El FMI y un gobierno en default

Escribe Jorge Altamira

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El gobierno ‘nacional y popular’ acaba de anunciar un nuevo canje de deuda en pesos por deuda en dólares, por un monto de u$s750 millones. La operación se hace a “valor técnico”, lo que significa que el estado vende bonos en dólares a 33 centavos por dólar, que es la cotización de momento del mercado. No lo mosquea perder 67 centavos respecto al valor nominal, ni tampoco 20 centavos respecto al valor que quedó establecido en el acuerdo con los acreedores extranjeros y locales. Con una operación similar que hizo hace dos meses, ha dolarizado deuda local por u$s1.500 millones, a un costo de casi mil millones de dólares, según se considere el valor nominal, o trescientos millones, en comparación al valor presente fijado en la reestructuración de la deuda. En caso de que el acreedor conserve los títulos en dólares hasta su vencimiento, obtendría un interés anual del 16%, ocho veces mayor al del mercado internacional, o más del doble del 7% que se pactó con los acreedores internacionales. De acuerdo a la información periodística, los beneficiarios de la operación son los fondos Pimco y Templeton, o sea los principales financistas del macrismo, más una tanda de bonistas ‘nacionales’. El ministro Guzmán rebaja el cálculo de los costos, alegando que los pesos se han canjeado al valor del mercado paralelo de la bolsa ($145), que es un 80% más caro que el oficial ($83). Es lo único que faltaba: si el canje se hubiera hecho entre bonos en pesos al valor del mercado oficial, los bonos en dólares se habrían vendido a 18 centavos, y la tasa de interés anual habría sido del 34 por ciento.

El endeudamiento de los ‘desendeudadores’

Este canje autorizado por ley no es, sin embargo, excepcional, porque el gobierno está vendiendo todo el tiempo bonos en dólares, en poder de Anses y el Banco Central, para contener una devaluación del peso, por montos que se mantienen en secreto. Aumenta de este modo la deuda externa en manos de acreedores privados, a un costo excepcional y a una tasa usuraria. Despilfarra reservas internacionales que escasean. Esta operatoria gravosa financia una corrida cambiaria, con un método ‘sui géneris’, a costa de un mayor endeudamiento y pagando cara la conversión de deudas de corto plazo en plazos mayores. Al lado de la reestructuración de la deuda local y extranjera, se produce otra reestructuración de hecho en el mercado de cambios en forma cotidiana.

La cotización de la deuda es una evidencia de que Argentina continúa en default. La deuda externa de las provincias, unos u$s15 mil millones, aún se encuentra en la etapa de la renegociación – lo mismo ocurre con parte importante de la deuda privada. Los acreedores internacionales, informa el Financial Times, rechazan re-negociar las deudas de las provincias con las mismas cláusulas del acuerdo con el estado nacional: pretenden obtener una cotización de mercado (“valor presente”) del 85%, en lugar del 55% firmado hace dos meses, aunque ahora cotiza al 33 por ciento. De acuerdo al FT los acreedores estarían dispuestos a judicializar la deuda -de siete mil millones de dólares- de la provincia de Buenos Aires.

Como hemos señalado en artículos precedentes, la situación de default explica la distorsión enorme que existe entre el superávit comercial exterior y el casi nulo aumento de las reservas del Banco Central. Los exportadores no repatrian sus ingresos y los importadores expatrian los suyos, por medio de distintos procedimientos. A la luz de esta realidad, la llamada “calma cambiaria” de la que se jacta la prensa oficialista es un dibujo.

Una salida catastrófica al impasse

El rescate del FMI es el último recurso de un gobierno jugado a ‘desendeudar’ la hipoteca que le dejó su pretendido rival, que da las gracias votando todas las leyes que facilitan los enjuagues cambiarios señalados. No alcanza para resolver los apremios de la situación la disposición del gobierno a hacer un ajuste previsional, en el cual está metido el núcleo de lo que las patronales llaman reforma impositiva. En primer lugar porque esa tentativa desatará una lucha popular que ya ha comenzado; incluso porque, en segundo lugar, el ajuste jubilatorio pisotea derechos jurídicamente adquiridos. Uno de los propósitos de las reformas judiciales que circulan en el gobierno es, precisamente, poner fin a los fallos que respaldan los reclamos de los jubilados - porque no alcanza dilatarlos en el tiempo, de uno en uno.

La salida del default plantea un socorro que no podría tener otra forma que el de una bicicleta financiera. El FMI se encuentra en plena campaña a favor de un endeudamiento masivo de todos los estados, como último recurso para hacer frente a la bancarrota mundial acelerada por la pandemia. En el caso de los estados más sólidos, alega que las bajas tasas de interés diluyen en el tiempo la hipoteca de una deuda mayor, incluso cuando ya supera el ciento por ciento del PBI. Para la periferia, el método es recrear la afluencia de capitales financieros, alentados por las diferencias entre las tasas de interés de las métropólis y las mucho más elevadas en los países restantes. Es lo que está ocurriendo, precisamente, en varios países de América Latina, en especial Brasil y México, cuyos déficits fiscales no cesan de crecer.

Las operatorias financieras que realiza Guzmán son, contra su apariencia, puro inmovilismo. El régimen económico y político de Argentina se encuentra en un impasse; la intención del FMI no es encontrar un financiamiento a este impasse sino romper el impasse para reconstruir un financiamiento. Un acuerdo con el FMI, que ponga la última pieza a la ‘calma’ cambiaria y financiera, es un espejismo. Esta ilusión es la que venden los propagandistas de la izquierda nacional (la Cámpora y los Grabois) y la burocracia de los sindicatos para alentar el apoyo político al gobierno y para presentar al acuerdo con el Fondo como una salida. La expresión más clara del enredo político oficial es el apoyo que los senadores del FdT y la Vicepresidenta dan a un acuerdo con el FMI, y al mismo tiempo denuncian la responsabilidad que le cabría en el vaciamiento financiero de los últimos años y el empobrecimiento gigantesco de los trabajadores. Si no advierten, al menos intuyen, que si el Fondo tiene la tijera para cortar el impasse, el gobierno se precipita en una crisis política enorme – en “un año electoral” asediado por las luchas de la clase obrera y los trabajadores.

Método, programa, estrategia

La agitación contra un nuevo pacto colonizador con el FMI no debe ser una cáscara vacía de contenido, ni mucho menos disimular un objetivo electoral, como ha venido ocurriendo invariablemente. El recurso al FMI, que los Fernández plantearon desde las PASO de 2019, es una de las expresiones más poderosas de la crisis del régimen social y político, y de la necesidad de un planteo de poder. Abre un nuevo período histórico de la lucha de clases, con el bagaje de enseñanzas y experiencias y nuevas generaciones de luchadores. El método fundamental en esta lucha son las reivindicaciones apremiantes de las masas, y el señalamiento de que serán realmente arrancadas mediante la acción directa de conjunto, y la conquista del poder político por los trabajadores.

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