Las patronales tiran lastre: vamos por el triunfo de aceiteros, recibidores y portuarios

Escribe Juan Ferro

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Mientras se esperaba la Nochebuena en los piquetes de todas las cerealeras, la Federación Aceitera mantuvo una dilatada reunión en la que rechazó la primera contrapuesta de las cámaras patronales. Estas ofrecían un aumento del 10% en dos cuotas (6% y 4%), no remunerativo, un bono de fin de año y un bono “pandemia” de $60.000 en cuotas.

Mientras la huelga crece con la incorporación de sindicatos portuarios y se ha transformando en el principal conflicto obrero del año que termina, las patronales volvieron a tirar lastre. La nueva oferta patronal difiere de la anterior en que ofrecen un 35% global para la paritaria que cierra, elevan a $70.000 el llamado ´bono pandemia´ y ofrecen que el bono anual sea el equivalente a un sueldo de la escala inicial.

La nueva oferta patronal recorre el camino de la oferta anterior: es “tirada” a los medios para simular “flexibilidad” de las empresas para destrabar el conflicto y tratando de mostrar que los inflexibles son los trabajadores. La propuesta, claro, le esquiva a la verdadera reivindicación del conflicto.

En la discusión concreta de esta gran huelga, la nueva oferta patronal del 35% global en el año 2020 es mentirosa, pues no se ajusta a la real inflación anual, no establece un básico que coloque a enero del 2021 el salario igual a la canasta familiar -que los aceiteros estipulan en $91.000-, no menciona el pago de los días caídos y, sobre el pago del bono “pandemia”, se coloca por detrás de la patronal de COFCO, que viene pagando $9.000 desde marzo por ese concepto.

Viendo detenidamente el acta paritaria de mayo pasado, se aprecia que la cuestión del básico inicial para los aceiteros es una cuestión clave por varias razones. La primera es que ellos obtienen un 20% del básico por un premio de “productividad” que es, en realidad, la suma de las horas trabajadas. En segundo lugar, tienen atado al básico de cada categoría un 13% de presentismo; y en tercer lugar, han logrado que sobre cada categoría se aplique el 1,2% en concepto de antigüedad.

Todo premio que no esté atado al básico incide fuertemente en lo que percibe cada aceitero, por eso la fuerza del conflicto reside en ese reclamo particular. No hay que olvidar que cada aceitero sufre un fuerte recorte anual porque son alcanzados por el impuesto a las “ganancias”. La realidad es que los llamados “premios anuales” se los come el Estado.

Las grandes cerealeras están en perfectas condiciones de pagar lo que reclaman los aceiteros. Han ganado más con el aumento del 70% del precio de la soja que con cualquier devaluación, y han impuesto un diferencial a favor de ellas, entre las retenciones a la materia prima y el producto elaborado que exportan; concientes de todo ello, los trabajadores defienden su reclamo con la huelga.

El conflicto ha dejado expuesto de qué lado se encuentra el gobierno ´nacional y popular´. El Ministerio de Trabajo ha homologado, en el ciento por ciento de los casos, los pagos en cuotas, los salarios ultra diferidos y las cláusulas no remunerativas, que eximen a las patronales de las contribuciones previsionales y de salud.

La huelga pone de manifiesto que el corazón de los reclamos salariales de la clase obrera es defender un salario básico igual al costo de la canasta familiar.

Llamamos a extender los piquetes en la semana de fin de año y a organizar una huelga general de todo el Cordón, resuelta en asambleas, plenarios y congresos de los sindicatos de toda la región.

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