Alberto (Almafuerte) Fernández o una crisis terminal

Escribe Jorge Altamira

Tiempo de lectura: 3 minutos

El acto convocado por la CGT, los intendentes y los movimientos sociales en apoyo al gobierno tuvo como único orador a Alberto Fernández. Cristina Fernández se ausentó y la Cámpora se corrió. El cristinismo escenificó su ingreso al rol de oposición. Sospecha que el envío del proyecto al Congreso que debe fijar los términos de un acuerdo con el FMI, es una operación destinada al fracaso. AF quiere comprometer al larretismo a una posición común frente al Fondo, o en su defecto desenmascararlo, y CFK prevé que el fracaso del intento le servirá para desautorizar, otra vez, a la camarilla albertista, que ahora cuenta con el apoyo de una CGT ‘unificada’. El apoyo de ‘tutti quanti’ que reclama el FMI para firmar un acuerdo ‘heterodoxo’, no cuenta con salud suficiente.

El “debate por las candidaturas, del último concejal hasta el presidente”, que anunció el AF por su cuenta, parece un intento de abolir el dedo de la Vice, y al mismo tiempo una dilación de la ruptura con el cristinismo, al menos en 2022. Una especie de emancipación de la tutela materna, a la que reculó luego de las Paso. El Presidente excluyó del ‘diálogo’ a Macri y a Milei, para tirar un anzuelo a su socia, y en el camino dinamitó el entendimiento con el larretismo. AF no estará todavía en la cuerda floja, pero al menos se hamaca en el columpio.

La ‘movida’ de ayer fue inferior a la del 17 de octubre pasado, que fue menor a su vez de las que convocaba el kirchnerismo hasta 2015. El Día del Militante no sirvió como prenda de unidad para nadie. El 2022 no pinta como un año de ‘tregua’ entre dos comicios, sino como un año de riña entre todas las facciones políticas de la clase patronal. El acuerdo con el FMI, que pretende liberar a las fuerzas productivas de los grilletes del ‘cepo’, es visto por sus propios autores como un remedio que va a abortar la llamada ‘recuperación’ de la economía. Como se trata de un acuerdo de ‘desendeudamiento’, no servirá para sustiuir la financiación ‘inflacionaria’ por otra ‘genuina’. Quienes fogonean con ímpetu ese acuerdo son los que más insisten en sus efectos recesivos e inflacionarios. Solamente una recesión podría ser el resultado de una devaluación del 30/50% del peso, salvo que se prefiera una hiperinflación. El régimen cubano probó este remedio a comienzos de año, sólo para provocar una tendencia a la rebelión popular que opera como una gigantesca olla de presión en la Isla.

Oficialistas y opositores han convertido al espacio público en el escenario de la crisis de régimen político que unos y otros sostienen. Ese es el significado del chorro de votos que ambos perdieron en las elecciones recientes, hacia la abstención y la derecha, fundamentalmente, pero con suficientes brechas como para que la izquierda democrática ingresara en los Concejos del conurbano, y consagrara a uno de los tres diputados en disputa en Jujuy. Vistas las divisiones que se pusieron en evidencia con mayor fuerza al cerrarse las urnas, la fragmentación patronal tiene un camino para recorrer. El izquierdismo parlamentario enfrenta una prueba crucial, debido al seguidismo con que ha actuado hasta ahora – largamente denunciado y caracterizado desde estas páginas.

Las referencias de Fernández a los empresarios, la industria e incluso la “seguridad”, fue interpretado por los medios como un “discurso a la clase media”. En especial cuando se refirió a “terminar con los planes”. Zabaleta, el ministro encargado del tema, ya ha dicho que pretende obligar a los desocupados a desempeñarse como mano de obra regalada para las patronales agrarias y las Pymes. Para eso incluso, deberá reactivar la economía, que hoy trabaja, en promedio, con menos del 70% de la capacidad instalada. La burocracia de la CGT no solamente reclama el acuerdo con el FMI, sino por sobre todo la desregulación del mercado laboral por medio de los acuerdos paritarios con las patronales.

“Triunfar no es vencer” sino sobrevivir

Fernández echó un párrafo a la controversia sobre el resultado de las elecciones. Dijo que no se trata de vencer sino de no darse por vencido, repitiendo los versos de Almafuerte, que oyó en la escuela primaria. La imagen es poderosa, pero para no darse por vencido hay que empezar por reconocer la derrota. Todo depende, por otra parte, de la causa y razones de la lucha empeñada, en este caso pagar la deuda pública a los usureros y firmar un acuerdo esclavista con el FMI. Tolosa Paz, luego, en TN, dió otra versión del asunto: vencer, dijo, es cuando uno que esperaba un nocaut y es derrotado por puntos. El nivel intelectual de la polémica política y de la política misma se ha convertido en chabacanería.

Es la decadencia de la decadencia. Una crisis terminal.