El "Plan de Emergencia" en emergencia

Escribe Marcelo Ramal

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A esta altura, es claro que detrás de la crisis de deuda de la provincia de Buenos Aires emerge la cuestión de la deuda en su conjunto, así como la precariedad de todo el “plan de emergencia” puesto en marcha hace tan sólo un mes y medio. La caída de los bonos de deuda; de las acciones argentinas en las bolsas locales y extranjeras, de un lado, y la disparada de las cotizaciones del dólar, del otro, dan cuenta de la situación de cesación de pagos de Argentina y, sobre todo, del ‘golpe de mercado con que pretenden imponerse los fondos acreedores. La exigencia de que los Fernández “ofrezca(n) un plan económico” (La Nación, 25.1), no es más que una operación política para devolverle la batuta de cualquier acuerdo al FMI.

Con relación al “plan económico integral”, varios opinadores le han recordado al gobierno que aún “no tiene presupuesto 2020”, mientras convoca a sesiones extraordinarias para que el Congreso vote el respaldo a una ley de “apoyo a las negociaciones”, cuyos términos se desconocen. La mirada sobre las cuentas fiscales es un llamado indisimulado a la intervención del FMI. Significativamente, un amigo del gobierno, Joseph Stiglitz, advertía en Davos que ´la quita de deuda a los bonistas será importante´ -un planteo apoyado por el Fondo Monetario, que de ese modo quiere entrometerse en las negociaciones en calidad de mediador equidistante. El gobierno no podrá extender más allá de marzo el plazo de pago de los vencimientos, teniendo en cuenta que los del segundo trimestre son impagables. La crisis bonaerense, por lo tanto, ha anticipado el choque de contradicciones planteadas por la cesación de pagos de Argentina.

Fernandez (y Kicillof) peregrinaron en Jerusalen el favor de los jefes imperialistas (y hasta del sionismo), en pos de una “salida” a la crisis de deuda; Alberto Fernández lo dijo a los medios con todas las letras. ¿Qué ofrece a cambio? El alineamiento de Argentina con ellos en el campo diplomático. Este propósito cuenta con el acuerdo de CFK, con quien AF discutió la agenda del viaje.

Otros crujidos

El reclamo en favor de un “presupuesto 2020 consistente” toca un aspecto crucial del plan de emergencia, a saber, el congelamiento tarifario. El gobierno ha frenado los aumentos de tarifas para hacer pasar la “desindexación” de salarios y jubilaciones. Esta política tiene contradicciones insubsanables: es que el parate a las tarifas será compensado con subsidios crecientes a las energéticas, lo que aumenta la necesidad de financiamiento del Tesoro, que solo puede lograr por medio de emisión monetaria. Por otra parte, los contratos de energía se encuentran dolarizados, y una ruptura de ellos podría bloquear los acuerdos sobre deuda externa. En torno de estos choques, ya han renunciado dos altos funcionarios, mientras se agrava la huelga de inversiones en Vaca Muerta.

De todos modos, y aún con el parate a las tarifas, la cosecha ´antiinflacionaria´ ha sido muy pobre: enero dejará una inflación del 4%, después de la restauración del IVA a los alimentos y una emisión monetaria equivalente a la mitad del circulante, para bancar el déficit del Tesoro y los sucesivos vencimientos de deuda en pesos. Mientras tanto, la nueva escalada del dólar ha obligado al banco Central a frenar la baja de la tasa de interés y cualquier expectativa de reanudación del crédito privado. La UIA salió a reclamar “medidas de reactivación”, pero está claro que las ´sumas fijas´, las tarjetas alimentarias y otras medidas sociales son una base ultraestrecha para cualquier activación del consumo, y buena parte de su impacto ya ha sido devorado por la inflación.

La expectativa de la burguesía queda relegada, entonces, a la vuelta del financiamiento internacional, el cual está condicionado a la incierta ´reestructuración´ de la deuda. En el foro de Davos, el capo del JP Morgan anticipó que “la burbuja financiera actual está en las deudas soberanas”. (Ambito 24.1) Los que dan por descontada a la ´normalización argentina´ no saben –ni quieren saber- del escenario explosivo que recorre a las finanzas internacionales, y que podría tener a la Argentina en sus causas y consecuencias (es lo que advirtió el economista Picketty hace algunos meses atrás).

Los trabajadores

La imposición de un aumento de “suma fija” a las jubilaciones hace temer una estampida de juicios previsionales, otra hipoteca explosiva. En paralelo, el gobierno pergeña el fin de otra movilidad –la de los salarios. Por eso, apunta contra las cláusulas gatillo, que ya comenzó contra los trabajadores del Estado. La burocracia más afin al kirchnerismo –Baradel- se ha sumado a este intento de confiscarle a los trabajadores el impacto de la furiosa inflación generada bajo el gobierno macrista. Para hacer funcionar el meneado “pacto social”, el gobierno tiene que ofrecer un cuadro de ‘equilibrio macro económico’ (la jerga en boga).

En pleno enero y con un gobierno que asumió hace sólo 45 días, ha vuelto la agitación entre los petroleros neuquinos; continúa ocupación de Minetti en Córdoba, el conflicto de Siderca y la deliberación que recorre a los docentes en relación al salario y a la cláusula gatillo. Estas primeras semanas han sido también el escenario de victorias obreras, como las reincorporaciones en el Inti y el Posadas, y la reanudación de reclamos históricos, como el de la reactivación de Cresta Roja con todos sus trabajadores adentro.

Estas luchas están objetivamente ligadas a las que reclaman la vigencia integral de todas las conquistas laborales y jubilatorias –indexación de los salarios con la inflación, jubilación del 82% móvil de la canasta familiar, reincorporación de despedidos. Pero también, a a un debate y una comprensión de conjunto del escenario político nacional y continental. La experiencia de los trabajadores con la precaria coalición que ha relevado al macrismo puede convertirse en un curso acelerado.

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