La UBA en pandemia: presencialidad sí, espacios verdes no

Escribe Julián Asiner

Por la reapertura inmediata de Agronomía como parque público.

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Desde la llegada de la pandemia en marzo de 2020, la UBA decidió cerrar el predio de Agronomía, dentro del cual se ubican las facultades de Agronomía, Veterinaria, el primer tramo de Económicas y la sede del Ciclo Básico Común (CBC). El predio es mucho más, sin embargo, que un conjunto de instituciones educativas. Desde principios de siglo XX, muchísimo antes de que los terrenos fueran cedidos a la UBA, cumple la función de un parque público, el único a disposición de los vecinos de la zona. Junto a los terrenos del Parque de la Isla de La Paternal, el Parque de Agronomía constituye el segundo pulmón verde de la Ciudad (solo detrás de los Bosques de Palermo).

Esta decisión es resistida por los vecinos, que decidieron poner en pie el “Movimiento Agronomía Abierta” y desde hace meses se organizan en asambleas y vienen realizando abrazos al parque y diferentes acciones de protesta. Esta lucha tiene largos antecedentes, ya que el histórico predio viene sufriendo hace décadas el asedio de autoridades, gobiernos y especuladores inmobiliarios por toda clase de proyectos lucrativos, desde la apertura de sus calles internas (Zamudio), el alquiler de terrenos para una concesionaria de autos, la construcción de un microestadio para recitales, de edificios para posgrados arancelados y, actualmente, de 11 megatorres de 17 pisos encima del colindante Parque de la Isla de La Paternal. Algunos de éstos fueron frenados por la lucha vecinal, otros avanzaron y en otros la pelea sigue abierta.

La UBA se escuda en los “protocolos” para cerrar el Parque de Agronomía ya que, según afirmaron esta semana sus autoridades a los diarios, no cuentan con los recursos para mantener garantizar las condiciones sanitarias para las prácticas educativas que allí se siguen desarrollándose. Tratándose de 74 hectáreas a cielo abierto, la hipocresía no puede ser mayor, toda vez que en plena escalada de contagios esas mismas autoridades están empeñadas en amontonar a estudiantes y docentes al interior de las aulas del Nacional Buenos Aires, del Pellegrini y el resto de los colegios preuniversitarios -allí donde ningún “protocolo” es posible. La ausencia de toda colaboración entre la UBA y el gobierno porteño para garantizar los recursos mínimos necesarios para la apertura del pulmón verde retrata la decadencia de la clase dominante argentina -muy por detrás de sus representantes del pasado.

En efecto, los planes urbanísticos de fines del siglo XIX proyectaban en esta zona la construcción del “Gran Parque Central” de la Ciudad o “Parque del Oeste”, de 185 hectáreas. Para su inspirador, el higienista Guillermo Rawson, la presencia de un espacio verde de tales dimensiones era “una necesidad vital para salvar de las epidemias y de la mortalidad excesiva a esta población destinada a ser tan extensa en el porvenir” (citado de parquechasweb.com.ar/parquechas/historia/ParqueAgronomia.htm). La creación del parque fue formalizada en 1890 por iniciativa del intendente Torcuato de Alvear. Unos años más tarde, en 1901, el presidente Roca la convirtió en ley mediante un decreto que establecía que “el crecimiento demográfico hace indispensable que los poderes públicos se preocupen de proveer un parque amplio y cómodo, donde puedan los habitantes del municipio encontrar un desahogo”. Al año siguiente, otro decreto establecía la fundación de una escuela de Agronomía en el parque, “que lejos de ser opuesto a la formación del paseo, la complementa benéficamente” (citada en https://es.wikipedia.org/wiki/ParqueCentraldelaciudaddeBuenosAires). La distancia con la perspectiva de las actuales autoridades y gobiernos no podría ser mayor.

El encargado de diseñar el “Gran Parque Central” fue el paisajista Carlos Thays, que se inspiró en las grandes ciudades europeas, que incluían en sus parques públicos la instalación de escuelas e institutos de experimentación que se ocupan del estudio y conservación de las especies vegetales y animales. El proyecto original nunca fue culminado y fue abandonado por los gobiernos subsiguientes, que avalaron la reducción de sus terrenos a menos de la mitad. Recién en 1963, bajo la presidencia golpista de José María Guido, los edificios del predio fueron cedidos por decreto a la UBA, a pesar de lo cual el Código Urbano siguió considerando a los terrenos del parque como un espacio verde público. Esta convivencia entre la función educativa y de parque público se ve constantemente bombardeada por la política de las autoridades de la UBA, que desde hace años vienen cerrando accesos y caminos y construyendo edificios encima de los espacios verdes. Son las mismas autoridades que se alían con monopolios contaminantes como Monsanto y Syngenta para financiar sus investigaciones.

El cierre de Agronomía en plena pandemia es el extremo máximo al cual ha conducido esta política, bajo la mirada cómplice del gobierno de Larreta -preocupado por sus propios proyectos inmobiliarios en la zona. Una propuesta que se está debatiendo en estos días es organizar una edición de la Feria de Agronomía -cuyos feriantes no pueden trabajar desde el cierre del predio- en el Parque de la Isla de La Paternal. Esto permitiría ligar el reclamo por la reapertura de Agronomía con la pelea contra las megatorres en una única causa por la defensa del pulmón verde. La única vía posible para restablecer la armonía entre la universidad y el espacio verde es a través de la organización de asambleas comunes que unifiquen a vecinos, estudiantes y docentes en una misma lucha. A propuesta de la agrupación Naranja Tendencia, la asamblea del sindicato docente AGD-UBA aprobó un apoyo en este sentido. La reapertura de Agronomía es una medida elemental de salud pública.

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