A Florencia la mató un agresivo: el Estado

Escribe Silvia Del Plá

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Arancibia, autor material del crimen de Florencia Romano (14 años), había dado sobrados indicios de que un día llegaría a matar.

Acosaba por las redes a mujeres y niñas en forma habitual y reiterada. Había sido incluso denunciado por privación de la libertad, por una novia a la que retuvo en un domicilio durante tres días incomunicada. Y también tenía denuncias por violencia de género y amenazas. Pese a la gravedad de las denuncias, nunca recibió una condena, ni tampoco, pese a su perfil perverso, sometido a ningún tratamiento psiquiátrico.

El sábado se registró un pedido de auxilio al 911, pero no se le dio curso a la intervención policial. La hora coincide con la interrupción en las comunicaciones de Florencia Romano con amigos y familia.

Ni el 911 ni la institución “justicia” respondieron en tiempo y forma. El domingo por la mañana la familia intentó hacer la denuncia, pero no se la tomaron por falta de personal. Recién a la tarde quedaría radicada, y la fiscalía recién el lunes (¡48 horas después!) comienza a rastrear el recorrido de la SUBE, lo que el día martes lleva a ubicar a Florencia en compañía de su victimario, según registraron cámaras de seguridad instaladas en la calle Vázquez, de Maipú, a metros de donde se habría producido el crimen.

No obstante, el jefe de los fiscales habla de lo ´correcto del operativo de búsqueda´ y el jefe de la Policía de Mendoza sale a aconsejar a los padres sobre cómo vigilar a sus hijos... El comisario Munives debería mejor revisar a quiénes pone a la cabeza de sus comisarias, porque tiene en la capital mendocina, un comisario denunciado por violencia de género, y personal femenino subalterno, que ha denunciado a superiores por abusos y violencia de género en la institución. El ejemplo más sonado es el del comisario Marcelo Esquivel, jefe de la departamental Capital.

Mendoza está de luto. Florencia Romano ya no está entre nosotros. Una vida truncada, en la que ya desde la infancia se reflejó la lucha de los más humildes. Desde chiquita, marchando en las filas del Polo Obrero junto a su mamá y su hermano.

Cinco mil personas salieron a las calles en Mendoza capital y en casi todos los departamentos para reclamar justicia.

Hay que terminar con esta barbarie. Y esto no se logra con más penas para los culpables materiales, ni con más “control” sobre los hijos. Pasa por ponerle fin a este sistema descompuesto, que fabrica femicidas por un lado, y le quita expectativas de vida a los jóvenes, llevándolos a conductas evasivas de la realidad oprimente que se les hace vivir.

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