Cumple un año un gobierno ya envejecido

Escribe Marcelo Ramal

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Comenzando por la propia Cristina Fernández, que acaba de mandar su segunda “carta”, el oficialismo echó mano de un recurso previsible para rodear de atenuantes al aniversario de su gobierno: la pandemia. El Frente de Todos sopla la vela en un país con un 50% de pobreza; una caída vertical de los salarios y jubilaciones y una desocupación real del 30 por ciento. Hay que agregar, además, un aumento sensible de la deuda pública y el agotamiento de las reservas del Banco Central, cuando el balance comercial registró, sin embargo, superávit, que llegará a los 20.000 millones de dólares.

El argumento de la pandemia, de todos modos, delata una completa mediocridad política, porque la naturaleza social de la orientación de un Estado se pone de manifiesto principalmente bajo circunstancias extremas.

El Covid era todavía una lejana noticia china cuando el gobierno de los Fernández ya había derogado la movilidad jubilatoria y decretado un ajuste estacional de haberes por debajo de la inflación. El gobierno “celebra” su aniversario del mismo modo como arrancó, o sea, contra los jubilados, votando una ´movilidad´ que desconocerá la inflación en los futuros reajustes, a partir de una jubilación inferior a la canasta de pobreza. La nueva confiscación consolida los ajustes arrebatados por el macrismo en la reforma anterior, y completa una caída de los haberes reales del orden del 30% para los últimos tres años. En un gobierno signado por marchas y contramarchas, discursos y recules, el único “hilo conductor” reconocible es esta agresión jubilatoria, porque es el reclamo fundamental del FMI. Entre un diciembre y otro, además, el fondo de garantía del Anses sirvió para todas las operaciones de rescate del capital, desde la venta a precio de remate de los títulos en dólares en su poder, hasta el financiamiento de los tesoros provinciales. El despojo sistemático del salario diferido de la clase obrera -eso son las jubilaciones- es una señal inconfundible de la orientación anti-obrera de la gestión estatal.

Pandemia

Pero si de pandemia se trata, el gobierno que se jactaba de “priorizar la vida” llega al final del año con más de 40.000 muertos, trepando al 11º lugar en el ranking mundial de casos fatales. La “cuarentena dura” de los primeros días no fue acompañada de testeos masivos ni por la preparación sanitaria necesaria para la emergencia. La política oficial, como ocurrió en todo el mundo, apenas rozó la aminoración de daños, que los infectólogos resumían en el “achatamiento de la curva de contagio”. Sin condiciones para contener al virus, la gestión capitalista de la pandemia apuntaba a ´estirar´ en el tiempo su propagación. Pero las invocaciones a “privilegiar la salud” duraron poco: la gran patronal industrial y comercial impuso la vuelta al trabajo y, con ella, comenzó la escalada de contagiados y muertos. Cuando ese reguero se trasladó al interior del país, el virus puso de manifiesto la realidad lacerante de las carencias hospitalarias, la miseria social, las enfermedades crónicas y la desnutrición en las provincias, disparando para arriba la curva de mortalidad. El famoso “trío del AMBA” -Fernandez, Kicillof, Larreta- tuvo al jefe de gobierno derechista de la Ciudad como inspirador y piloto de la política aperturista. La estadística mentirosa de la “ocupación de camas” -que supuestamente nunca llegó a saturarse- ocultó la verdadera saturación, la de los trabajadores de la salud, que llegaron al límite de sus fuerzas y dejaron la vida de a centenares.

El mentidero oficialista atribuye la bancarrota económica o el agravamiento de la crisis fiscal a la “emergencia del Covid”, sin detenerse en el contenido social de la política con la que el fernandecismo abordó la pandemia. Si los recursos económicos se hubieran destinado a una reconversión industrial en función de las necesidades vitales de las masas y a la preservación de la fuerza de trabajo, la “economía” hubiera sido un pilar de la “salud” – con una enérgica intervención contra el derecho de propiedad de la gran burguesía, bajo un plan único y el control obrero. El derrotero oficial, en cambio, fue destinar el 70% de los 2 billones de pesos de la “emergencia” a diferentes variantes de sostenimiento del capital. Cuando muy tardíamente el gobierno restringió las maniobras especulativas de las corporaciones capitalistas -repatriación de utilidades, cancelación anticipada de deudas- reconoció que les había subsidiado durante meses la compra de dólares baratos. Este socorro parasitario al capital fue financiado con una emisión para nada gratuita: el Banco Central le pagó a los bancos privados intereses extorsivos por absorberla. En otras palabras: los nacionales y populares pagaron un 40% anual la financiación de los subsidios que fueron usados para fugar capitales. Mientras tanto, los médicos y enfermeras reclamaban nombramientos, equipos y mejoras salariales que nunca llegaron – y denuncian que “los médicos de blanco estamos en negro”.

Deuda

En su “carta de balance”, CFK añade otro “atenuante” a la pandemia – el estado de derrumbe general que dejó la gestión macrista. Se trata de otra impostura: todos los esfuerzos de los Fernández se dirigieron a reconstruir los vínculos con los fondos y especuladores internacionales que apadrinaron al tándem Caputo-Macri. Nadie debería olvidar que, en plena pandemia, el gobierno FF colocaba todos sus esfuerzos en resarcir a los Templeton, Pimco, BlackRock y otros, que impusieron casi todas sus prerrogativas. El capital adeudado no ofreció quitas; los intereses “renegociados” triplicaron a los internacionales. El acuerdo leonino apenas le ofreció al gobierno la posibilidad de patear vencimientos de deuda a partir de 2023, plazo que el gobierno ya utilizó con el crecimiento de la deuda local por parte de Guzmán. El gobierno está apelando a un nuevo endeudamiento explosivo, pues es de corto plazo y con títulos dolarizados o indexados. Mientras intenta acelerar un acuerdo con el FMI, los fondos internacionales está advirtiendo contra el default inminente de varias provincias, en primer lugar Buenos Aires, y contra el que han incurrido las grandes compañías, que no consiguen refinanciar la deuda privada externa, de 80 mil millones de dólares. La cotización de mercado de la deuda, 0.33 dólares, muestra que Argentina sigue en default, luego de todas las renegociaciones. Un impasse catastrófico, una de las patas de la crisis política – la otra es la rebelión popular que asoma, por la vivienda, la salud, las jubilaciones, los salarios, los derechos sociales y laborales.

Desintegración política

La caída vertical de los flamantes bonos de la deuda renegociada y la persistencia de la fuga de capitales, ponen de manifiesto la desconfianza vertebral de la gran burguesía y los especuladores internacionales sobre la capacidad de la coalición oficial para encaminar la crisis. El caso más flagrante de esta impotencia es Vicentín, donde el fracaso del intento expropiatorio abre paso a otro fracaso, el de una intervención judicial que no logra frenar el desguace en favor de los acreedores internacionales.

En medio de este escenario, el FdT parece fracturarse en torno de la cuestión judicial contra Cristina Kirchner y su entorno. no ha logrado superar los numerosos juicios en su contra. La Corte ha quedado como árbitro último de un régimen político en disolución, con el agravante de que ella misma está cruzada por las rivalidades de las camarillas capitalistas, aún más que el personal de la política. Esta crisis del Estado se traslada a un aparato de ´seguridad´ también dividido y penetrado por la bancarrota fiscal y la miseria social. El gobierno terminó cediendo sin pena ni gloria ante una rebelión policial. Si algo queda demostrado en este primer aniversario, es que el gobierno del FdT podría convertirse rápidamente en un ‘pato cojo’, como ocurrió con De la Rua, antes o después de las elecciones parlamentarias – que ya muestran su crisis con la disputa por las Paso.

Las masas

El aniversario de los voceros oficiales u opositores no dedicará una línea a cómo vivieron las masas esta crisis de carácter excepcional. No habrá un solo párrafo dirigido a las luchas tenaces de las organizaciones de fábrica en defensa de los protocolos sanitarios; las autoconvocatorias de la salud o las movilizaciones de desocupados. Menos aún a las luchas salariales que empiezan a despuntar ahora, frente a las paritarias ya caducas o a la confiscación del impuesto a las “ganancias” sobre el salario. La pandemia puso de manifiesto una gigantesca crisis de vivienda, que se expresó en centenares de tomas de tierras.

La miserable represión a Guernica unió sin fisuras al Estado detrás de un propósito – en este caso, proteger a los especuladores inmobiliarios. Las luchas que tuvieron lugar bajo el escenario dramático de la pandemia, y que debieron chocar con los aparatos burocráticos sindicales o “sociales”, ocuparán el lugar central, cada vez más, en esta transición política que agoniza.

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