El cierre de la Conferencia Sindical del PO (T)

Escribe Jorge Altamira

Tiempo de lectura: 21 minutos

Compañeros y compañeras buenas tardes. Celebro la altísima concurrencia a esta conferencia. También celebro la cantidad de compañeros y compañeras que se anotaron para intervenir. Sobre esas intervenciones y las perspectivas que nos abren me voy a referir hacia el final.

Pandemia, crisis histórica

Esta fase de la pandemia es extremadamente instructiva. Instructiva por lo que nos revela e instructiva también por el alcance estratégico de lo que nos revela. Como es conocido por todos ustedes hay varias decenas de vacunas rondando por el mundo. Hay países que tienen cuatro, otros dos o tres. Ahora vamos a tener una vacuna cubana. Hay una cantidad bastante numerosa de vacunas y la vacuna era una de las herramientas fundamentales, quizás la más importante, con que contaba el sistema internacional para hacer frente a la pandemia y salir de las consecuencias económicas que la pandemia pudo haber provocado encima de una crisis capitalista. Sin embargo, la aparición de las vacunas ha puesto de relieve el nivel de confrontación al interior del capitalismo, la anarquía del mercado y la lucha por la dominación mundial. Como consecuencia de esto, este año 2021 va a ser un año más grave de lo que fue 2020, por muchas cosas que se dijeron acá: la aparición de nuevas cepas, las modificaciones, incluso extremas, del virus. Con lo cual el capitalismo ha sido incapaz de concertar una distribución mundial de las vacunas, que hubiera sido la forma más barata para el capitalismo de salir de este desastre sanitario. Esta pugna no sólo tiene que ver con las vacunas, porque las vacunas implican la producción, implican una logística, una distribución, una organización y en cada una de las esferas comerciales, en cada una de las esferas económicas e inclusive en cada una de las esferas políticas, hay una crisis fenomenal. Es decir, que el capitalismo ha sido incapaz de desarrollar lo que la ciencia, incluso bajo condiciones capitalistas, ha producido. Hemos entrado ahora en una nueva fase de la crisis. Por eso nosotros no podemos decir que en Argentina faltan vacunas. No es simplemente un problema de escasez, es un problema de lucha por intereses políticos, geopolíticos y económicos extremadamente duros. El capitalismo revela aquí su verdadera naturaleza.

Un aspecto de esta cuestión es lo que está ocurriendo, por ejemplo, en América del Sur, que está viviendo el peor momento de la pandemia, inclusive en Chile, un país donde la provisión de vacunas ha sido mayor que en otros lados. Pero se vive una situación completamente catastrófica, que también es instructiva. Porque Bolsonaro ha salido en Brasil, donde las Unidades de Terapia Intensiva están completamente colmadas, a decir que se opone y que va a dar una batalla contra la restricción social, contra cuarentenas parciales o totales, contra confinamientos de un tipo o de otro - y no hablemos del cierre de las escuelas. Tenemos en este planteamiento la forma naturalmente más extrema, pero por eso mismo, más clara de la lucha de clases en este período. Curioso, porque decían que de todo esto salíamos juntos y, sin embargo, la pandemia ha provocado una agudización del ataque del capital sobre la clase obrera y una lucha de clases general absolutamente fenomenal. Lo que Bolsonaro dice es lo siguiente: si hacemos confinamientos se hunde la economía; que una cantidad determinada de muertos es tolerable en la medida que sea por problemas de salud, lo que no es tolerable es que la gente se muera debido a que la economía no funciona. Le ha dado una expresión extraordinaria, abierta, completa al carácter de esta crisis desde el comienzo: la oposición entre el capital y la salud, entre el capital y la vida. La tendencia, incluso en algunos lugares, a privatizar la distribución de la vacuna, va en la misma dirección. Porque aparece el beneficio capitalista ya en una forma directa, no en la forma relativamente indirecta de subsidios, rescate capitalista, emisión de dinero, sino completamente directa. Al mismo tiempo, Bolsonaro no es un eslabón suelto de la política mundial. Personalmente, en algunos momentos, pensé que se iba a producir algún tipo de fisura entre Bolsonaro y los militares - que pueblan el 80 por ciento de su gabinete- debido a los riesgos que desencadena esta política de Bolsonaro, Pero parece ocurrir lo contrario - que es una política que está pactada con el Ejército. Si es una política que está pactada con el Ejército, cualquier tentativa popular de poner fin a este desastre mediante la destitución de Bolsonaro, inclusive parlamentaria, podría ser reprimida militarmente.

Estamos observando una tendencia relativamente embrionaria a la guerra civil en Brasil. En Estados Unidos, el capital dijo vamos a elecciones y el que gana se queda con el Gobierno. Esto dio lugar a una movilización electoral excepcional. Pero una vez concluida las elecciones y en medio de la campaña que hacía Trump contra el fraude supuesto de las elecciones, se produjo el asalto al Capitolio. Aunque un asalto al Capitolio no es ni de lejos una guerra civil, está insinuando precisamente esa tendencia - en un país como Estados Unidos. Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos más lentamente o menos lentamente, bajo una determinada forma, bajo otra. Pero lo tenemos acá en Brasil y lo tenemos en Estados Unidos. Un militante del movimiento obrero, que lucha contra el capital que descarga toda la crisis de pandemia sobre los trabajadores, no puede dejar de tener en cuenta todo esto. Las disputas capitalistas, las disputas por quien domina el mercado de vacunas, que es un mercado fenomenal y que podría ser un mercado fenomenal por un tiempo fenomenal; no permiten que la ciencia sea dirigida a la defensa de la salud de la población.

Socialismo o barbarie

La lucha nuestra en el movimiento obrero por el derrocamiento del capitalismo y por el socialismo resulta absolutamente fundamental. De lo contario le estaríamos dando la espalda al problema número uno. ¿Qué corriente política en la Argentina caracteriza a la pandemia como una crisis histórica del capital y opone a ella el socialismo? Ocurre lo contrario: como consecuencia de la pandemia, ha habido un repliegue en la política y el lenguaje de la izquierda, que ha dejado de referirse al socialismo como la agenda insoslayable del momento.

Esta deserción ha dado paso al posibilismo. Esa izquierda ha pasado a considerar que hablar de cosas lejanas como el socialismo es perjudicial para una penetración en la clase y en el pueblo, de carácter electoral. Es una forma de poner a la crisis humanitaria en desarrollo, en el marco de la ‘normalidad’, de la ‘vieja’ normalidad. Al trabajador, piensan ellos, lo que le preocupa hoy son las reivindicaciones ‘normales’, lo cual no significa que luchen por ellas en forma consecuente, porque eluden la defensa de la salud y defienden la ‘presencialidad’. No hablar del socialismo, en el marco de la catástrofe mundial del momento, es entregar el programa de la Revolución. Es desfigurar la personalidad histórica del movimiento obrero, porque finalmente, si no es el socialismo el obrero es qué cosa: el dueño de su mercancía, la fuerza de trabajo, que pelea contra un patrón, que es el dueño de los medios de producción. Son dos competidores en desigualdad de condiciones en el mercado de trabajo. No está presente la lucha por eliminar el sistema de explotación social.

Por eso el posibilismo, que hay que distinguirlo todavía de la integración al Estado, es claramente una adaptación al capitalismo. Lenin ya había señalado que el posibilismo es oportunismo político. Por lo tanto, en todas las esferas de la clase obrera tenemos que ir con la crítica al capitalismo y por el planteo socialista. Aunque esta propaganda no lleve todavía a ninguna huelga, se trata de un trabajo sistemático que acompaña la experiencia de la clase y desarrolla su conciencia y le da una perspectiva a su lucha. Porque si un trabajador, en las condiciones de trabajo actuales, con horas extras y salarios recontra bajísimos, precariedad laboral, va a lucha sin una perspectiva histórica, queda encerrado en el chaleco de fuerza del nacionalismo. Esto no potencia su fuerza, la limita. La fuerza de esa lucha siempre la da una perspectiva; la conciencia de clase es un factor energizante.

Este es el primer aspecto, tenemos que ser sistemáticos. No sólo ser sistemáticos, sino reclutar compañeros para una lucha socialista. Es absolutamente esencial, porque finalmente, si nuestro adversario es el kirchnerismo, y es un adversario por ser un representante del capital y el gobierno que integra a los sindicatos y organizaciones populares al Estado, debemos decir con claridad que él tiene su propia concepción de la crisis del momento. ¿Cuál es? ‘Tenemos que salir de esta crisis en orden para que luego podamos mejorar la situación y evitar que esto caiga de nuevo en manos de la derecha, con lo cual terminaríamos en un nuevo desastre”. Es el argumento ‘izquierdista’ de Yadarola, Pianelli, etcétera. A esto necesitamos oponer nuestra concepción alternativa. Nosotros les respondemos que, como agentes del gobierno en el movimiento obrero, son un instrumento del capital, que está destruyendo la vida de los trabajadores. Que no hay vacuna por culpa del capital y que las dificultades de Alberto Fernández para conseguir una vacuna, obedece a que es sirviente del capital y desarrolla la política de ajustes del FMI.

La crisis de la izquierda en la Argentina consiste en esto. En que ha abandonado por completo la estrategia del socialismo y la estrategia del gobierno de los trabajadores. El oportunista dice esto es una meta lejana. Pero la meta se hace más lejana si uno no la transita. No sólo la aleja del socialismo las dificultades de la lucha obrera, sino su propia política. Nosotros podemos decir que, por lejana que sea, luchar por el socialismo acorta el camino. Tampoco sabemos qué lejana es esa lejanía; solamente lo sabremos por medio de la experiencia y de la lucha. En una época, el oportunismo y el posibilismo era propio del Partido Comunista. Ahora se ha convertido en doctrina de la izquierda trotskista en todo el mundo – apoya la presencialidad para no importunar a “la opinión pública”, como dice un artículo de Izquierda Diario. Esta cuestión estratégica es el punto de partido del trabajo en el movimiento sindical – en el cual estamos como socialistas, no como sindicalistas.

Naturalmente, no es con las vacunas que empezó esta guerra. Ya había comenzado y aún continúa con los barbijos. Monopolio de producción y sustracción del mercado. No sólo se busca asegurar contratos en beneficio de tal o cual empresa, sino que hay denuncias de acaparamiento masivos de vacunas. El acaparamiento es clave a la hora de una disputa de mercado.

Fíjense dos cosas interesantes. Biden está vacunando a todos los norteamericanos y Xi Xing Ping no está vacunando a todos los chinos. Es interesante. Biden cree que si vacuna todos los norteamericanos resuelve el problema de la reactivación económica en Estados Unidos. Mentiras. Estados Unidos es una potencia mundial. Participa del comercio y las finanzas mundiales. Entran y salen capitales, los gerentes viajan, van y vienen. Los demás países tienen que mantener sus conexiones recíprocas en el mercado mundial para que Estados Unidos pueda tener un mercado mundial. No existe “la vacuna en un solo país”. Por otro lado, los chinos lograron contener la difusión del coronavirus con medidas previas a la aparición de las vacunas, medidas de aislamiento, testeos, seguimiento y todo lo demás. Entonces quieren aprovechar ese margen para destinar las vacunas a la colocación en el mercado mundial y disputarlo a Estados Unidos en particular. Entonces aparecen con una gran oferta en el mercado mundial a costa de la vacunación de su población por las condiciones que yo les acabo de describir. Una de las razones de la escasez de la vacuna en Argentina es fácil de entender: os chinos no están mandando decenas de millones de vacunas a Argentina, y no lo hacen porque Argentina no termina de acordar con China una serie de inversiones y acuerdos estratégicos que China reclama a la Argentina. Es lo que ha ocurrido con Pfizer y Estados Unidos. Argentina, por otro lado, tiene que firmar un acuerdo con el FMI. Depende de Estados Unidos. Un reciente informe del Comando Sur de los Estados Unidos ha declarado la lucha contra la presencia de China y Rusia, en América Latina, una lucha “estratégica”.

Esta gente no puede abordar la cuestión de la salud sino mediante sus propios métodos de rapiña, chovinismo, ordenada en torno al lucro y a la dominación mundial. Todo el proceso social de la pandemia está integrado a la dinámica destructiva del capital. Tenemos que acentuar nuestra propaganda en este sentido. Reforzarlo, señalarlo, etcétera. Este es el primer punto.

Guerra civil y conciliación de clases

Segundo punto. En América del Sur se está desarrollando un cuadro de extrema violencia. Que tiene por cabeza a Bolsonaro, pero que se manifiesta también en Bolivia y Paraguay. En Paraguay hay una rebelión popular. El Gobierno ha salido a reprimir con el ejército porque lleva adelante una política de salud similar a la de Bolsonaro. En Bolivia, la derecha vuelve a esgrimir planteos golpistas; las masas populares del Altiplano han salida a las calles y rutas para exigir el juicio y castigo de los responsables políticos y militares del golpe de noviembre de 2019.

Lo que distingue a Argentina en esto es que hay un pacto, de hecho, entre todos los sectores burgueses para a dirimir los conflictos en presencia en las elecciones. Este pacto de hecho ‘ordena’ a toda la burocracia sindical. La burocracia sindical necesita la integración a la política de la burguesía. Entonces, habiendo un acuerdo de encauzar la crisis a través de las elecciones; por eso, Alberto Fernández las declaró excepcionales; es decir, que deberían funcionar como un plebiscito. Procuran ordenar todo el tablero de fuerzas presentes, para contener a la clase obrera. La pieza clave en este ‘ordenamiento’ es el acuerdo con el FMI. La postergación de este acuerdo para después de las elecciones es clave. Este ‘ordenamiento’ político está fundado, por lo tanto, en una base explosiva. El FMI necesita la garantía de un acuerdo nacional, y el acuerdo nacional la garantía de que el FMI aceptará, bajo ciertas condiciones, postergar un acuerdo formal. Es un paquete agujereado por la crisis mundial, de un lado, en especial la pandemia, y la reacción de los trabajadores al ajuste y a los contagios, por el otro.

La burocracia sindical está integrada a una orientación estratégica de disciplinamiento de todas las fuerzas sociales, para posibilitar una salida a esta crisis por medio de elecciones y por medio de un acuerdo con el FMI. En eso están los Pianelli y los Yadarola, y los Marín y los Yofra. Ellos dicen lo siguiente: esta es la única perspectiva; entonces van a fondo con eso. Hay otro fenómeno también: los partidarios de que la crisis la paguen los capitalistas no están planteando que la pandemia la pague el capitalismo. Es una linda consigna. Que la pandemia la pague capitalismo. En primer lugar, llevando el salario mínimo al costo de la canasta familiar. Porque en una pandemia, ¿cuál es el arma principal de un trabajador? Su salario es el arma principal. Es lo que le permite adquirir mercaderías. Armar un plan de organización familiar. La burguesía, en cambio, en plena pandemia y con el argumento de que está protegiendo la salud y por sobre todo protegiendo la economía, está derrumbando la economía familiar. En el contexto de la pandemia han llevado la precarización laboral, la desocupación y la caída del salario y las jubilaciones a grados extremos. En lugar de ‘presencialidad’, o sea ‘inmunidadad de rebaño’, reorganizar todo el sistema de salud bajo control de los trabajadores. Ante el fracaso patente del capital ‘amigo’ para desarrollar la vacuna y la producción masiva, expropiación de las farmacéuticas y organizar con los institutos públicos de Salud de América Latina, una producción independiente de vacunas. Cuba ha desarrollado ese camino.

La estatización obrera es el recurso del capital que quiere evitar una guerra civil. Esto es lo que está ocurriendo. El último dato es que abrieron un registro de organizaciones sociales. Las que se anoten en ese registro y cumplan con las directivas estatales de ese registro podrían ir al Consejo del Salario. Es decir, integrar a la totalidad del movimiento popular a la directiva del Estado. En este sentido hay que entender la anulación de las elecciones sindicales. Porque, obviamente, nadie piensa que en muchas elecciones sindicales vaya a ganar la izquierda o sectores combativos, pero sí en los lugares de trabajo, en la fábrica, sí, en las empresas. Podría haber una explosión de crecimiento de sectores combativos en los lugares de trabajo. Tenemos que hacer una campaña por esas elecciones.

Campañas

Necesitamos una campaña nacional de pronunciamiento por esas elecciones. Tenemos que exigirla a los sindicatos combativos con diirecciones kirchneristas burocráticas. Un frente del sindicalismo clasista por elecciones ya. Una campaña en zona norte del conurbano, en San Nicolás, en Villa Constitucióm, en metalúrgicos de La Matanza, en las fábricas del cinturón de Rosario. Esta campaña es un punto esencial de mi cierre.

La agitación es la vía salida de todos los impasses que se crean artificialmente artificialmente en el movimiento obrero. Para la agitación no hay que pedirle permiso a nadie ni entrar en condicionamientos. . Sacamos el volante y los discutimos con los compañeros. La crisis, mientras tanto, avanza, la inquietud crece y madura en la gente un determinado planteo. Esto es lo que ha pasado con la presencialidad, que nuestra corriente ha puesto en la agenda que discuten los docentes – en el marco de una anunicada ‘nueva ola´.

Vizotti ya ha comenzado a decir: “vamos a empezar a hacer confinamientos parciales”. Es decir, sectores enteros van a cerrar las escuelas. Los macristas retrucan con mandar a la basura los protocolos ‘que supimos conseguir’. Estamos ante la desorganización completa. Cuando una Tendencia todavía pequeña como la nuestra quiere cumplir con sus objetivos como organización, es necesario que marque un rumbo, organizar una agitación en torno a ese rumbo y ver en la práctica cómo ese rumbo va penetrando en la sociedad. El tema de la presencialidad ha abierto una cierta fractura por donde penetran las posiciones de la Tendencia en contra de la presencialidad, en distintas provincias, ahora, en CABA. Crecen los contagios. Es decir, que sobre la base de esta política se va a ver el acierto de la orientación de la Tendencia y si ese acierto lo ve una activista va a querer trabajar con la Tendencia y no con otras corrientes que lo llevaron en una dirección completamente diferente.

Huelga general

Escuché en el curso de la conferencia que hay una tendencia en Argentina a la huelga general. No, no quisiera que me interpreten mal por lo que lo voy a decir. No comparto esta opinión. Veo una tendencia a la desintegración del capitalismo y a la lucha por el socialismo, pero no veo una tendencia a la huelga general. En realidad, el problema está mal planteado.

La huelga general es una cuestión que se plantea en el cuadro general de la situación; no responde a un único factor o a una única tendencia. Los trabajadores empiezan a ver que la integración de los sindicatos al Estado los está llevando al muere. El gobierno advierte el problema y suprime por segundo año consecutivo las elecciones de delegados, como en la dictadura. El planteo de la huelga general nace de la conjunción de factores, de la crisis que pronosticamos en todas estas relaciones sociales y políticas, y se anticipa, en el terreno de la propaganda y la agitación, a la tendencia a una huelga general. Porque finalmente esperar la aparición de una tendencia a la huelga general para plantear una huelga general era lo que hicieron los del aparato expulsaron a 1200 militantes del Partido Obrero. Iban detrás de los hechos consumados. La agitación por la huelga general supone la denuncia de una miseria social imparable, del genocidio pandémico, de un programa de reivindicaciones transitorias y de la denuncia de al super-estatización de las organizaciones de la clase obrera.

Este es el punto. Tomando un ejemplo concreto, el ejemplo de Santa Fe, el ejemplo reciente fue muy claro: dos paros de 48 horas en dos semanas. Es un fenómeno novedoso. Además, fue votado por 25mil docentes. Ahora, les aseguro que esos 25 mil no tienen, lamentablemente, una tendencia a la huelga general. Esos 25mil que votaron dos grandes huelgas parciales, hicieron una demostración de fuerza y dijeron no aceptamos este convenio. Ahora, ese convenio no se va a modificar. Por lo tanto, cuando reciban la respuesta, se van a confrontar con el problema de si agachan el lomo o van a la huelga general. La Tendencia les dijo, aunque con diferencias entre nosotros, votemos la huelga indefinida, como lo hicieron los aceiteros de “tu misma provincia” - forzando un poquito la cosa porque no declararon la huelga indefinida, que se hizo indefinida de hecho. Es lo que le vamos a decir en la agitación de apoyo a los compañeros de ArreBeef. Es lo que vamos a decir en distintos lugares. Por ejemplo, en el subte: no, no queremos firmar este convenio, pero ¿vamos a ir a parar el subte? si, vamos con la huelga en el subte. De lo contrario, decimos coloquialmente, ‘nos cagaremos de hambre’. Ahora, no quiero ‘cagarme de hambre?, tenemos que ir a la huelga. Ya no hay opciones intermedias. Eso lo irá viendo el trabajador por el grado de estatización de sus direcciones.

Entonces, como ustedes ven, lejos de fantasear sobre la realidad para justificar la huelga general, el punto de vista que expongo en este cierre es más consistente. Porque la pandemia no es un escenario que estimule huelgas generales. Los trabajadores están confundidos. Se están cuidando la salud. Tienen problemas de la familia y todo lo demás. Entonces lo aprovecha el adversario para apretar las clavijas. ¿Te vas a dejar apretar la clavija? ¿Y qué hacemos? Bueno, empecemos a discutir la huelga general. La consigna forma parte de una lucha política. Las consignas no son proclamas, son instrumentos de lucha política. La oportunidad de una no la establece una situación de hecho y tampoco un instrumento mecánico producirla. Es un instrumento de lucha política. El Cordobazo salió así. Porque el año anterior al Cordobazo, fue un año de reflujo brutal. Pero claro, la dictadura apretó más la clavija y empezaron a haber brotes de resistencia. Entonces nosotros dijimos en aquel momento: estos no tienen más remedio que apretar; los obreros no tienen más remedio que defenderse. Vamos a una lucha generalizada. Esto, cuando no había lucha generalizada y nadie preveía todavía una lucha generalizada.

Quiero desarrollar, con estas posiciones, la metodología de la lucha política: ir a buscar los pronunciamientos, hacer una agitación, aparecer como la corriente que va contra la corriente mostrando que la contracorriente no va a ningún lado. Que esa contracorriente, sacrificio miseria, impasse. La consigna es un arma, no una constatación. Esto es una cuestión que entiendo fundamental en este marco político. Por ejemplo, en Brasil nadie plantea la huelga general. La oposición de ‘izquierda’ dice: “qué pasa, lanzamos la huelga general, cae Bolsonaro. Nosotros no queremos tomar el poder sobre los hombros de una huelga general y la caída del presidente de los militares. Nosotros queremos una transición discutida”. Pero en todos lados, y esto lo destacan periodistas de la burguesía, en particular en Bolivia y en particular en Brasil, hay una fuerte tendencia a lo que ellos llaman una polarización, quiere decir a un choque. Es muy importante.

El otro aspecto es ser concretos. Nosotros no estamos en contra de los protocolos. Depende de quién hace el protocolo. Lo que decimos con la reapertura escolar es que no hay protocolo que valga. Porque es un fenómeno diverso, multifacético. No es una escuela en particular, no es esta escuela. Además, implica un cambio en todo el sistema de transporte. Una carta de una docente, que aparece hoy en Política Obrera, cuenta que cuando ella va a la escuela va en un colectivo apretada por todos lados, va hacinada en el colectivo. Por eso, cuando se discutieron los protocolos en las fábricas, tenía que estar incluido el transporte. Y las patronales los rechazaron porque implica un gran aumento de los costos. Bueno, entonces vamos a la huelga, no nos hacemos presentes. ¿Ven? Vamos de nuevo a la no presencialidad. Pero a través de una disputa política.

A partir de esto es necesario que en los distintos sindicatos haya boletines que expongan sistemáticamente estas ideas. Además, es necesario una lucha en particular contra la burocracia kirchnerista, camporista, el ala izquierda del kirchnerismo, es decir, todos estos que han usurpado luchas combativas, como telefónicos, como el subte. Claro, usurpado. Se han pasado de bando, después que los obreros conquistaron el sindicato o la dirección del sindicato. La lucha no tiene que ser fraccional; es una lucha política. Hay que hacer planteos acerca de la proscripción de la democracia en los sindicatos.

Avalar en el movimiento obrero que no haya elecciones es en un principio avalar que en el país tampoco las haya y ahí se entiende nuestra posición sobre las elecciones. Porque hay algunos que denuncian “la Tendencia acepta las Paso que son proscriptivas” ¡Qué vergüenza! El Gobierno no quiere suspender las Paso para eliminar la proscripción. Quiere evitar que se vote sobre caliente. Por eso la suspende, quiere suspender una elección, no las característica de la elección misma, que por otra parte tiene un montón de otras proscripciones, porque vos podés ganar las Paso en la provincia de Buenos Aires, pero en las generales tienen otra Paso, que es el 3% del padrón. Entonces viene la siguiente cuestión: nosotros, los clasistas del movimiento obrero ¿tenemos que intervenir políticamente en los sindicatos? ¿Tenemos que denunciar que se tienen que hacer las elecciones? ¿Tenemos que denunciar los acuerdos del Gobierno con Macri, los acuerdos con el FMI? ¿Políticamente, tenemos que desenmascarar al Gobierno? ¡Claro que lo tenemos que hacer! Porque nuestro manual del delegado no es cómo ir a negociar con el gerente, cómo negociar con el Ministerio de Trabajo. Eso es muy importante, muy útil. Hay que entrenar bien a los compañeros en eso. El manual del delegado nuestro es el que permite conquistar para la causa del socialismo y la revolución a un mayor número de activistas.

Lo mismo tiene que haber una lucha política con la izquierda, de nuevo, no de carácter faccional, sino con relación a estos problemas fundamentales. El compañero Germán Lavini señaló, en esta conferencia, que Amsafe Rosario se está adaptando a que se levante el plan de lucha. Santa Fé es un polvorín; ahora echaron trabajadores de una fábrica de Vincentín y nadie habla de nacionalizar nada y el sindicato no llama a ocupar la fábrica. Nosotros llamamos a ocupar. ¿Te parece que está para ocupar? Bueno, eso que lo digan los obreros, nosotros explicamos por qué, finalmente, planteamos ocupar. Que ellos decidan, pero si no ocupan la fábrica pierden el laburo. Traigan al secretario general del sindicato y lo meten adentro de la ocupación. Al ocupar esa fábrica, deben desenmascarar que el grupo Vincentín ahora no sólo puede vaciar una empresa, sino despedir a todos sus obreros y ya no hay nadie que diga que hay que nacionalizar.

Legalidad y nueva Conferencia

Mi conclusión de todo esto es lo siguiente: esta conferencia ha expuesto un nivel de intervención, de trabajo, de elaboración, de presencia en el ámbito sindical, que es mayúscula en términos de contenido político. Porque para mí un solo compañero que da un informe describiendo los problemas que hay y cómo ve la salida, eso quiere decir que la rompemos. En cambio, cinco que andan navegando no rompen nada. Hoy, en esta conferencia, veo más de 400 compañeros; todos señalando las cuestiones vitales. Habría que recoger todo eso y sobre esa base redactar conclusiones, desarrollar lo que se fue diciendo hoy y re convocar esta conferencia sindical para inmediatamente después del 1 de mayo, de manera que sobre la base de esta conferencia haremos una campaña por el 1 de mayo. Sobre la base de las conclusiones de esta conferencia.

Luego del 1 de mayo podremos examinar qué nos dice, qué nos ocurrirá en la práctica, trabajando por este tipo de conclusiones. Acá viene el problema de la legalidad. Porque en la estructura política tan estatizada que vivimos hoy, si uno no conquista la plenitud de derechos políticos refuerza la tendencia a la proscripción. Que la legalidad no la anula pero que la ausencia de la legalidad la refuerza.

Porque finalmente, una campaña electoral que denuncie la proscripción en los sindicatos es un golpe a los charlatanes patronales de la democracia y a la burocracia sindical. Despierta el interés político en la clase. Este es un aspecto. Participar en una lucha política es, en primer lugar, una lucha política acerca de cómo va a abordar las elecciones en la izquierda. Es hacer públicas y transparentes las posiciones de unos y otros. Después del desarrollo que he hecho de la huelga general, coordinadoras, ocupación de fábrica, denuncia del capitalismo y lucha socialismo - ¿dónde estaría el electoralismo nuestro? Nosotros vamos a ir elecciones sobre la base de este programa, y no de que no se puede hacer nada, que busquemos un protocolo para la escuela, que Amsafe no puede ir a la huelga indefinida, que hay que seducir a ‘la opinión pública’; esto último es ir a las elecciones subordinado al sistema político. Nosotros vamos a ir a las elecciones sobre la base de la lucha por este programa, por estas consignas, en oposición al régimen político. Adaptarse a la la opinión pública es lo que hace Macri, en función del votante, es lo que hace Trotta en educación. Todos tienen presentes a los votantes. Entonces, acá se ve con claridad qué significa aquello que yo denuncié hace dos años de alguien que decía que para hacer la revolución necesitamos tener 20 diputados, y contesté que para hacer la revolución tenemos que tener 8 mil obreros.

Uno se dirige a los votantes y otro se dirige a reclutar docentes, metalúrgicos, de la carne, de Sanidad, del personal de salud, de telefónicas, del transporte. Con eso vamos. Hicimos una campaña en 2011 con unos spots que pedían 400mil votos. Ahora, necesitamos la legalidad, es decir, que promovemos sobre la base de la misma plataforma que aquella – los derechos democráticos y nuestro programa. Defendemos el derecho democrático, pero de una corriente revolucionaria, a intervenir en el proceso político estatizado por una ley de partidos, por una ley de Paso, por una ley electoral, por una cámara electoral, por jueces electorales. ¿Por qué si estuvo bien pedir aquello, no está bien pedir esto? Hay dos pedidos que hacemos, uno de adhesión y otro de afiliación. Es más comprometedor desde el punto de vista administrativo, no político, el de la afiliación. Hay que llenar más papeles, pero nosotros necesitamos todavía más adhesiones por si rebotan algunas. ¿Qué estamos pidiendo? Que llene un formulario y ponga un DNI ¿Para quién? Para corriente del Partido Obrero que está luchando contra los despidos. Corrientes como la nuestra luchan para impedir que los despidan de la obra, está defendiendo su laburo. Etcétera, etcétera, etcétera. Un compañero que diga no veo lo de la legalidad, lo que está diciendo es que no ve cómo tener un diálogo político con un obrero. Es más profundo que no ver la legalidad, y él cree que no ve la legalidad porque él no es electoralista, ¡Qué contradicción Bueno, la legalidad va más allá de la legalidad, porque implica dialogar con tu clase y explicarle para qué sirve a la clase que un partido revolucionario tenga su legalidad. Si queremos desarrollarnos y crece, hay que luchar por la legalidad en los sindicatos, en los barrios, en las plazas.

La única forma de que los buenos le ganen a los malos es que los buenos sean más numerosos que los malos y que tengan una estrategia. Una consigna no puede mover montañas si antes no movilizó a millones de trabajadores. Si antes millones de trabajadores no se convencieron de esa consigna, no va. Para que sean millones hace falta un trabajo prolongado, ese trabajo prolongado se hace con activistas. Esos activistas tienen que ser reclutados. Lo que estamos proponiendo en esta conferencia es un plan de acción que haga que en la próxima conferencia, después del 1 de mayo, en el circulito de abajo de la pantalla de este Zoom diga mil, no 420. La organización que no recluta obreros no gana. Esta conversación de la legalidad es un pretexto para un diálogo político con nuestros compañeros de clase. Hay que sacar boletines. Cada frente dirá, de acuerdo a su experiencia, si eso tendrá que ser el Facebook del ámbito sindical o en algunos casos, imprimirlo. Eso hay que discutir. Pero hay que trazarse planes y llevarlos adelante.

No era mi intención en este cierre detenerme tanto en los problemas tácticos, generales y cotidianos. Pero creo que son necesarios. Tenemos un manejo todavía insuficiente de esas cuestiones. Entonces, propongo que conferencia apruebe un programa para la acción y para el reclutamiento, para la acción y para el incremento de la organización, para el propósito de duplicar la asistencia después del 1 de mayo de la Conferencia Sindical. Es mi propuesta re convocar para esa fecha.

Compañeras y compañeros. Muchísimas gracias. Veo que salió el sol, al menos en Buenos Aires.

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