La izquierda acerca del golpe en Estados Unidos

Escriben Ana Belinco y Emiliano Monge

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El PTS y la Fracción Trotskista (FT-CI) rechazan que haya habido un intento de golpe de Estado del presidente Trump del pasado 6 de enero, cuando una turba fascista ingresó al Capitolio para impedir que el Senado certifique la victoria electoral de Biden.

En esta misma línea, Jimena Vergara, sostiene en el diario digital Lef Voice que ¨El asalto al Capitolio no fue una insurrección o un golpe de Estado como insinúa (sic) la prensa burguesa, pero sí muestra a una extrema derecha que, lejos de aceptar la derrota después del 3 de noviembre, se ha envalentonado durante la transición¨. El “envalentonamiento” no es una categoría política, y es el sucedáneo del que se vale la columnista para eludir una caracterización del episodio extraordinario que fue el asalto al Capitolio. En la misma línea de bajarle el precio a la tentativa de golpe derechista, Scott Cooper, sostuvo: ¨Los eventos en el Capitolio el miércoles pasado fortalecieron al gobierno entrante de Biden / Harris al crear la unidad burguesa, desde la prensa liberal hasta el Pentágono e incluyendo los partidos gemelos del capitalismo, en respuesta a la amenaza "trumpista" y la "defensa de la democracia". No es casualidad que los grandes periódicos capitalistas, incluidos el New York Times y el Washington Post, utilicen la retórica del "intento de golpe", la "insurrección" y la "sedición" para describir lo sucedido. Lo hacen al servicio de fortalecer el frente burgués contra la inestabilidad —encarnado en Trump y sus más fervientes seguidores— y para darle la mayor legitimidad posible a la nueva administración. ¨ El razonamiento es curioso: si la prensa liberal se sirve de la tentativa golpista para caucionar a Biden, pues entonces, neguemos la tentativa golpista. Biden sube al gobierno debilitado, no fortalecido, por los 74 millones de votos que obtuvo Trump, y por la vulnerabilidad que exhibieron los servicios de seguridad, cuando no la complicidad con estos hechos – ni qué decir de las vacilaciones políticas con que ha sido enfrentado este conato golpista.

Para el PTS y Left Voice, caracterizar como golpe el asalto al Capitolio, por orientación de Trump, sería un “ardid” de sus rivales, pero esto no resuelve si fue un golpe o, por el contrario, de nuevo, “un envalentonamiento”, sin decir que fue amparado desde el poder y desde la Seguridad del Capitolio. El método de caracterizar un acontecimiento a partir del juicio que emiten las partes en pugna, revela una falta de criterio propio. “Envalentonamiento” o “expresión de la inestabilidad”, son palabras vacías de contenido y un ejercicio de diletantes. Usando la metodología del PTS, si los diarios dicen que es un golpe para servir a Biden, podríamos decir que el PTS dice lo contrario, como lo hace Trump, “al servicio” de no ponerle el pecho de la lucha al golpe y al fascismo. Es cierto que hay golpes y golpes; la historia y la derecha son muy creativos en este punto. El golpe del 6 de enero fue perpetrado por una parte del aparato del estado y la movilización de milicias supremacistas. Al igual que los ultraizquierdistas en general, el PTS se abstiene de intervenir en un conflicto político de alcances estratégicos para todas las clases sociales.

Pasividad política

El PTS sostiene que se ha soldado una unidad de todo el establishment -republicanos, demócratas y hasta el ejército-contra Trump, y que “Biden es el hombre para ese trabajo. Tiene la experiencia y las conexiones para formar un equipo”. Estamos ante un certificado de “expertise” extendido por la oficina de Recursos Humanos de un grupo trotskista. La capacidad para el ridículo no tiene límites. Demócratas y Republicanos solamente se han unido para evitar la destitución de Trump, no para oponerse a él, que ya fue derrotado en una elección nacional. Los bloques republicanos en el Congreso, encabezados por el vicepresidente Pence, se opusieron a aplicar la enmienda 25, que permitía echar a Trump de inmediato. Los secuaces norteamericanos del PTS serán mucho “Left Voice”, pero la caracterización de la crisis en Estados Unidos fue escrita en Balvanera. De acuerdo al último informe del FBI, los ‘insurrectos’ planeaban secuestrar y matar legisladores - ¿será para visibilizar la ‘inestabilidad’ en USA?

Esta posición abstencionista se identifica con el inmovilismo político – precisamente lo que Biden necesita en los movimientos de lucha en EEUU. No ocupemos la calle que le hacemos el juego a Biden. La AFL-CIO de Vermont planteó una huelga general contra el asalto trumpista: ¿la apoyamos o decimos que es funcional a Biden? En este sentido, el artículo de Madeleine Freeman, en Izquierda Diario–“¿El impeachment de Trump enfrenta realmente a la derecha?” –es todavía más elocuente que los anteriores. Freeman critica a distintas ONG y “sectores” de los socialistas democráticos por impulsar el impeachment a Trump en el Congreso. Denuncia al impeachment como “movida del Partido Demócrata para sembrar la ilusión de que está enfrentando a la derecha”. Perfecto. ¿Pero cómo desafía Madeleine esa maniobra? ¿Qué sería real y no ilusorio en la lucha para echar a Trump? Primero, plantear que hay que echarlo, lo que el PTS se cuida no hacer; segundo, llamando a ir a la calle y a la huelga, lo que tampoco promueve. El enfrentamiento con las ONG es una cháchara distraccionista, porque el PTS coincide con ellas en no hacer nada. En lugar de luchar contra el golpe, el PTS ‘lucha’ contra los demócratas liberales.

En lugar del ‘impeachement’ (“una movida burguesa”), el PTS convoca a prepararnos para enfrentar los próximos cuatro años de una administración que tiene el completo apoyo del establishment político y el gran capital”. Hoy no se fía, mañana sí. Pero si Biden descuenta que gozará de ese total apoyo, lo que ofrece el PTS es propagandismo. La burguesía no le firma un cheque de apoyo a ningún gobierno – es lo que el PTS no entiende. Con una deuda pública del 140% del PBI y un endeudamiento general del 500%, la misma burguesía reclama un apoyo cuya consistencia desconoce. La fobia anti-catastrofista del PTS lo lleva a pronosticar lo que nadie se atreve a hacer: cuatro años de gobierno sin fisuras de parte de Biden. El asalto miliciano al Parlamento, bajo el comando de Trump, no tiene para el PTS entidad política – es una serie ‘horror’ de Netflix.

Historia

La pasividad política frente a una crisis, por cierto, excede a una caracterización circunstancial. Admitamos por un momento que lo de Trump sólo se tratara de un “envalentonamiento”. ¿No merece un llamado a la huelga general siquiera en términos de advertencia definitiva a los fascistas? Cuando detienen a un compañero todos salimos a la calle por su libertad, sin que el atropello haya sido un golpe de estado. El PTS no aplica esta regla al asalto al Capitolio: lo ve como una trifulca entre dos barras, casi un tema para la justicia convencional.

Las caracterizaciones políticas del PTS se acomodan al molde del conservadurismo, y no al revés. La historia de la negación de las crisis políticas y golpes militares es muy extensa. El PTS diluyó la destitución de Dilma Rousseff en un “golpe parlamentario”, o sea una votación extrema. Las fuerzas armadas, sin embargo, estaban operando ferozmente para consumar la destitución de Rousseff. Tampoco fue un golpe –apenas una “asonada”- la conspiración política que derribó a Evo Morales en Bolivia. En otro plano, a la lucha para terminar con Macri le opusieron la lucha (futura también) contra el “Biden” argentino: “preparémonos para los próximos 2 años”, o sea, para las elecciones de 2019, donde el FIT retrocedió a pesar de sumar al MST.

Esta política democratizante – un término que se aplica como nunca- la inventó el morenismo, que caracterizó al golpe videliano como “la dictadura más democrática de América Latina” (La Yesca, 1º de abril de 1976). El “caos” isabeliano no podía proseguir, las FFAA ponen orden y vamos a nuevas elecciones. Otra vez, una crisis de instituciones o de representación. En el caso de los carapintadas contra Alfonsín, Izquierda Unida (PC-MAS) reconoció el golpe, para sumarse al apoyo a Alfonsín y la obediencia debida.

En efecto, y volviendo a la crisis en Estados Unidos: para el PTS, es la expresión de una ¨crisis del bipartidismo¨ - una ¨crisis de las instituciones¨. En un video titulado ¿Qué hay detrás del ataque al Capitolio? Jimena Vergara sostiene que el evento es ¨...sólo un síntoma de la crisis orgánica del régimen estadounidense. (…) Una gran crisis de representación política donde las pasiones, las aspiraciones y reivindicaciones de las masas ya no caben dentro del corset de los dos partidos del capital imperialista como lo evidencia la existencia del trumpismo por derecha y del sanderismo por izquierda. Una crisis de las instituciones del Estado imperialista como la policía, el colegio electoral y la Corte suprema...un odio cada vez más creciente a Wall street y los “súper ricos” ...¨. Los socialistas, nos apresuramos a decirlo, no pretendemos institucionalizar pasiones y aspiraciones, sino darle libre curso a las masas para que las realicen como mejor entiendan. “Donde la libertad de cada uno sea la medida de la libertad de todos”.

La caracterización de esta fractura vertebral del Estado como “crisis de representación” es un llamado a superar la crisis dentro de los términos del régimen social y político imperante. El electoralismo, en definitiva, penetra por todos los poros de la fracción internacional del PTS. La mentada “crisis orgánica” es una forma de transformar a la declinación capitalista en una letanía, cuando ella sólo puede tener lugar en medio de convulsiones, derrumbes y desequilibrios más graves que los precedentes. La crisis orgánica –y la “declinación secular” que ha descubierto el aparato del PO para Argentina- es, en definitiva, una forma de equilibrio, apenas interrumpido por alteraciones “institucionales”. El socialismo bersteniano del siglo XIX ha encontrado, un siglo y medio después, una versión degradada y anacrónica. Es que Berstein propugnaba un progreso pacífico cuando el capitalismo asistía al punto más alto de su desarrollo y articulación. El PTS, y sus más recientes seguidores, se aferran a la normalidad política, cuando el intento de golpe derechista de Trump es un salto de la polarización política y social internacional.

Digamos, finalmente, que el aparato del PO ha redactado una versión vergonzante de toda esta vocinglería de LID y el PTS. Un artículo firmado por Heller-Kane dice que “el intento de golpe fascista de Trump será usado por el gobierno de Biden “como una amenaza permanente contra los trabajadores”. El mencionado Kane, autor solitario de un patético intento de “impeachment” contra María Eugenia Vidal, da un paso que el PTS evita, que es igualar al liberal Biden con el fascistoide Trump, un artificio que usó el stalinismo, en su oportunidad, para asimilar a la socialdemocracia alemana con el nazismo. El aparato hace referencia al golpe sólo ocho días después del asalto al Congreso, para presentarlo como funcional…a Biden, no como un ataque a los derechos democráticos, lo cual explica que se quede en el comentario y no señale la necesidad de una respuesta combativa (esto en un grupo que se auto-proclama “de combate”). A partir de allí, la nota da por concluido el episodio del Capitolio y se concentra en el “bloque de austeridad bipartidario” que llevará adelante los ajustes de los próximos 4 años…sin la menor mención a la movilización contra el golpismo. Lejos de la armonía que el aparato traza del frente que apoya a Biden, como lo hace el PTS, el presidente electo ha anunciado que aumentará de inmediato el salario mínimo de siete a quince dólares, bajo la presión de las luchas y huelgas que recorren a Estados Unidos.

El aparato bate el parche de “desarrollar una fuerza poderosa de la clase obrera”, como si esto fuera posible sin militar contra el golpe: la investigación independiente de ese golpe, el arresto y condena de Trump, el desarme de las milicias supremacistas. Al igual que el PTS, el aparato del PO ve en el asalto al Capitolio un factor de estabilización política –o sea, la coartada para la “unidad nacional” con Biden. Pero esa ‘unidad nacional’ apunta a continuar gran parte de la política de Trump, como la guerra económica y política contra China, que tampoco inició Trump sino Obama.

El golpismo norteamericano es el debut, no la clausura, de un período de crisis políticas más acentuado, cuyo telón de fondo es el impasse en que ha entrado el imperialismo norteamericano, y cuya consecuencia histórica más importante es la preparación económica, política y militar de la guerra en gran escala La descomposición del bipartidismo es contradictoria con la ‘unidad’ que aseguran tirios y troyanos – lo que emerge ahora es una hipotética escisión del partido republicano. Esta perspectiva acentúa en lo inmediato la crisis de régimen político, no la estabilidad que advierten y pregonan los democratizantes de la izquierda (no así los democratizantes del gran capital).

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