Frente a los femicidios y la violencia capitalista: organización socialista de la mujer trabajadora

Escribe Belén de Moreno

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El 2019 fue otro año nocivo para las mujeres trabajadoras. Dejó la terrible cifra de 327 femicidios. Desde distintos observatorios de violencia hacia la mujer se concluye que en la Argentina es asesinada una mujer por violencia de género cada 24 hs. Un país que desde 2015, al grito de Ni una Menos, ha sido protagonista en la región de movilizaciones multitudinarias contra la violencia hacia la mujer, cierra una década con 2.749 mujeres víctimas de femicidio.

De poco y nada han valido las "políticas" del Estado para prevenir y erradicar la violencia de género. Tanto el Consejo Nacional de la Mujer, luego devenido en Instituto Nacional de las Mujeres (que para 2019 presupuestó $11 por mujer) como la ley 26.485 de Protección Integral a las Mujeres sancionada en 2009, no han dado una salida a la violencia que sufre la mujer trabajadora en la Argentina.

Se comprueba que los femicidios son una tendencia permanente. El primer mes de 2020 nos arrojó una cifra de 21 femicidios (un asesinato cada 35 hs), donde las provincias que encabezaron las cifras de este mes han sido Buenos Aires, Santa Fe, Salta, Santa Cruz y Tucumán.

Frente a estas escalofriantes cifras es imposible no pensar en el rol que el Estado capitalista cumple por acción y omisión garantizando la violencia hacia la mujer y la barbarie de los femicidios. Son ejemplificadores algunos de los últimos casos de enero:

Inés Adriana Caruso, de 56 años, fue hallada muerta a golpes en su casa del barrio porteño de Villa Devoto, cuya pareja (que fue detenido como sospechoso del femicidio) tenía varias denuncias por violencia de género.

Sabrina Ovalle, otra de las mujeres asesinadas tenía 35 años y dos hijas. Ella había conseguido una restricción perimetral contra su expareja César Díaz. Sin embargo, el hombre la interceptó en la puerta de su casa, en Ituzaingó y la mató.

Por otro lado, Valentina Gallina que tenía 19 años, fue asesinada a golpes el 5 de enero en Olavarría, el sospechoso del crimen es un hombre con antecedentes de maltrato a las mujeres. Valentina era una militante contra la violencia de género. Su madre había sido víctima de femicidio en 2008.

Florencia Coria, de Rosario, falleció luego de padecer quemaduras en el 90 por ciento del cuerpo. El ataque fue perpetrado por su pareja, un hombre que había sido denunciado varias veces por Florencia. Una vez detenido, el acusado se fugó. Se le había otorgado la prisión domiciliaria.

Por último, Celeste Saavedra de 29 años de edad y con un hijo, de la provincia de Neuquén, fue hallada sin vida el 27 de enero, cerca del Puente del Arroyo Aquihueco, a 30 kilómetros de Chos Malal. Murió por un traumatismo craneano severo. El año pasado había denunciado a su ex pareja y había logrado una perimetral. Luego de asesinarla, su ex se suicidó. Su cuerpo se encontró en las cercanías también del Puente. El Estado provincial recargó la responsabilidad a la víctima por haber vuelto a la ciudad donde residía Oscar Retamal, su ex pareja.

Queda demostrado que las mujeres trabajadoras, a pesar de las distintas "políticas estatales" están libradas a su suerte.

Los femicidios siguen, las promesas también.

El presidente Alberto Fernández, ha creado el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, con la finalidad de poner en pie un "plan nacional de acción para la prevención, asistencia y erradicación de la violencia machista". Sin embargo, el presupuesto que se ha planificado para este Ministerio en 2020 ha sido de $272 742 641, es decir, $12 pesos por mujer (en nuestro país habitan 22 714 454 mujeres aproximadamente). Es claro que este presupuesto no alcanza para siquiera paliar las necesidades inmediatas de las mujeres que se encuentran en peligro, ni hablemos de "erradicar".

En un contexto de crisis capitalista, y de la búsqueda de las patronales y sus políticos para descargar una derrota estratégica sobre la clase obrera, para liquidar sus conquistas históricas, que se traduce en un ajuste al conjunto de la clase, y que golpea doblemente a las mujeres trabajadoras a las que las labores hogareñas se les suman salarios muy por debajo de la canasta familiar, desempleo, trabajo precario o en negro y los abusos patronales, es claro que la violencia hacia la mujer emana principalmente del sistema capitalista y de su Estado.

¿Políticas de Estado?

Es claro que la violencia de género no puede ser erradicada por quién la produce. Es necesaria la organización socialista de la mujer trabajadora, independiente del Estado y sus organizaciones para desarrollar un fuerte plan de guerra contra la violencia contra la mujer, y una campaña por la igualdad en el movimiento obrero. Es necesario que los activistas se comprometan a la lucha por la organización de la mujer dentro de la clase obrera. La clase obrera tiene que ganar consciencia de la importancia de esta lucha y de la unidad de mujeres y varones en la lucha de clases y en las relaciones interpersonales de los trabajadores

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