Entre “diálogo y diálogo”, la liquidación del salario

Escribe Marcelo Ramal

Miserias y verdades de la “concertación” oficial

Tiempo de lectura: 3 minutos

Entre la transitoria reducción del impuesto al salario, de un lado, y la “ronda de reuniones” con los sindicatos, del otro, el gobierno pretende montar una cortina de humo sobre una realidad inocultable: el sistema liquidación del salario de los trabajadores, que lleva tres años ininterrumpidos de caída.

Cuando anunció el proyecto relativo al impuesto a las ganancias, el gobierno difundió un conjunto de informaciones sobre la estructura salarial que deben ser analizadas con cuidado. Se señala que el impuesto a las ganancias está gravando al 25% de los trabajadores –esto es, a 2.3 millones sobre una fuerza laboral registrada de 9.2 millones. En efecto: si el actual impuesto grava a los que ganan desde 75.000 pesos netos –si son solteros-y 100.000 si son casados; y si se asume que la canasta familiar real orilla este último valor, entonces sólo la cuarta parte de la fuerza laboral percibe el salario necesario para reponer integralmente sus medios de vida (alimentos, vivienda, salud, crianza y educación de los hijos). Este dato, sin embargo, embellece la realidad, pues una parte de ese 25% gravado no pertenece a la clase obrera, y representa a gerentes, directores y otros “asalariados” cuyos ingresos son acrecentados por tareas de supervisión o control a cuenta de la patronal.

Pobreza

Pero una parte importante de ese 75% de asalariados que no llega a la canasta familiar…tampoco alcanza la línea de pobreza. Ocurre que la canasta básica total –la que establece la línea de pobreza, y que cubre necesidades inferiores a la de la canasta familiar- llegó en diciembre pasado a 54.200$. Mientras tanto, el ingreso promedio de los trabajadores registrados alcanzaba los 57.700$ -apenas 3.000$ por encima de la “línea”- para esa misma fecha. Pero en términos del número de trabajadores, hay que agregar otro dato: la mitad de ellos percibe un salario neto inferior a los 44.800$ (ver https://www.argentina.gob.ar/trabajo). Todos estos datos corresponden al empleo registrado o en blanco: cuando se incorporan al total los trabajadores en negro, se puede entender perfectamente porqué la pobreza en Argentina abarca ya al 50% de la población.

En síntesis: la reducción del impuesto a las ganancias afectará positivamente a una proporción no mayor al 13% de la fuerza de trabajo registrada, una parte de la cual –y sólo por unos meses- llegaría a percibir un salario igual a la canasta familiar. Luego, el impacto del impuesto será devorado por la inflación, de un lado, y por los propios aumentos paritarios, del otro, ya que “reinstalarán” a los beneficiarios por arriba del mínimo no imponible en cuestión de meses.

Mientras tanto, el 87% de los trabajadores no ganan la canasta familiar, y el 60% de los mismos no alcanzan la línea de pobreza. La destrucción del salario en la Argentina ha seguido un rumbo implacable. La “mesa de concertación” que el gobierno arma en estas horas no tiene otro propósito que consolidar ese rumbo, con palabras, maniobras y el concurso de la burocracia sindical. El gobierno ha manifestado el propósito de que los aumentos equiparen o superen levemente a la “inflación presupuestada”, o sea, al 29%. Pero las proyecciones inflacionarias del año apuntan al 50% e incluso más para el caso de los alimentos. En estas condiciones, hasta los compromisos de “revisión” de los acuerdos hacia finales del año son un fraude, pues las cláusulas de ajuste operan sobre una inflación que ya se ha devorado durante meses la capacidad de compra del salario.

“Mesa del hambre”

Es significativo que la única conclusión a la cual pareciera llegar la concertación oficial es la de constituir una “mesa de hambre”, es decir, un dispositivo asistencial de alimentos para una clase obrera que –incluso ocupada- no puede cubrir sus necesidades más elementales. La pulverización del salario por debajo del sostenimiento material de los trabajadores es otra demostración de la inviabilidad del orden social existente, pues la incapacidad del régimen explotador de “sostener a los explotados” ya no sólo afecta al trabajador desocupado, sino incluso al que vive de un salario. Los alimentos “cuidados”, a esta altura, son otro subsidio a una clase patronal que está pagando el salario mínimo más bajo de América Latina, medido en dólares. Los abanderados de la “mesa de los argentinos” están dejando la mesa vacía.

Es urgente discutir la situación salarial en asambleas, autoconvocatorias y plenarios: paritarias sin techo, con delegados electos; indexación mensual del salario; salario igual a la canasta familiar, hoy en 100.000$. Aumento de emergencia frente a la inflación galopante del último trimestre. Apertura de los libros de los monopolios alimenticios y comerciales.

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