La AFL-CIO frena la huelga general contra Trump

Escribe Emiliano Monge

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La semanada pasada, la AFL-CIO (federación laboral de más de 50 sindicatos que representan a 12,5 millones de trabajadores) pidió la renuncia o destitución del presidente Donald Trump, luego de la asonada golpista en el Capitolio. El impecahment había sido solicitado por Nanci Pelosi, presidenta demócrata de la cámara de representantes.

La AFL-CIO dijo que el “intento de golpe” fue un “asalto a la democracia” y atacó al “colegio electoral” (6/1). “Si los trabajadores en huelga irrumpieran en el Capitolio, los equipos tácticos se habrían desplegado en segundos. Y si la gente de color hubiera cruzado las barricadas, habría seguido una masacre” reconoció Richard Trumka, dirigente de la AFL-CIO (12/1). “La junta general de la AFL-CIO pidió al presidente Trump que renuncie o sea destituido de su cargo” (ídem).

Sin embargo, esta semana la convocatoria de la seccional de Vermont de la AFL-CIO a la huelga general, para derrotar los intentos golpistas de cara al traspaso de mando presidencial, fue rechazada por Trumka debido a temas “estatutarios” (una seccional no puede votar una huelga general). Trumka forma parte de los Grupos de la Industria del Gran Renacimiento Económico Estadounidense de la Casa Blanca, que se anunció en abril para subsidiar a los grandes capitales durante la pandemia. También respaldó el acuerdo comercial con México y Canadá (The Hill, 8/1).

Movilizaciones

En el proceso de rebelión popular antirracista del año pasado, sumado a la crisis sanitaria y el proceso de huelgas salvajes en diferentes lugares de trabajo del país, muchos sindicatos avizoraron la perspectiva de convocar a una huelga general para echar a Trump: “En octubre pasado, varios sindicatos y federaciones sindicales, que representan a más de 600.000 sindicalistas, convocaron a una huelga general si Trump no respetaba la transferencia pacífica del poder” (paydayreport, 8/1).

Antes, los trabajadores portuarios de ambas costas pararon y se movilizaron en protesta contra el estado racista y policial, un hecho histórico en la historia reciente del país. Como así las acciones de solidaridad de choferes de micros de diferentes ciudades que se negaron a las exigencias de las policías y los servicios de seguridad estatales para transportar a los detenidos por las protestas tras el asesinato de George Floyd.

En el movimiento obrero, la crisis posterior a las elecciones y la posibilidad de l acciones golpistas de parte Trump no pasaron desapercibidas: “A fines de noviembre del año pasado, mientras Trump continuaba impugnando la votación, la AFL-CIO de Vermont se preparó para aprobar una resolución que pedía una huelga general. Luego, Trumka envió un correo electrónico a Vermont AFL-CIO instruyendo a la federación laboral que no aprobara la Huelga General” (ídem).

Tras los acontecimientos del Capitolio, la AFL-CIO de Vermont repitió el llamado a una huelga general. “Simplemente afirmamos que la sangre derramada por nuestros antepasados de ​​Green Mountain Boy (milicia patriótica del siglo XVIII), por los que dieron todo combatiendo la esclavitud en la Guerra Civil, por los que murieron en las playas de Normandía luchando contra la Alemania nazi, y los que se enfrentaron a los carros hidrantes y los perros de ataque durante el Movimiento de Derechos Civiles deben ser honrados por el acto honesto de hacer todo lo que sea necesario para defender los derechos democráticos que sus sacrificios hicieron posibles” (8/1).

La junta de la AFL-CIO, aunque reconoce que se produjo un golpe, al que denomina un “asunto delicado” (The Hill, 8/1), respondió que “Según la Regla 19 de las Reglas que gobiernan los Organismos Centrales Estatales de la AFL-CIO, 'Ningún organismo central estatal tendrá la autoridad o poder para ordenar a un sindicato local u otra organización que haga huelga o vote por la huelga'. no puede realizar una votación para autorizar ninguna huelga y, por lo tanto, ningún debate es pertinente en su convención” (PaydayReport).

Huelgas de bases

El sitio PaydayReport registró desde su base de datos más de 1.100 huelgas salvajes que ocurrieron desde principios de marzo. Entre el 1 de marzo y el 31 de mayo, registran más de 260 huelgas. Desde el 1 de junio, se han registrado más de 600 huelgas adicionales en poco más de dos semanas.

Estas huelgas, por condiciones laborales inseguras, se están intensificando. En Peoria, Arizona, cientos de maestros participaron en una huelga “por enfermedad”, para protestar contra el Distrito Escolar Unificado, 13 escuelas cerraron. Los maestros han expresado su preocupación por la decisión del distrito de reanudar la presencialidad. “Con suerte, esto envía un mensaje de que debemos ser escuchados. Si no, tendremos que volver a hacerlo”, dijo la Asociación de Educación de Peoria en un comunicado (abc15, 11/1). En Cicero, Illinois, en los suburbios de Chicago, los maestros también se niegan a trabajar en las aulas (WGN, 11/1).

Las enfermeras del Centro Médico Kapiolani para Mujeres y Niños votaron a favor de la huelga esta semana (más del 93%). En Massachusetts, casi 600 enfermeras se sindicalizaron y salieron a protestas por la inseguridad en su lugar de trabajo. 21 enfermeras diferentes dieron positivo por COVID-19 mientras trabajaban allí. Un estudio del MIT muestra que más de 60 millones de estadounidenses se unirían a un sindicato hoy si pudieranhacerlo. Las enfermeras dicen que la escasez de personal combinada con el aumento de nuevos casos causados ​​por la pandemia ha llevado a condiciones inseguras allí. “Casi nos hemos quedado dormidos conduciendo a casa” (Milford Daily News).

La deliberación por la huelga general está presente en el movimiento obrero, como así las huelgas frente a la continuidad de la crisis sanitaria y la pandemia, que ya mató más de 325.000 personas.

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