Se murió Diego

Escribe Luis Antón

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Se murió Diego y, así como todos nos acordamos dónde estábamos en el momento en que le hace el segundo gol a los ingleses, nos vamos a acordar siempre dónde recibimos la noticia.

Se murió Diego y el conjunto de los trabajadores de nuestro país lo llora a sabiendas que murió uno de los suyos. No se trata de embellecer a una figura polémica y contradictoria, se trata de la muerte de un hijo de Villa Fiorito que se elevó de la miseria primigenia a lo económicamente más alto sin renegar de sus orígenes. Porque más allá de sus contradicciones Diego siempre estuvo del “lado de acá”: Con Cuba contra el imperialismo, con el sur olvidado de Italia contra el norte explotador y discriminador, con Venezuela contra el imperialismo, con los jugadores contra la FIFA, contra el Vaticano y la hipocresía de sus riquezas.

Los dos goles más emblemáticos de la historia del fútbol argentino, Diego no se los hizo a un equipo de fútbol (la selección de Inglaterra), se los hizo al imperialismo. Así lo sintió el pueblo argentino que todavía se lamía las heridas de la agresión imperialista en Malvinas. Dos goles: uno con la mano para decirnos “el que le roba a un ladrón…” y un segundo, el más grande gol conquistado jamás en un mundial, un gol de una belleza, de una elegancia, exquisita, un gol que le hizo decir a Robson (técnico de Inglaterra en el Mundial ´86) que no iban a protestar el primer gol “…porque el otro vale por dos”.

Se murió Diego, para los que nos criamos en Villa Fiorito se murió uno de los nuestros, el más grande y de los nuestros. El que jugaba en Estrella Roja, en la Cancha de los Paraguayos, el que vivía “del otro lado de la vía”.

Se murió Diego y se va a reavivar la polémica de antaño si era mejor Diego o Pelé. No me interesa esa discusión, pero no lo veo a Diego con una corbata con los colores de la bandera yanqui como la que lució el crack brasileño en el mundial ´94 queriendo que Brasil y los EEUU empaten el partido jugado entre ellos por los octavos de final, lo veo a Diego puteando a la FIFA, negándole el saludo a Blatter. Lo veo a Diego aceptando las disculpas de los hinchas italianos por tener que alentar a su selección.

Se murió Diego y los medios se van a superpoblar de opinadores sobre su “personalidad”, sobre su “conducta enferma y autodestructiva”, de su relación con sus hijos, con la droga, con el poder. A todos les pido que se callen recordándole estos versos de Raúl González Tuñón: “…El pueblo lo lloraba, y cuando el pueblo llora, / que nadie diga nada, porque está todo dicho…”

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