El Partido Obrero de Salta defiende al Partido Obrero y la historia del Partido Obrero de Salta y de todo el país

Escriben Julio Quintana y Marcelo Ramal

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A través de una conferencia de prensa realizada este miércoles 10, Claudio Del Plá, Cristina Foffani y Pablo López dieron publicidad a su abandono del PO salteño, en verdad, producido hace casi ya dos años. Ahora, anunciaron la conformación de un nuevo partido y una nueva personería electoral. También anunciaron una acción legal contra el Partido Obrero de Salta, apoyados en la reaccionaria legislación de partidos del Estado. Esta operación política debe situarse en el conjunto de la crisis del Partido Obrero –y es una oportunidad para examinar sus razones de fondo.

Derecho de Tendencia

Hace dos años, una camarilla de dirigentes del aparato del Partido Obrero expulsó, en una noche, a 360 militantes que reclamaban, con textos políticos concretos, el reconocimiento del derecho a Tendencia, como se encuentra establecido en los estatutos del Partido Obrero. Días más tarde lo hizo con más de 1000 compañeros, que respaldaron el reclamo por escrito. Un atropello de estas características es raramente visto en los partidos patronales, que en todo caso lo hacen ofreciendo debates de descargo.

El derecho de Tendencia es la piedra estratégica de la democracia obrera. Las expulsiones han constituido, por si mismas, una ruptura histórica con el PO. El debate corriente entre militantes, círculos y comités no agota la democracia interna de un partido, si es que es respetada. Tampoco puede ser restringida hacia el interior del partido, salvo en cuestiones reservadas, porque la obligación de sustentar en público lo contrario de lo que se expone dentro del partido, desarrolla una hipocresía que violenta el carácter de lo que debe ser un militante. Cuando las divergencias alcanzan un carácter más general, es necesario que quienes las sustentan tengan la capacidad de intervenir en las diferentes instancias organizativas del partido, siempre que fundamenten claramente sus posiciones. En la historia del movimiento obrero socialista este derecho era una práctica tan regular y admitida que no requería ser inscripta en un estatuto. Lenin mismo, desde su lecho de moribundo, propuso a Trotsky formar “un bloque” contra “el chovinista georgiano” – en alusión a Stalin, sin la necesidad de hacer referencias estatutarias. La liquidación de la democracia interna por parte del stalinismo, determinó que fuera incorporada como principio estratégico en las organizaciones que formarían la IV Internacional.

La democracia interna del partido, incluido especialmente el derecho a Tendencia, es esencial por otra razón estratégica – para poder luchar por la democracia en el movimiento obrero, contra el aparato totalitario de la burocracia sindical-empresarial integrada al Estado. Para reclutar activistas y luchadores para el partido revolucionario es necesario que éste transparente el método con el cual arriba a sus conclusiones políticas, especialmente las posiciones en controversia. A través de la lucha, la experiencia y el debate los partidos revolucionarios se esfuerzan por lograr la homogeneización de sus filas, o sea una comprensión común del momento histórico y de las tareas que se desprenden de él, y de ese modo homogeneizar a la clase obrera para el cumplimiento de sus propósitos históricos. El debate público de las diferencias no perjudica la labor revolucionaria, cuando se combina con la unidad en la acción, o sea la aplicación de la política votada por la mayoría. Todo esto es lo contrario del monolitismo o el pensamiento único. En el Congreso anterior a las expulsiones la orientación mayoritaria en el Comité Nacional fue presentada 24 horas antes de su votación; la disidencia, hecha efectiva al día siguiente, no fue reconocida como válida. Los firmantes de esta disidencia casi no tuvieron acceso a los plenarios pre-congresales. En el mismo Congreso, no se permitió el derecho a réplica de un informe desmesurado de cuatro horas, por parte de la Comisión de Control, contra la oposición. El reclamo del derecho de Tendencia nace, en lo fundamental, como consecuencia de este desarrollo político. Algo más: en la dirección ejecutiva del PO se formó un grupo de censura a los artículos de Altamira, cuando ninguno de los artículos presentados por el compañero invalidaban la orientación del periódico. Presumiblemente, el objetivo de la censura era borrar al compañero del escenario público.

Luego de las expulsiones el aparato libró a una campaña de supresión de videos que tenían a Altamira como protagonista, en especial aquellos que marcaron los mayores aciertos políticos en la historia del PO. Todavía antes de las expulsiones, el mayor hecho de censura fue la prohibición a Altamira de participar en actividades, organizadas por comités del partido, en el 50 aniversario del Cordobazo. En el caso de Salta, el trío hoy litigante -Del Plá-López-Foffani- votó a favor de esa prohibición, contra la amplísima posición mayoritaria que le había extendido la invitación. La consigna era ‘hacer callar a Altamira’. Esto es mucho más que censura. ¿No es esto suficiente para reclamar el derecho de Tendencia? ¿Qué restos quedan de democracia interna después de esto? Naturalmente, y para aquella charla por el Cordobazo, el local del partido en Salta recibió a Altamira con un lleno total. Para quienes se acercan ahora a la política es oportuno mencionar que cinco días antes del Cordobazo, el 24 de Mayo de 1969, el ejecutivo del PO había votado lanzar una campaña a favor de una rebelión popular (“ocupar la ciudad), que juzgaba irrevocable.

Los puntos políticos en controversia eran realmente importantes, pero no estaban referidos a cuestiones de principios o de programa, ni siquiera eran “decisivos”. Después de todo, el programa del PO, aprobado en un Congreso internacional en abril de 2004, fue enteramente redactado por Jorge Altamira. Las discrepancias se centraban en la política a seguir frente al derrumbe del macrismo, a partir de comienzos de 2018; al potencial de rebeliones populares, en especial en América Latina; a la necesidad de impulsar congresos de bases en los sindicatos clasistas, en lugar de frentes autoproclamatorios; a la cuestión de los paros parciales y la huelga general; y, por fin, a los métodos de elección y de control de los dirigentes de comités locales y regionales. Todo dentro de la tradición teórica y programática del Partido Obrero.

Luego de las expulsiones, estas divergencias cobraron nuevo carácter a partir de una política, si bien zigzagueante, de integración parlamentaria al Estado, como los repetidos quórums facilitados a Capitanich, el voto a la ley sionista promovida por JxC y el FdT en la legislatura porteña o recientemente del voto prestado al negocio inmobiliario en el barrio de Boedo, disimulado con el pretexto de retornar el histórico espacio a la cancha de San Lorenzo. Desde las expulsiones, el aparato del PO se ha convertido en enteramente autoproclamatorio. De un modo más general, se pone de manifiesto una convergencia con experiencias de izquierda que van desde hace tiempo a la derecha, como el Psol brasileño, el NPA francés y el Bloco de Esquerda de Portugal. La crisis del PO se inscribe en un fenómeno de conjunto de adaptación política de la izquierda revolucionaria a los vaivenes políticos del momento, conocido en la teoría marxista como “oportunismo”. El ingreso al parlamento – una consecuencia del “Ascenso de la Izquierda” -, ha reforzado estas tendencias adaptacionistas y también el arribismo, o sea la disputa de candidaturas. Incluso en un marco de rebeliones populares crecientes, la izquierda realmente revolucionaria marcha “contra la corriente”. Significativamente, la primera experiencia en el parlamento, Altamira en la legislatura, entre 2000/03, fue caracterizada por la derecha de ese momento como “subversiva”

En esta crisis se destaca la adhesión al reclamo del derecho de Tendencia de la MAYORÍA de los militantes del partido en Salta, Tucumán, Jujuy, Santiago del Estero, Santa Fe (en capital, el departamento de San Lorenzo, Villa Constitución), en algunos distritos bonaerenses (Pergamino y otros) y, controversialmente, en Catamarca y La Rioja. En ninguno de estos lugares nuestra mayoría procedió a expulsar a la minoría, especialmente raquítica en Salta, aunque disimulada por la presencia de Del Pla, López y Foffani. Esta minoría sí rompió el partido; la Tendencia, por el contrario, insiste en la lucha por el reconocimiento del derecho correspondiente. Rompen el partido quienes expulsan, no quienes reclaman la vigencia de sus estatutos. El aparato del PO llegó al extremo de imponer la intervención judicial de Tucumán, amparado en un ‘congreso’ paralelo montado al margen del Congreso anual del Partido. El trío salteño antes mencionado, declara ahora su propósito de crear otro partido en Salta, el FUT, en lugar de reclamar un derecho a Tendencia, circunscripto o no a la política provincial.

Salta

En esas provincias –y entre ellas en Salta- , repetimos, el partido, dirigido por los actuales integrantes del PO Tendencia, no expulsó ni separó a nadie. El caso de Salta es el más demostrativo: la mayoría del comité partidario y de la militancia, en un 90% definido a favor de las posiciones de la Tendencia, convocó a Claudio del Plá, a López y a Foffani –dirigentes del PO salteño enrolados con el aparato partidario nacional- a un debate político, en el marco de la defensa de la unidad de acción. En vísperas de las elecciones provinciales de 2019, y cuando aún existían plenarios comunes en Salta, los miembros de la actual Tendencia propusieron una lista electoral encabezada por Claudio del Plá. Pero los dirigentes enrolados con la dirección nacional rehusaron el debate: abandonaron el Partido Obrero de Salta cuando se puso de manifiesto que la abrumadora mayoría de la militancia de la regional adhería a la Tendencia del Partido Obrero.

El contraste entre el tratamiento de la crisis partidaria, en el plano nacional y en Salta, ha sido completo. Del Plá, Foffani y López, decidieron retirarse del PO con un pequeño grupo de compañeros, por cuenta y orden de la dirección nacional del PO. Por orden de esa dirección, boicotearon la candidatura de Violeta Gil como senadora nacional y hasta se aliaron con el PTS para enfrentar las listas provinciales del PO salteño en una interna, sin que por esto sufrieran luego sanción o exclusión alguna.

Esta labor liquidadora de la camarilla salteña en desarrollo, traducía, en las circunstancias de la provincia, la tarea también liquidadora del aparato central del PO contra el conjunto del Partido Obrero: mientras en el orden nacional se cercenaba el derecho de Tendencia y se expulsaban militantes, en la regional salteña -donde Del Plá y Cía. carecían de fuerzas para llevar adelante esa sanción masiva- los representantes locales de ese aparato expulsivo optaron por “apartarse” e iniciar una tarea de agresión sistemática al PO salteño. Formó parte de esa agresión la ruptura del trabajo político parlamentario con el comité partidario –con el consiguiente despido de las compañeras que adherían a la Tendencia –y ahora, la formación de una nueva “personería”, que pretenderá oponerse en las elecciones a la lista del Partido Obrero.

Pero la tentativa liquidadora apunta todavía más lejos, pues han solicitado a la justicia federal nacional de la Capital que se prohíba al PO salteño el uso de su nombre histórico, que ahora sería una “marca registrada” del aparato nacional del PO. De nuevo, como ocurrió con la intervención a Tucumán, el aparato procura el arbitraje del estado en una controversia interna de un partido obrero. De este modo, Del Plá, López, Foffani y este aparato buscan recuperar la legalidad partidaria que ellos mismos abandonaron, no en base al desarrollo militante y reclutamientos importantes, y menos por medio del debate político y la experiencia de acción común, sino apoyándose en el Estado y en la reaccionaria legislación de partidos, como ya lo hicieron en Tucumán. Esta es el prontuario de quienes repiten que Altamira y Ramal rompieron con el Partido Obrero.

Continuidad histórica

Como todas las maniobras anteriores, el PO salteño enfrentará esta nueva maniobra legal de quienes se han lanzado a una adaptación parlamentaria creciente al Estado . Justo cuando Del Plá y cía decidieron construir su propio sello electoral, el FUT, el PO salteño presentó más de 900 nuevas afiliaciones y va por obtener mil más en los próximos dos meses. El PO y el Polo salteños acaban de arrancar la libertad de nuestra compañera Yolanda Vargas, que vive en el Departamento de Orán, encarcelada injustamente por el Estado, ante el incendio de su casilla donde murieron sus dos hijos y ahora vamos por la caída de la causa armada contra ella para eximir las responsabilidades del Estado en esta masacre. El trío en cuestión no pasa de la ciudad capital – el Partido real de Salta está presente en toda la provincia.

También venimos de protagonizar en unidad con el sector combativo de los docentes autoconvocados, una lucha estratégica contra la apertura criminal de las escuelas sin vacunas y en medio de la pandemia de covid, mediante un paro de 5 días. Los compañeros del PO de Orán y San Martín han sido parte de las puebladas contra el colapso sanitario en el norte provincial. Todas estas batallas de clase que definen en acto la continuidad histórica del PO por la acción decidida de sus militantes que adhieren a la Tendencia Nacional del PO, y la unidad que sella con la vanguardia obrera y popular salteña, será clave para derrotar la maniobra liquidacionista, y -ella sí- usurpadora del PO salteño.

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