Biden no consigue detener la seguidilla de huelgas

Escribe Emiliano Monge

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La ola de luchas y huelgas que se desarrolla desde hace meses en Estados Unidos, no ha amainado. Las enfermeras están en huelga. En muchos estados se desarrollan huelgas del personal de enfermería, sobre todo California, lo mismo ocurre en John Deere y por parte de los trabajadores universitarios. También los trabajadores audiovisuales de Hollywood, de Kellogg, de Warrior Met Coal, Frito-Lay, de la salud Kaiser Permanente, del acero de ArcelorMittal, docentes de Scranton, trabajadores de comidas rápidas. Sólo entre agosto y septiembre tuvieron lugar 18 huelgas a nivel nacional. El ascenso de las luchas obreras en EEUU configura un escenario crucial a nivel mundial. Los reclamos comunes de todas las huelgas son el aumento de salarios, la oposición a largos sobreturnos, y contra la reducción de beneficios sociales que vienen de décadas. La oleada ha recibido el nombre de “Striketober”. Se trata de una oleada de huelgas, que sólo tiene comparación con las huelgas en EEUU a la salida de la Primera y la Segunda Guerra Mundial (NYT, 4/11).

Las huelgas y la crisis política

En muchas empresas los trabajadores se han lanzado a la huelga a pesar que en muchos casos los burócratas y las patronales firmaron acuerdos alternativos.

Los demócratas junto a la AFL-CIO, impulsaron la “PRO act” una ley de sindicalización bajo la tutela de la burocracia, o sea como correa de transmisión del estado y las patronales y contra los activistas. La burocracia no lidera huelgas sino acuerdos antiobreros. Ahora, una líder de los trabajadores aeronáuticos, Sara Nelson, miembro del DSA (Democratic Socialists of America), impulsor de la campaña de Bernie Sanders, aparece como posible reemplazo del ex presidente de la AFL-CIO, Richard Trumka, quien murió en agosto pasado. El PTS de Argentina ha apoyado en reiteradas ocasiones a la DSA.

En John Deere, por ejemplo, compañía de equipos agrarios, la burocracia y la patronal presentaron varios acuerdos con aumentos salariales que fueron rechazados, por insatisfactorios, por los 10.000 trabajadores en sus 14 fábricas. La empresa espera entrar a los subsidios estatales previstos por el “Green New Deal” de Biden, para la producción de maquinaria “verde” (NPR, 6/11). Los trabajadores entienden que las ganancias extraordinarias de la empresa no se condicen con los acuerdos que les proponen.

En Kaiser, los 34.000 trabajadores de salud entraron en huelga por mejores condiciones laborales y mejores sueldos. En Kelloggs los trabajadores de la alimentación declaran que hay sobreturnos y que no tienen protección. Muchos trabajadores en McDonald’s denuncian que trabajan sólo por 7,25 dólares la hora y planifican una huelga nacional (Labor Notes).

Esta ola de huelgas se da luego de que millones de trabajadores esenciales hayan trabajado bajo la pandemia en empresas que registraron enormes ganancias. La respuesta fue lo que se denominó la "Gran Resignación", la renuncia de 4,3 millones de trabajadores (según indica el Washington Post), sólo en el mes de agosto, a sus puestos de trabajo. Exigen mejores salarios y condiciones de trabajo más seguras en medio de la pandemia y nuevas olas de contagios. El mensaje de “you´re fired”, o “estás despedido”, se invirtió a “no vamos a trabajar bajo estas condiciones”.

Lo que es único en este momento es que hay una escasez de mano de obra de la que muchos empleadores se quejan, pero es una escasez de mano de obra que es impulsada en gran medida por los propios trabajadores por insatisfacción con los trabajos que tienen actualmente. Esto se suma a una quiebra de la cadena de suministros a nivel internacional.

Caída histórica

La demanda más común que se ha visto durante esta reciente ola de huelgas laborales ha sido mejores salarios. Los trabajadores en EEUU han perdido poder adquisitivo en las últimas décadas. En 1980, el salario mínimo era de $ 3,10 y aumentó lentamente a $ 7,25 en 2009, cuarenta años más tarde, y se ha estancado desde entonces. Durante este período el costo de servicios esenciales como la atención médica, la vivienda y la educación aumentaron al mismo ritmo o mayor que la inflación, que ha sido al menos del 40/50 por ciento; el gasto en atención médica se multiplicó por diez y el costo medio del alquiler aumentó en más del 500% desde 1980. Los trabajadores que ganan más que el salario mínimo no están mucho mejor, ya que el poder adquisitivo promedio de la mayoría de los trabajadores estadounidenses prácticamente se ha estancado durante los últimos 50 años (Michigandaily, 4/11).

Los beneficios empresariales y los salarios ejecutivos no han dejado de subir. Desde 1978, el salario promedio de los directores ejecutivos de las 350 empresas más grandes ha aumentado 1.322% (ídem). “Los trabajadores han visto una disminución neta en su salario durante los últimos 40 años, mientras que sus jefes han visto un aumento masivo” (ídem).

El plan de gobierno de Biden está encallando en la crisis política que atraviesa EEUU. Las maniobras de Biden para reforzar a la burocracia sindical, incluso mediante un liderazgo “izquierdista”, no han contenido este ascenso.

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