz de esta denuncia los compañeros del afectado se solidarizaron y decidieron hacer pública la situación. Los estudiantes crearon un grupo de WhatsApp y distintas cuentas en redes sociales con la función de recolectar testimonios de más estudiantes de la institución para respaldar el reclamo y convocar a una manifestación en las puertas del colegio el día que las autoridades se reunían a discutir el tema. En los días siguientes al escrache público se sumaron nuevas denuncias por parte de estudiantes al mismo docente.

El caso se viralizó a tal punto que a las denuncias en el CEF Quintana se sumaron también las de estudiantes de otros colegios confesionales como Cristo Rey, Guadalupe e incluso estudiantes de CEF de otras provincias.

Las autoridades del colegio emitieron un comunicado informando sobre la renuncia del docente acusado, poniéndose a disposición de las estudiantes y sus familias. Las medidas de "protección" a las víctimas llegan recién después de un escrache público y un escándalo provincial. Anteriormente, otros estudiantes relataron que el modus operandi del colegio con los abusadores es el mismo que el de la Iglesia con los curas pedófilos – se los traslada de una a otra localidad donde continúan abusando de menores impunemente. Un ejemplo es el caso de Sebastián Sotelo, un fraile jujeño acusado por abusos de menores, que fue trasladado a los CEF de Catamarca, Mendoza, Buenos Aires, Córdoba y Santiago del Estero, sucesivamente, cada vez que surgieron rumores sobre su conducta.

En la manifestación, los adolescentes colgaron en la puerta del colegio remeras del uniforme con inscripciones y denunciaron la complicidad y el encubrimiento por parte de las instituciones.

Las y los estudiantes secundarios que protagonizaron la marea verde, impulsados por el ascenso de la lucha del movimiento de mujeres a nivel mundial, decidieron romper el silencio y tomar en sus manos la iniciativa en la lucha por infancias y adolescencias plenas, libres de abusos y violencia.

Para dar otro paso en este sentido es necesario organizar asambleas en cada colegio y lugar de estudio. Para romper con el encubrimiento de las instituciones vamos por comités de lucha, conformados por estudiantes y activistas, que reciban y acompañen las denuncias y establezcan sus reclamos. La lucha por ESI científica y laica es central como herramienta para identificar abusos en niños y adolescentes. En el caso de los colegios católicos, sus autoridades se valen del artículo °5 de la Ley de Educación Sexual para meter contenido oscurantista disfrazado de “Educación Para el Amor” en las currículas.

¡Viva la lucha estudiantil! Basta de abusadores en las aulas.

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