Ni una trabajadora menos en los barrios de CABA

Escribe Javiera Sarraz

Tiempo de lectura: 5 minutos

Desde la primera línea de combate contra la pandemia, la miseria y el hambre; desde las calles, las ollas populares, asambleas y comisiones de mujeres, las mujeres del Polo Obrero Tendencia de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, decimos: NI UNA MUJER TABAJADORA MENOS en los barrios.

La lucha por la vida de las mujeres trabajadoras y en especial de las desocupadas de las barriadas, no se definen únicamente por las garantías que da o no un botón antipánicos o una perimetral; sino que está definida sobre todo por la urgencia y voluntad de organizarnos con nuestras vecinas contra las miserias y violencias que golpean angustiosamente al conjunto de las familias obreras, y que nos llevan muchas veces a depender económicamente de nuestros agresores o a morir de covid en el pasillo de un hospital.

Si no nos organizamos nos matan, y el responsable de toda esa cadena de violencia que acaba con nuestra muerte es el Estado. Frente a los femicidios y a las olas de compañeras activistas de ollas populares muertas por covid, decimos: El Estado es responsable. Y el Estado es responsable no porque nos abandone, sino porque organiza conscientemente la miseria y la violencia cuando ajusta a la población a favor de los intereses fondomonetaristas, perpetuándonos en la desocupación y el hacinamiento.

Pero luego, cuando es secuestrada una chica del barrio o se hace público un caso de violencia sexual, las ‘feministas populares’ del oficialismo nos dicen que es culpa del ‘Estado ausente’. Las compañeras del Polo Obrero (T) decimos: El Estado nunca está ausente, porque él está detrás de las versiones más espeluznantes y sexualizadas de la violencia hacia las mujeres: Son los aparatos represivos del Estado los que liberan las zonas para que las redes de trata nos secuestren y prostituyan; son los punteros de las organizaciones cooptadas por el Estado, las mismas que hoy dirigen Ministerios como el de Desarrollo Social, las que nos tienen trabajando como empleadas domésticas en su casas a cambio de un plan o las que nos ofrecen ‘laburar y sindicalizarnos’ con las proxenetas de AMMAR; y son los punteros del Estado los que nos piden favores sexuales a cambio de facilitarnos el trámite para tal o cual subsidio.

Por eso, las compañeras del Polo Obrero (T) denunciamos al Estado y exigimos:

Rechazamos la ultra precarización y la contraprestación laboral a cambio de un plan social, como ocurre con el Potenciar Trabajo y el Potenciar Inclusión Juvenil. No queremos exponernos a los contagios 6 u 8 horas diarias en los gazebos callejeros ni en las ‘postas de salud’ o ´postas de género’ que son improductivas casi todas las veces. Si el Estado quiere que relevemos casos de covid en el barrio, que tomemos temperatura y que ayudemos en el proceso de vacunación: que nos forme profesionalmente y nos contrate en blanco bajo convenio como trabajadoras estatales o de salud.

Ni una mujer sin trabajo. Exigimos trabajo genuino para todas las mujeres de las barriadas: en blanco, bajo convenio, con obra social, ART, etc.

Exigimos el reparto de las horas de trabajo entre los ocupados: en nuestros barrios hay muchas enfermeras desocupadas mientras tenemos un sistema sanitario colapsado que obliga a las enfermeras ya contratadas a exponerse hasta 16 horas al covid.

Exigimos la apertura de fuentes de trabajo a través de un plan de obra pública: faltan viviendas, salitas, calles asfaltadas, cloacas y hospitales.

Ni una mujer por debajo de la línea de la pobreza. Exigimos un salario mínimo igual a la canasta básica familiar, y a igual trabajo igual salario. Basta de ajustar a través de las mujeres.

Ni una mujer sin ingresos en cuarentena. Exigimos la restitución y triplicación del IFE. Abajo los requisitos que sólo le otorga el IFE a un solo integrante de la familia. En nuestros hogares nuestras parejas, hijas e hijos también están sin trabajo.

Ni una mujer sin casa. Denunciamos las olas de desalojos durante la pandemia, y el hacinamiento de las familias, donde a veces debemos convivir hasta 6 personas en una habitación de 2 o 3 metros cuadrados.

Repudiamos el negocio habitacional de los punteros que ocupan los recursos estatales para construir habitaciones para alquilarle a familias y otras para los negocios de la prostitución.

Exigimos viviendas dignas para las mujeres y sus familias: no queremos que nos saquen de las villas para que nos relocalicen en viviendas sociales que se llueven, se caen o se inundan, y que no cumplen con el metraje suficiente para no vivir hacinados.

Exigimos la apertura y entrega inmediata de las viviendas ociosas de CABA como las de Puerto Madero.

Ni una mujer sin agua o luz. Exigimos urbanización para nuestros barrios. Basta de mujeres enfermas por beber aguas contaminadas con desechos fecales. Basta de mujeres muertas por incendios provocados por los tendidos eléctricos inseguros.

Ni una seño ni estudiante menos. Rechazamos la presencialidad escolar criminal.

Ni una estudiante sin conectividad, para que entre otras cosas, podamos acceder a la Educación Sexual Integral.

Ni una mujer sin alimentación. Exigimos el reconocimiento de ‘comedor’ a todas las ollas populares. Queremos alimentos secos y frescos de calidad, que cubran el total de familias que se acercan a comer.

Ni una mujer sin vacuna. Exigimos plan de vacunación masivo, y que se vacune a todas las trabajadoras esenciales de las ollas populares SIN discriminar a la juventud que está tan expuesta al virus como todos.

Exigimos guarderías maternales para las trabajadoras esenciales de comedores y ollas populares, que somos casi la totalidad de las personas que las sostienen.

Ni una mujer sin anticonceptivos ni misoprostol. Exigimos más recursos e insumos para las salitas de nuestros barrios. Apoyamos todos los reclamos salariales y gremiales de las enfermeras y médicas de nuestras salitas.

Ni una mujer procesada injustamente. Exigimos el sobreseimiento de todas las mujeres procesadas por ocupar viviendas, terrenos o por changuear durante la cuarentena. Y exigimos la absolución para nuestra compañera Yolanda Vargas en Salta.

82% Móvil para las jubiladas y la entrega gratuita de pañales y medicamentos.

Rechazamos las ‘campañas de género´ de las organizaciones de la ‘economía popular’: no queremos bonos para las dueñas de casa para que reconozcan como ‘trabajo’ al encierro de la esclavitud doméstica. Es esa esclavitud la que nos coloca en un lugar vulnerable frente a nuestros agresores. Exigimos un trabajo genuino de verdad y que se abran comedores y lavanderías comunitarias a cargo del Estado, donde sea el Estado quien garantice las tareas de reproducción de fuerza de trabajo como cocinar o lavar.

Ni una estudiante ni seño menos en nuestras escuelas.

Ni una enfermera ni médica menos en nuestras salitas.

Ni una madre, hermana o hija menos en la casa.

Ni una vecina, amiga o compañera menos en el barrio.

Sólo la organización independiente de los gobiernos de la miseria y la enfermedad nos pondrá a salvo. Por la organización socialista de las mujeres trabajadoras.

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