Las “escuelas abiertas” enferman

Escribe Analía Pascual

Que el Estado garantice los recursos para las clases virtuales.

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La Dirección General de Cultura y Educación (DGCyE) de la provincia de Buenos Aires informó, con fecha 3 de mayo, que en los distritos que donde las clases presenciales se encuentran suspendidas, “las escuelas permanecerán abiertas” con dotaciones mínimas de docentes y auxiliares. Asimismo exceptúa de la suspensión a la modalidad de educación especial. Es decir que, con todos los datos epidemiológicos en rojo y mientras cacarea contra Larreta y la Corte, el gobierno insiste en abrir las escuelas y exponer in-ne-ce-sa-ria-me-te a docentes, auxiliares y niños al contagio de un virus mortal.

Hace cuatro años, Esteban Bullrich nos invitaba a ser “capaces de vivir en la incertidumbre”. Hoy la incertidumbre es la regla que amenaza nuestra capacidad de vivir. Finalizadas dos semanas de suspensión, el gobierno anunció otra suspensión, pero esta vez de tres semanas y en paralelo se suscitaron comunicados de “guardias” y “escuelas abiertas” que dejan librada esa suspensión al antojo de Inspectores y Directivos.

El comunicado plantea que los encuentros presenciales serán “organizados de manera individual o en grupos muy reducidos”, nuevamente la vaguedad que habilita a juntar a 3, 6 o 10 estudiantes en un aula, dependiendo de la interpretación. El gobierno insiste que las escuelas son seguras y se niega a reconocer el contagio aerosol (aquel que se produce por el sólo hecho de estar respirando en el mismo lugar que una persona contagiada, con o sin síntomas) que ha sido reconocido recientemente por la Organización Mundial de la Salud..

Según el comunicado, las escuelas deben permanecer abiertas para mantener el vínculo pedagógico con los estudiantes “que no cuentan con dispositivos y/o conectividad en sus hogares”, o “con discapacidad” o chicos con trayectorias educativas discontinuas o en proceso (TED y TEP). Es la fantochada repetida de que les preocupa la educación cuando han sido ellos los responsables de destruirla sistemáticamente.

Estuvimos todo el ciclo 2020 en la virtualidad sin que el gobierno se dignara a garantizar el insumo elemental: netbooks y conectividad. Tuvieron todo el verano para resolverlo porque el ejemplo europeo anticipaba esta segunda ola con cepas más contagiosas y letales y la escasez de vacunas. Decidieron no resolverlo para forzar la presencialidad criminal y colocarnos al borde del colapso sanitario con el costo en vidas humanas que eso significó. Fueron los propios ritmos de la pandemia y la organización de la docencia por abajo lo que forzó a la suspensión, pero los recursos básicos no aparecen.

El comunicado es una confesión de parte: en lugar de darle a los estudiantes un dispositivo y banda ancha gratuita para que puedan acceder a las clases virtuales desde la seguridad de su hogar, lo invitan a exponerse al contagio del virus en las escuelas. Pero en las aulas tampoco tienen conectividad, con lo cual le piden al estudiante del siglo XXI que ponga en riesgo su salud y su vida para acceder a recursos del siglo XIX.

El pomposo anuncio de Fernández-Trotta de que se entregarán 633.000 netboooks es irrisorio si se tiene en cuenta que en todo el país hay más de 13 millones de estudiantes. Pero incluso sería ineficaz para garantizar las clases en la virtualidad de ese 5% de estudiantes, si no es acompañado de acceso a la conectividad gratuita y de calidad. Sobre eso, ninguno de los mandatarios se expidió.

Para el docente implica, además de la exposición al contagio, la sobrecarga laboral. Con cursos superpoblados, y el doble cargo forzado por la miseria salarial, hacemos malabares para ofrecer propuestas educativas interesantes y adaptadas a los escasos recursos con que cuentan nuestros chicos. Igual que el año pasado, la virtualidad redundó en la extensión de nuestra jornada laboral a lo que el gobierno propone sumarle carga presencial.

Los estudiantes con trayectorias educativas en proceso o discontinuas son además, estudiantes del ciclo 2020. Hasta el 31 de marzo los docentes tuvimos que trabajar con los dos ciclos en simultáneos sin percibir por ello, doble salario. La pretensión de convocar a los docentes para mantener el vínculo pedagógico con estudiantes del ciclo anterior suma flexibilización laboral a nuestra ya vapuleada tarea. Lo que corresponde es que el gobierno implemente un programa específico de acompañamiento y fortalecimiento de las trayectorias de esos estudiantes con docentes nombrados al efecto respetando los listados y todos los derechos establecidos en el Estatuto Docente.

Es claro que si al gobierno le interesara la educación de los niños y adolescentes garantizaría los recursos materiales y humanos adecuados al contexto de pandemia y a las exigencias educativas del corriente siglo. Lo que buscan este tipo de disposiciones es socavar la virtualidad, para retornar a la presencialidad criminal ni bien se les descomprima un poco la ocupación de las terapias intensivas. Mientras tanto, buscan regimentar a la docencia cuya auto organización está a la cabeza de la lucha por la vida, la salud y la educación.

Rechacemos cualquier intento de presencialidad criminal, reforcemos nuestros reclamos por dispositivos y conectividad gratis para todos, por la suspensión de clases presenciales en todo el país. La única condición para el retorno es que estemos todos, estudiantes y docentes, inmunizados. Vacunación masiva ya! Reforcemos los Comités de lucha contra la presencialidad en todos los distritos.

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