La movilización del #8M

Escribe Olga Cristóbal

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El lunes 8 de marzo 45.000 mujeres desbordaron la Plaza de los Dos Congresos, probablemente la movilización más numerosa desde que comenzó la pandemia -con excepción de las vísperas de la votación del aborto. Y, como suele ocurrir en los últimos 8 de marzo, fueron las mujeres que entraban a la Plaza, encolumnadas, en grupitos de amigas o sueltas, las que impusieron la tónica de la movilización con carteles escritos en cartulina, en retazos de telas o en el propio cuerpo. El año pasado fue el aborto, al que las organizaciones filok consideraba un reclamo impertinente ya que “primero había que resolver el hambre”. Pero la columna más numerosa, por lejos, fue la de la Campaña por el Aborto legal, elegida por miles de mujeres sueltas que decidieron marchar bajo sus banderas.

La reivindicación central de la movilización de ayer, sin dudas, fueron los femicidios. Innumerables chicas y no tan chicas llevaban fotos de las asesinadas o simplemente una hoja con las palabras históricas: “Ni una menos, el Estado es responsable”, “Nací para ser libre, no para que me maten!”, “Feliz va a ser el día que no falte ninguna”, “La próxima soy yo”, “Vengo por la que ya no puede venir”. El femicidio fue el vector de las performances y actividades culturales pero también de las leyendas escritas en hoja de cuaderno por miles de mujeres de las barriadas.

El asesinato a mansalva de una mujer por día -muchas a manos de sus parejas o ex parejas miembros de la fuerza de seguridad-, el desinterés del gobierno por frenar estas muertes, la complicidad de jueces y policías con los violentos, ha enfurecido de las mujeres. Aunque este es el primer 8 de marzo después de la legalización del aborto, el ánimo del movimiento, recorrido por la indignación ante los femicidios, la desaparición de la IFE, los salarios a la baja, la caída de las licencias para las madres de hijos chicos y los obstáculos al cumplimiento de la interrupción del embarazo, no dejó lugar a festejos.

Por primera vez, también el movimiento de mujeres coincidió en Plaza Congreso pero dividido en dos sectores que tuvo, cada uno, su propio acto.

Las corrientes oficialistas o filo k se negaron a que hubiera un escenario o un documento común porque de ningún modo, dijeron, iban a aceptar críticas a “su gobierno”. Con una representación menguada y blandiendo un “paro feminista” que ni ellas ni sus amigas de la burocracia sindical promovieron ni cumplieron, leyeron un documento donde abogaron por mejores políticas públicas y responsabilizaron a la “Justicia patriarcal” por las demandas insatisfechas.

Del otro lado, el FITU y otras agrupaciones hicieron un acto propio en los términos del feminismo del 99%, anticapitalista, antirracista, plurinacional y multiidentitario.

El Plenario de Trabajadoras y el Polo Obrero en la tendencia del Partido Obrero aportó una columna de más de 2.500 compañeras y compañeros al acto en Plaza Congreso. Nuestras banderas responsabilizaban al Estado por los femicidios y la violencia contra las mujeres, exigían el cumplimiento de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, el desprocesamiento de Yolanda Vargas, salario igual a la canasta familia.

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