Federalismo, con “F” de FMI

Escribe Marcelo Ramal

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Al disponer un nuevo recorte de los fondos coparticipables de la Ciudad, la mayoría oficialista del Congreso no hizo sino reflotar un viejo recurso empleado por todos los gobiernos de los últimos 40 años: presentar como medidas ´federalistas´ a las reestructuraciones presupuestarias que tienen como beneficiarios a los acreedores internacionales y al gran capital. Así ocurrió con la transferencia de escuelas y hospitales, con la “federalización” de los hidrocarburos e incluso con la propia ´autonomía´ porteña, en los años 90. Ayer, una diputada K, Fernanda Vallejos, deslizó en su discurso que esa autonomía había sido un “error”. Si lo dijo en su carácter de supuesta guardiana del Tesoro nacional, pecó de ignorancia, porque la autonomía implicó el autofinanciamiento de la Capital a costa de impuestazos y de remate de tierras públicas, para liberarle recursos a la caja de Menem y, por lo tanto, a los acreedores del país. El “inspirador” de la autonomía fue Cavallo, pero en aquel momento, el futuro matrimonio presidencial gozaba de la simpatía del ministro de economía de Menem.

La medida adoptada en la madrugada de ayer, nuevamente en nombre del “equilibrio federal”, se inscribe en esa saga. Para usar una frase en boga en estos días: el dinero es “fungible”, y la plata que deja de ingresar a la Ciudad entra en la misma bolsa de los 100.000 millones despojados a los jubilados, el retiro del IFE y la inmensa quita salarial a los estatales. El gobierno está haciendo esfuerzos indecibles para llevar al déficit fiscal por debajo del 3% del PBI, superando las metas presupuestarias iniciales. Espera, de ese modo, adelantar el acuerdo con el FMI, cuando las reservas internacionales se encuentran por debajo de la línea de flotación y la ´esperanza´ de la nueva cosecha se diluye, no por razones climáticas o de precios, sino por la alevosa elusión de divisas que practican los monopolios agroexportadores.

El gobierno nacional sabe muy bien que el recorte de fondos le servirá a Larreta para reforzar el ajuste contra los trabajadores de la Ciudad, lo que ya está sucediendo en la salud y en la docencia. Larreta ha ´cerrado la canilla´, también, de la asistencia alimentaria en los barrios, y prevé una reducción brutal de la obra pública, ello, cuando la prevención frente al Covid exige reformas edilicias urgentes en escuelas y centros de salud. Larreta se escudará en el recorte para empujar otra ronda de remate de tierras públicas en la Ciudad, en este caso, en Costa Salguero y Carrasco.

La guerra a Larreta

La guerra verbal a Larreta, que acompaña este recorte, ha sido protagonizada por Máximo Kirchner. El corazón del cristinismo le ha impuesto a Alberto la dinamitación de los puentes con el macrismo dialoguista. De este modo, y detrás de la ´readecuación de fondos a CABA´, abroquelaron al Frente de Todos, con el conjunto del Pejota y Schiaretti incluidos. Es un cierre de filas por defol, o sea, una ´unidad´ forzada para hacerle frente a la oposición macrista y, sobre todo, a la parte de ella que podría establecer acuerdos con Massa o Alberto Fernández. El escenario de esta fractura con Larreta puede encontrarse también en la cuestión judicial y, más precisamente, en la designación del jefe de los fiscales. AF había sondeado la posibilidad de elegir a Daniel Rafecas -un oficialista moderado con múltiples vínculos con el sionismo- con los votos de los dos tercios del Senado, o sea, a través de un acuerdo con la oposición. De este modo, el encargado de guiar los procesos penales a CFK hubiera gozado de una virtual inmovilidad. El kirchnerismo, en cambio, impuso -por ahora sólo en el Senado-que el procurador fiscal puede elegirse a mayoría simple y con un tiempo limitado de ejercicio. En diputados, sin embargo, el FdT no aseguró aún la mayoría para esta suerte de salvoconducto a Cristina Kirchner. ¿Con Cristina o con Larreta? En torno de estos coletazos, se juega cuál será el régimen politico que va a pilotear los futuros episodios explosivos que augura la crisis economica, el derrumbe social y los arreglos de deuda.

Los mentideros aseguran que este conjunto de maniobras apuntan a “golpear a Larreta como futuro candidato presidencial”, aunque probablemente terminen de consagrarlo como tal. Lo que el kirchnerismo busca es otra cosa: impedir la eventual formación de un bloque político “intermedio”, que una a Larreta-Santilli con la derecha del Frente de Todos.

En cualquier caso, el programa de esta guerra kirchnerista a Larreta es muy claro: el tandem Cristina-Máximo asume para sí la tarea de arreglar con el Fondo y soldar una alianza de fondo con las agrocerealeras, mineras y petroleras que deberían traer los dólares que sirvan de garantía a un nuevo financiamiento internacional. El recorte a la Ciudad se inscribe en ese paquete de garantías. Es cierto que la famosa carta de Cristina había planteado ´un gran acuerdo nacional´. Pero ese consenso no logra, al menos por ahora, incluir a la cuestión judicial. Para ello, los republicanos de JXC deberían poder meter en el paquete a Macri, y a sus chanchullos con el espionaje y el Correo.

Mientras Larreta y Fernández se disputaban los retazos de un país en bancarrota, la clase obrera del cordón cerealero -el corazón de los aliados del gobierno- protagonizaba una huelga contra el cepo salarial. Más temprano que tarde, la clase obrera dará su respuesta a una crisis que, tan sólo por ahora, se presenta como una guerra de rapiña “por arriba”.

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