Kirchnerismo y FMI, un juego con las cartas marcadas

Escribe Marcelo Ramal

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Con menos ruido del que produjo la renuncia de Máximo Kirchner, el gobierno sigue tejiendo la trama del acuerdo fondomonetarista. Por un lado, es muy claro que el tarifazo se extenderá bastante más allá de los barrios privados, como lo empieza a revelar el propio gobierno. Más allá de la luz y el gas, se puso en marcha la "provincialización" de los subsidios al transporte, lo que podría llevar a un aumento colosal del boleto en la CABA. Por el otro, Fernández-Guzmán están abocados a cerrar la crisis del bloque parlamentario oficialista, o en última instancia, limitar a una docena de diputados los votos en contra del acuerdo. Germán Martínez, el nuevo presidente de bloque, afirma haber entrevistado a 100 diputados del FdT para persuadirlos de votar a favor. Más importante que eso es que está diseñando una estrategia –“unidos pero con debate”- cuyos resultados se pueden adivinar: el representante de Fernández-Guzmán en la cámara reclamará votos positivos admitiendo “críticas” verbales en el recinto, o, eventualmente, disidencias “en particular”. La mayor contribución a esta estrategia la está haciendo Cristina Kirchner, con su silencio. Alberto Fernández, desde China, se animó a anunciar la venia de la vicepresidenta "al voto positivo" -lo hizo, según se informa, después de conversar con ella. La camarilla kirchnerista, y los intereses capitalistas ligados a ella, no tienen en la mano otra carta que la del acuerdo fondomonetarista. Los pulpos petroleros llevados a Vaca Muerta por CKF y Kicillof son los primeros interesados en el tarifazo; lo mismo ocurre con otro “allegado” a Cristina, el consejo Agroexportador.

Más allá de estos lobbys capitalistas, los que se encargan de recordarle a Cristina en qué plato debe colocar los pies son los jueces de la Corte Suprema, árbitro final de las causas en su contra. Las tratativas en pos de la “unidad”, que no es otra cosa que el aval al acuerdo con el FMI, tienen este telón de fondo.

(No) hay 2023

Quienes tuvieron el mérito de revelar el carácter de las disidencias kirchneristas han sido las organizaciones que se reunieron en San Martín el sábado pasado, para denunciar “el ajuste” que sobrevendría como resultado del acuerdo. No les dio, sin embargo, para señalar el monumental despojo ya perpetrado en estos dos años contra salarios y jubilaciones, preparando el terreno de las exigencias del FMI. Entre los presentes, se encontraban dirigentes de ATE Capital, del sabatellismo y del sindicato del subte. La consigna central del encuentro fue “No hay 2023”. Los dirigentes presentes abordaron la crisis como consultores electorales, y no como representantes de organizaciones obreras. En 2018, el kirchnerismo sindical acuñó el slogan “hay 2019”. Era la señal de que no se debía terminar con el macrismo por medio de la huelga y la acción directa. Ahora, la advertencia de la derrota electoral anticipada es una forma de declarar al ajuste como hecho consumado, y no luchar contra él. Los sindicalistas K actúan como el presidente del bloque del FdT: le pide a sus diputados “criticar” y “denunciar”, sin sacar los pies del plato. En los "pronunciamientos" críticos de los K “antiacuerdistas”, no existe ningún llamado a la deliberación, a la lucha, a la organización de congresos o plenarios de delegados, siquiera en sus propias organizaciones. Los dirigentes críticos tampoco han salido al cruce de las paritarias docentes o estatales, que comienzan a delinearse en los términos del FMI.

Pero los abanderados del “apoyo crítico” al gobierno quieren resolver una cuadratura del círculo. La andanada tarifaria y devaluatoria es un pasaporte a la conmoción social y a la rebelión popular. Curándose en salud, los trumpistas argentinos han salido a agitar la prohibición de los piquetes. El proyecto que presentaron en la Legislatura porteña es una copia del que prohijó, hace dos años atrás, un concejal colombiano, con “protestódromo” incluido. Tiempo después, una huelga general transformó a toda Colombia en un piquete. Argentina marcha en ese rumbo, que es el que debemos abonar con la agitación y la organización: para luchar contra el acuerdo fondomonetarista, necesitamos un congreso de trabajadores, de delegados, activistas y luchadores, que prepare la huelga política de masas contra la confiscación a los trabajadores y contra sus gobiernos.

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