La izquierda italiana en su estadio final

Escribe Danilo Trotta – Prospettiva Operaia

Breve relato de la extrema unción del 7 de diciembre

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La “Asamblea Nacional Unificada de la Izquierda de Oposición” celebrada el 7 de diciembre en Roma fue probablemente la etapa final de la Izquierda italiana. A la reunión asistieron partidos que participaron en los gobiernos imperialistas por ejemplo Prc (Partido de la refundación comunista) y el Pci (Partido Comunista Italiano) ex Pdci (Partido de los comunistas Italianos), algunos partidos centristas y democratizantes, por ej. Pcl (Partido comunista de los trabajadores), SA (Izquierda Anticapitalista) y una facción que ni siquiera es de la Izquierda ( Democracia Atea). Más allá de las proclamaciones de “un indiscutible éxito” (¿pero, no se debería dejar la autoproclamación a las espaldas? – una mezcolanza de pequeños partidos dio vida- sería mejor decir muerte- a una asamblea en la cual lo único que triunfó fue la ausencia de debate y sobre todo la falta total de una reflexión sobre la crisis capitalista y las consecuencias que dicha crisis tuvo, tiene y tendrá sobre el régimen político. El modo capitalista de producción vive una crisis terminal (inferior solo a la que sufre la Izquierda) y se debate violenta e inútilmente como superarla. La guerra económica es una expresión de ella, un escalón previo a un conflicto armado a escala global. El rasgo distintivo del capitalismo es su tendencia natural a la catástrofe. Para la Izquierda italiana, la cuestión simplemente no existe. Más allá de los distintos orígenes políticos, lo que une a todos los participantes en la asamblea es el silencio total acerca de la catástrofe capitalista y por lo tanto inevitablemente, un análisis impresionista y anti-marxista de la sociedad y la política italiana (y mundial), con el terror de la llegada de la derecha y absolutamente ciegos ante la gran ola revolucionaria que, comenzando por América Latina y el Medio Oriente abarcará a todo el mundo.

En su discurso inicial Ferrando señala que “la derecha está llegando, desgraciadamente, con un efecto avalancha…precisamente porque – nuevamente- existe el compromiso de la izquierda política y sindical con un gobierno patronal” en dirección a la consolidación de “un bloque social reaccionario que amenaza los derechos y las conquistas democráticas”. Al lobo, al lobo. Lo que no se menciona en la intervención de Ferrando ni de ningún otro es que la llegada de la derecha al poder no puede solucionar ningún problema planteado por la crisis mundial y por lo tanto tendría solo e un carácter temporario, episódico e incluso de aceleración de la crisis de régimen. La derecha soberanista no tiene ninguna posibilidad de consolidarse en el poder. La ciénaga en la cual han terminado Trump y Bolsonaro (y antes que ellos Mauricio Macri en Argentina) constituye el testimonio más claro. La burguesía a nivel mundial está empantanada. Ha perdido su iniciativa política y la misma, potencialmente, está en manos de la Izquierda, a condición de que la izquierda tenga vocación de poder y concentre toda su actividad en vista y en perspectiva de la lucha por el gobierno obrero.

La falta de comprensión de la fase histórica en la cual vivimos y la necesidad de mantener las más diversas organizaciones unidas produce confusión acerca de las campañas propuestas y las consignas que deberían animar la iniciativa unitaria. De acuerdo a los organizadores, la unidad de acción de las organizaciones que participaron en la asamblea del 7 de diciembre debería tomar la forma (según los organizadores) de una coordinación de asambleas diseminadas por los territorios y en el desarrollo de algunas campañas que tengan como reivindicaciones principales la reducción de las horas de trabajo, la nacionalización de empresas comenzando por aquellas que despidan trabajadores, contaminen y relocalicen (nunca se ha especificado si bajo el control de los trabajadores). ¿Quién debería realizar esas nacionalizaciones? ¿El estado burgués o el gobierno obrero? Finalmente, declararon que la campaña debería reclamar la cancelación de los decretos jubilatorios, el Acta Fornero (el sistema de jubilaciones vigente), la ruptura de Italia con la OTAN y el retiro de las tropas italianas de los contingentes diseminados en todo el mundo.

Otros participantes que provienen de las más variadas realidades han expuesto sus propios puntos de vista pero sin entrar jamás en un análisis más general de la crisis económica, política y de la Izquierda. Cremaschi del PAP (Poder al pueblo) identificó la causa principal de la desaparición de la izquierda radical en su apoyo a los gobiernos de Prodi, una auto absolución de facto de todas las posiciones asumidas por la Izquierda extra parlamentaria desde 2008 hasta la fecha, comenzando por el electoralismo compulsivo y la negativa a organizar una campaña de agitación en el movimiento obrero, lo cual abrió el camino para el avance del M5S (Movimiento 5 estrellas) y la Liga. A menudo se han hecho referencias al liberalismo como el principal mal de estos tiempos sin darse cuenta que el liberalismo está afectado y hundido por la guerra comercial, con algún parecido nostálgico a la primera república y a la pérdida de la soberanía nacional por culpa de la Unión Europea. Esta opinión fue formulada de una manera más directa por Resurgimiento Socialista, pero elementos similares también fueron incluidos en otras intervenciones. No faltaron alabanzas para Corbyn y su campaña electoral, ni más ni menos que una campaña socialdemócrata clásica que finalizó en el desastre de la semana pasada. En varias ocasiones se realizaron críticas y ataques a los líderes de los sindicatos, con la consiguiente necesidad de una lucha contra las burocracias y una unificación de las luchas incluso entre distintos sindicatos, sin entrar nunca en la una concreta estrategia eficaz para alcanzar ese objetivo, que inevitablemente entraría en conflicto con las posiciones sindicales asumidas en estos años por todas las fuerzas en juego. La deseable unificación de luchas, en realidad, entre militantes combativos de los sindicatos confederados y los sindicatos de base podría significar ya ella misma un ejemplo de lucha en las cúspides sindicales, pero hasta ahora ha sido evitada como la peste, así como cualquier llamado a una huelga general prolongada siguiendo el ejemplo de la clase obrera francesa.

Obviamente, como ocurre en estas asambleas –y como lo dijimos al inicio- no hay lugar para un verdadero debate y cuando falta un análisis sólido y tampoco las reivindicaciones iniciales fundamentales y suficientes desde e las cuales emprender una iniciativa política, se descansa sobre generalidades necesarias para contentar a todos, pero que en realidad es ya un compromiso completamente ineficaz para colocarse como una alternativa real. El programa mínimo que surge de la proclamación de esas campañas es estrecho, solo un ataque cosmético al liberalismo. Se podría esperar, por ejemplo, entre los varios puntos al menos la cancelación del Job Act y de las leyes de precariedad o la restauración de la escala móvil de salarios.

Lo que pensamos es fundamental para los que queremos construir una izquierda revolucionaria es poner en el centro la iniciativa política y en cada lucha el tema de la necesidad de la lucha por el gobierno obrero. En este caso no estuvimos frente a un programa de lucha por el gobierno obrero y en consecuencia, cualquier reivindicación, como la nacionalización o la salida de la OTAN, si continúa huérfana de la cuestión del poder, sigue siendo un grave error y otra ilusión reformista. La única salida posible, más allá de todas las desmentidas, solo puede materializarse en otra carreta electoral fallida – como nos enseña la última experiencia de Poder al pueblo. El único objetivo que, en cambio surge ante los ojos parece ser devolver alguna vitalidad e ilusión a un movimiento de fuerzas ya muy encaminado por la avenida del el ocaso, cuyo terreno político real ha sido totalmente erosionado por los desarrollos de la crisis capitalista de las décadas recientes.

En conclusión, creemos que este camino ha nacido muerto, trayendo consigo todos los errores cometidos por la Izquierda en los últimos años, que la ha relegado a roles marginales, impotente para siquiera influenciar mínimamente la realidad y están desapareciendo de la escena política.

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