Ante el #3J: ni una mujer menos, ni una docente menos, ni una enfermera menos

Escribe Plenario de Trabajadoras - Partido Obrero (Tendencia)

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El 3 de junio entró en la historia en 2015, cuando la Plaza Congreso y las plazas políticas del país se llenaron de cientos de miles que repudiaron los asesinatos de mujeres y denunciaron la pasividad de los poderes Estado, cuando no su directa complicidad.

El asesinato de Chiara Páez, una adolescente embarazada, fue el detonante de la indignación popular que se expresó en el “Ni una menos. El Estado es responsable”.

El Ni Una Menos y la lucha por el aborto legal convirtió al movimiento de mujeres en un factor político ineludible. Alberto Fernández, apenas asumió, creó un Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, como un intento de contención de los reclamos de las mujeres y estatización de sus organizaciones. Se multiplicaron los organismos y las políticas públicas que debían combatir la “inequidad patriarcal” en beneficio de las mujeres, travestis y transgéneros.

A dos años vista, no hay nada de qué alegrarse. En 2020 hubo 329 muertes violentas de mujeres, travestis y trans, y según las estadísticas oficiales, la línea 144 recibió 108.403 llamados, unos 300 por día. En lo que va de 2021, ya son 124 las asesinadas, una mujer cada 20 horas.

La explicación oficial es que la pandemia y el aislamiento obligatorio del año pasado potenciaron la violencia de género. No cabe duda. Sin embargo, la preocupación del gobierno no pasó de inundar las redes de flyers y fotos de funcionarias con el pañuelo verde al cuello.

El Programa Acompañar, que se postuló para “fortalecer la independencia económica de mujeres y LGBTI+ en situación de violencia de género” (con un subsidio inferior a la línea de indigencia), no llegó ni a un millar de personas. La subejecución es del 90%. Según la oficina evaluadora del Congreso, "el nivel de ejecución de las actividades con perspectiva de género está cercano al 81%”. En el caso del área de violencia del ministerio, los recursos asignados en 2020 ¡se ejecutaron solo un 46%! Las sub-ejecuciones ‘contribuyeron’ a acomodar el déficit fiscal a un acuerdo con el FMI.

La situación de las mujeres trabajadoras está en extremos desesperantes en el contexto de la pandemia. Nuestra participación en el mercado laboral retrocedió a cifras de dos décadas atrás. Cientos de miles perdieron sus empleos y subsisten con planes o trabajos precarizados, con salarios a la baja firmados por la burocracia sindical. En la Argentina, seis de cada diez hogares donde solo vive una mujer con sus hijos está bajo la línea de la pobreza. Casi el doble que el promedio general.

Denunciamos el hilo conductor que une la violencia de clase con la violencia de género. Nos reconocemos como la primera línea en la lucha contra el hambre en las barriadas, por la salud en los hospitales, por la educación en las escuelas, tercerizadas de limpieza y seguridad de los ministerios y oficinas públicas.

Se ha llegado a esta crisis humanitaria porque los gobiernos -el de Alberto Fernández y todos- han privilegiado las ganancias del capital, de las industrias farmacéuticas y de la salud y de las grandes empresas antes que la vida. 500 muertos por día es una “cifra” tan intolerable como que siete de cada diez de nuestros hijos viva en la pobreza. Las mujeres estamos en la calle. En Salta, en Neuquén, en las huelgas docentes, en las marchas de desocupados.

El #3J es una instancia para que convoquemos asambleas en los lugares de trabajo y de estudio -presenciales o virtuales-, en las barriadas y allí donde haya un grupo de compañeras.

No estamos solas. Las palestinas que se defienden con piedras de uno de los ejércitos mejor armados del planeta, las madres colombianas que forman la primera línea para que no repriman a sus hijos, las jóvenes de la revolución chilena, las estadounidenses contra el racismo y a barbarie policial son nuestras hermanas.

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