Chile: informe sobre las Asambleas Populares

Escribe Javiera Sarraz

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En estos tres meses de lucha, junto a la aparición extendida de organizaciones callejeras de combate, organizaciones de estudiantes, mujeres y medioambientales, y las dos Huelgas Generales impulsadas por los trabajadores, también se han extendido cientos de Asambleas Populares.

En Santiago, el número de miembros que participan en una Asamblea es relativo, puede variar de treinta a cien personas según las demandas y el desarrollo de la conciencia del territorio en particular, y la legitimidad y cualidades organizativas de los miembros que la convocan. Aún con todo, la posición mayoritaria de éstas es repudiar el “Acuerdo por la Paz y una Nueva Constitución” que anunció el Gobierno y la Oposición, y defender la consigna de Asamblea Constituyente Libre y Soberana.

En los barrios proletarios la participación es fundamentalmente juvenil aunque sin exclusión de los más adultos y los ancianos. Los debates pueden estar matizados por concepciones pequeñoburguesas del Poder por influencia de los estudiantes universitarios o profesionales de los sectores menos empobrecidos, como también pueden proponer perspectivas más clasistas en los sectores donde más abunda la miseria.

En todas estas Asambleas pueden llegar a converger organizaciones sociales, partidos progres, restos de partidos revolucionarios, y bases que no están organizadas en otros espacios. O sea, en una misma Asamblea podemos encontrar estudiantes, dueñas de casas, ocupados, desocupados, militantes en ejercicio, y antiguos militantes revolucionarios decentes o en descomposición. Además, a todos estos territorios pueden atravesarlos conflictos con los narcotraficantes, la delincuencia, la contaminación, la miseria y por supuesto, la represión. Por ello, las tareas en torno a las que se organizan pueden variar desde huertos, talleres de serigrafía o muralistas, clubes de fútbol, ferias libres, talleres de autodefensa y ollas comunitarias, hasta comités de vivienda, coordinadoras contra proyectos contaminantes, y cursos de formación política. En lo que coinciden todas es en levantar como primera estructura una comisión de Agitación y Propaganda. Luego, Comisiones de Género y Disidencias que, algunas veces, funcionan como una orgánica distinta a la de la Asamblea. La tendencia actual de las Asambleas Populares, es organizar Coordinadoras entre las comunas más cernas.

El rol que se juegan

Así como el movimiento estudiantil juega un rol dinamizador y el movimiento obrero un rol crucial, las Asambleas Populares pueden cumplir un rol fundamental en la cuestión estratégica de acumular la fuerza suficiente para convocar a una genuina AC con una perspectiva en el Gobierno de los Trabajadores. El movimiento de pobladores, que en Chile tiene una rica y larga trayectoria de las que surgieron órganos como los “Comandos Comunales”, tiene en el actual contexto la posibilidad de mantenerse a la ofensiva más sostenidamente que el movimiento sindical, y con muchas más proyecciones de Poder que el movimiento estudiantil. Esto ocurre porque no hay organizaciones políticas que puedan cooptar tan fácilmente las demandas de los barrios (como ocurre en Argentina), manteniendo generalmente una independencia política y además, porque los sujetos de los territorios pueden avanzar hacia embriones de Poder mucho más complejos, pero siempre y cuando, sus reivindicaciones sean estructurales: la vivienda, la desocupación, los niños, las mujeres, la contaminación y la autodefensa.

Los compañeros chilenos de posiciones revolucionarias que intervienen en Asambleas Populares, deben no sólo discutir la orgánica para la AC que se quiere en el ‘futuro’, sino que también discriminar y avanzar urgentemente en las cuestiones reivindicativas estructurales del presente; porque en el actual contexto, no tiene el mismo valor organizar un taller de huerto autogestionado, que organizar un comité de vivienda que se movilice hacia el ministerio para obligarlo a negociar soluciones, y de paso, golpear al gobierno. Y aclaro esto porque aunque pareciera obvio, las propuestas y la participación de los jóvenes con influencias anarquistas de tendencias liberales -ni anarcocomunistas ni anarcosindicalistas-, tienden a ser expulsivas respecto a otras demandas y otros sujetos que pueden desarrollar un proyecto más clasista.

Siguiendo con el ejemplo de la vivienda, en el curso de su organización los territorios podrían tener la posibilidad de estudiar y discutir concretamente cuál es déficit concreto de viviendas, dónde se podrían construir, qué terrenos y con qué condiciones de habitabilidad se tienen que pelear, qué materiales se deben usar, quienes producen y venden esos materiales, cuántos puestos de trabajos podemos dar durante el periodo de construcción, y qué servicios públicos cercanos necesitaremos. Además, las experiencias anteriores a demandas de ésta envergadura, suelen vincular y generar rápida solidaridad de otros elementos del territorio, como las escuelas, universidades, centros de salud y lugares de trabajo.

Una Asamblea que logre organizar las reivindicaciones estructurales del territorio, podría jugarse poner bajo control popular las cuestiones arrebatas al Estado y en ese curso y en el actual contexto, acumular la experiencia suficiente para dirigir esas reivindicaciones ya no sólo pensando en el barrio, sino que también en una política nacional discutida y votada por las bases.

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