Vacunación masiva de docentes en la provincia de Buenos Aires: el giro de Kicillof

Escribe Mariano Hermida

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En las últimas horas, el gobierno bonaerense ha comenzado a notificar a los docentes los turnos para ser vacunados. En cada centro de vacunación, por jornada, son inoculados entre 400 y 500 docentes. Es un triunfo de la docencia y la demostración del acierto de quienes impulsamos la lucha contra la presencialidad. Los "protocolos seguros" mostraron ser cáscara vacía.

En “un año electoral”, el kirchnerismo ha optado por evitar lo que ocurre en Europa, donde la apertura escolar se ha convertido en irradiadora de infecciones de niños y mayores y una suba de la mortalidad. Lo mismo ocurre en Brasil. En la propia Argentina las consecuencias letales de la "apertura" no demoraron en hacerse ver, cuando el verano no ha concluido. En Jujuy fallecieron dos compañeras y se produjo un cierre de escuelas en municipios enteros; en Córdoba -veinte escuelas cerradas- y en el ámbito metropolitano -casi 500 contagios. Hubo huelgas de 48 y 72 horas en 16 provincias, conjugando los reclamos sanitarios con los salariales.

Luego de anunciar que “el regreso a clases no está supeditado a la vacunación” (Página/12, 29/1), Kicillof ha dado un viraje parcial, pues las escuelas siguen abiertas cuando la vacunación no ha concluido ni en la primera dosis. Las denuncias cotidianas crecientes acerca de vacunados VIP, ha forzado a Kicillof a este volantazo de alcance todavía incierto. La escasa cantidad de vacunas, las demoras en la distribución, la necesidad de atender al conjunto del personal de salud y el elevado número de personas de grupos de riesgo sin vacunar, ponen en duda la capacidad para llevar hasta el final, en tiempo breve, la vacunación que se ha dispuesto. Kicillof busca con este "gesto" tramitar la paritaria provincial sin tener que enfrentar un gran conflicto.

La noticia de la vacunación fue intempestiva. Corrió como reguero de pólvora por los grupos de WhatsApp y está siendo recibida con alivio y alegría por parte de los trabajadores de la educación. Existe una presión enorme de parte de directivos e inspectores para que se desarrollen las clases presenciales a toda costa. Muchos compañeros planteaban renunciar a sus horas, para poder preservar su salud y la de sus familias. La docencia bonaerense, en estos momentos, está concurriendo masivamente a los centros de vacunación. El ambiente es festivo. Se sacan fotos con los trabajadores de la salud.

El giro no se limita a la provincia de Buenos Aires. En Mendoza, la vacunación en masa de los docentes comenzará mañana. Es una de las provincias con peor registro de vacunación en el país. En Santa Fe, ya comenzó – el gobernador anunció que “los docentes serán vacunados antes del inicio de las clases”, prevista para el 17 de marzo (Radio Eme, 4/3). En Rosario, “se inoculaba a unos 100 maestros por hora” (Télam, 3/3). En Catamarca, la ministra de Salud se apresuró a señalar que la tercera parte de las 10.000 vacunas que llegarán a la provincia serán destinadas a la docencia. En Capital Federal, en cambio, Larreta declaró repetidas veces que la presencialidad y la vacunación eran asuntos separados. Pese a que estaba estipulado que 33 mil de las vacunas recibidas serían aplicadas a los docentes, el ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, anunció que la partida no se destinaría "por ahora a los trabajadores docentes" (Página/12, 4/3). Clarín, advertido de la inminencia de una crisis, reclama que el Gobierno de la Ciudad compre una partida de vacunas con fondos propios para inmunizar a los docentes.

Desde nuestra Tendencia hemos señalado desde el primer momento que nos oponíamos a la presencialidad en pandemia sin vacunas. Denunciamos que no existe “regreso seguro”, ni protocolo que “inmunice” a trabajadores y estudiantes. Esto quedó plasmado en los mandatos de escuelas y mociones que presentamos, en minoría frente a otras corrientes, tanto la Celeste de Baradel como la fracción dirigente de la Multicolor, en las asambleas y plenarios de delegados. El acierto de nuestro planteo, que fuera tachado de descabellado y delirante, es manifiesto. El desacierto de quienes impulsaban el planteo, que defendían como realista, de convivir en las aulas con el virus, o en su defecto abrir el espacio de los clubes, es contundente.

Desde el punto de vista político, la orientación del "protocolo seguro" no era más que una adaptación a los hechos consumados y a la presión pública de las entidades patronales y el clero, recogida por la burocracia sindical kirchnerista y no kirchnerista. Quienes difamaban nuestra posición llegaron a sostener que no podíamos exigir la vacunación para los docentes “porque el resto de los trabajadores ya van a trabajar sin estar vacunados”.

El giro de Kicillof no significa, sin embargo, un abandono de la exigencia de presencialidad sin vacuna, porque, repetimos, la vacunación se encuentra en crisis; porque son necesarias dos dosis; porque la inmunidad no es inmediata; porque las variaciones del virus han creado nuevos problemas. Esta victoria no pone fin a una presencialidad que sigue siendo un atentado a la salud y la vida.

La lucha continúa. Llamamos a los activistas que han estado luchando contra la presencialidad criminal a organizarnos sobre esta base política.

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