Cifras del Indec que muestran el agotamiento del gobierno de los Fernández

Escribe Marcelo Ramal

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Argentina atraviesa una fuga impresionante de divisas, que desbarata el relato oficial acerca de la tendencia al equilibrio de la economía. Pone de manifiesto, más gravemente, la marcha inexorable a un estallido de las variables económicas, en momentos en que el alza de precios se instala, con comodidad, en alrededor del 4% mensual. Las implicancias políticas de todo esto son clarísimas: en palabras del ministro de Economía, si se arregla con el FMI, o sea se aceptan sus condiciones, “Argentina se transforma en paria” (Página 12, 29/11). Una advertencia a los K de paladar negro que abusan a través de ese diario.

Aunque Argentina goza de una diferencia favorable entre exportaciones e importaciones, del orden 12.000 millones, la caja del Banco Central registra una salida de 17 mil millones, como lo revelan la caída de las reservas en casi 5.000 millones. Si el ajuste brutal que ha sufrido el mercado interno, el conocido dios del kirchnerismo, para reducir en forma drástica la importaciones, no ha servido para restaurar un saldo financiero positivo, o sea un superávit de divisas, esto significa que la política económica oficial se encuentra en bancarrota. Es la única lectura que admiten los datos.

El desbalance obedece a lo siguiente: los exportadores han retenido en el exterior 6.000 millones de dólares, sea por medios ´legales´ como ilegales. Entre los primeros se encuentra la venta a crédito, o el simulacro de ello, lo que hace que el efectivo ingrese a lo largo del tiempo, lo cual equivale a una exportación de capitales. De ese modo especulan, asimismo, con una eventual devaluación del peso. El crédito de los exportadores es financiado por bancos extranjeros y nacionales con cuenta en el exterior, de modo que la devolución del dinero queda radicada en el extranjero. Esta operación de salida de capitales la realiza la burguesía ´mimada´ del gobierno, el complejo agro-exportador, para el cual el gobierno dice estar preparando un plan de fomento ´plurianual´. Estamos ante un caso de socavamiento político de la tropa propia.

Del otro lado de la mesa del comercio exterior, los importadores también exportan divisas, en este caso mediante el adelantamiento del pago de las importaciones, lo que significa que el Banco Central financia a los exportadores extranjeros. El gobierno, por último, sigue pagando los intereses vencidos del préstamo del FMI a Macri, para no alterar, dice, las negociaciones tanto con el Fondo como con el Club de París. Lo mismo hizo cuando ´negociaba´ con los fondos internacionales, pagaba para ver. El graduado en Columbia, Martín Guzmán, y el ex Cavallo, Alberto Fernández, operan como el Caballo de Troya del capital financiero, mientras gastan el castellano asegurando que sus propósitos no son otros que la defensa de los intereses populares. La recontra K que manipula la dirección de Anses, los complementa en este uso singular del lenguaje inclusivo. Y agravando este escenario, los importadores adelantan pagos y compras al exterior, a la cotización actualmente existente. En resumen, entre los cinco mil millones de exportación de capitales mediante la financiación de exportaciones y los dos mil trescientos millones de pago adelantado de las importaciones, se birlaron 7300 millones de reservas internacionales.

Mientras el comercio exterior operaba como vehículo para esta fuga de reservas, el llamado “rubro financiero” fue responsable por la salida de otros 6.000 millones de dólares, donde se incluye el pago de bonos pero también las ´devoluciones de préstamos´. El propio gobierno admitió, recientemente, que las grandes empresas que recibieron el ATP y otros subsidios durante la pandemia, utilizaron los pesos para comprar dólares baratos y cancelar deudas con el exterior. Los ´nac & pop´ confiesan su complicidad con el vaciamiento del país, sin rurborizarse. El gobierno FF le financió la salida de las reservas existentes a la misma clase capitalista que se las arregló para no ingresar al país las nuevas divisas generadas por el comercio exterior.

A este escenario, se suma la salida de recursos para pagar deuda externa, mientras el gobierno negociaba con los acreedores internacionales. Para obtener el préstamo de “facilidades extendidas” del FMI, con el cual espera pagar la deuda contraída por el macrismo con el Fondo, el gobierno ha adelantado, como garantía, una decena de miles de millones de dólares. Bueno, dicen los funcionarios - ¿no es así como funcionan los mercados?

Es muy claro de todo esto que la gran patronal agraria e industrial tiene arreglado con el gobierno una mayor devaluación del peso. - aunque Guzmán asegure que no es necesario, de acuerdo a sus cálculos. Fue él, sin embargo, el que sopló el pito de largada cuando colocó el ´dólar solidario´ un 65% arriba del comercial. La salida de la llamada brecha ya tiene un número hace varios meses. Lavagna acaba de reconocer lo que viene, con su propio lenguaje inclusivo: “una devaluación, que sería una derrota, puede ser inevitable”. De ese modo le muestra la puerta de salida al ´derrotado´ Guzmán, que pagaría políticamente la cuenta del vaciamiento; de nuestra parte agregamos que ello evitaría, al menos por un tiempo, la salida de la propia CFK. La devaluación debería marchar codo a codo con una reforma laboral y otra impositiva – la previsional marcha a velocidad de crucero.

Detrás de ellos, el gran capital quiere que el superávit comercial sirva de garantía a una nueva tentativa de endeudamiento internacional, de la mano de las tasas cercanas a cero y de la recuperación del precio de la soja.

La pulverización del superávit comercial demuele cualquier pretensión de que Argentina se encuentre sometida a la ´restricción externa´, como propagandizan, quienes dicen que las exportaciones son insuficientes para pagar las importaciones. Los números del Indec prueban lo contrario. Ámbito Financiero advierte de otro aspecto de la devaluación – que serviría para subir la cotización de la deuda reestructurada con los grandes fondos, una condición que exige el FMI. Esa deuda, que se arregló con el presupuesto de que pasaría a valer 65/70% de su valor, cuando se encontraba por debajo del 35, sigue en este piso, bloqueando todo el financiamiento del capital privado en Argentina. Una devaluación del peso reduciría aun más el valor del patrimonio de Argentina, que se convertiría en bocado para el capital extranjero. Lo que dificulta toda esta operación no es el gobierno sino la certerza de todos ellos de que precipitaría una rebelión popular. Algo insuperable para gobiernos, como el macrista y el kirchnerista, que no pudieron, el primero, organizar un River-Boca en Argentina, y el segundo, el funeral del pibe más querido.

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