Basta de acoso y maltrato a las trabajadoras

Escribe Corresponsal

En las oficinas comerciales de Personal Telecom.

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Si bien el desarrollo de la lucha por parte de las mujeres por acabar con la misoginia y la violencia es tratado en los medios de comunicación, ciertos aspectos de esa opresión son profundamente ignorados. Nos referimos a la misoginia en los lugares de trabajo.

En Telecom-Personal es habitual que supervisores y responsables presionen a las y los compañeros tras el velo de humoradas misóginas para dejar satisfecho al cliente, y así alcanzar métricas de “calidad” que la propia empresa no garantiza mediante el servicio; es toda una metáfora de lo que sucede en los lugares de trabajo. La justificación como si fuera un chiste, o pretendiendo complicidad entre iguales, quiere desconocer la relación de poder existente en medio.

La exigencia de tolerar la agresión y “satisfacer” al cliente, sin importar la integridad personal del trabajador, es exacerbada en el caso de las mujeres trabajadoras. Pero esto no surge del cliente, sino de la propia patronal que naturaliza el maltrato como parte de la relación laboral. El jocoso o jocosa de turno personifica este poder patronal.

Los trabajadores debemos tolerar muchas humillaciones. En el caso de las mujeres el maltrato es doble: como trabajadora y como mujer. La “convivencia” con los maltratos es un medio para reforzar el yugo sobre el trabajador, minando su capacidad de respuesta.

Muchas compañeras soportan estos comentarios mientras atraviesan violencia de género con perimetrales y exparejas haciéndose presentes en la puerta de las oficinas. Los ataques a nuestras compañeras significan el refuerzo de toda opresión que sucede en el lugar de trabajo. Que las trabajadoras no tomen licencias ante la violencia doméstica no tiene más explicación que la pérdida salarial que significa no realizar ventas.

La llamada “orientación al cliente” utiliza las calificaciones del cliente contra el trabajador, responsabilizándolo por el servicio deficiente o las ventas engañosas, que son responsabilidad empresarial. De esta manera, afectan nuestro salario por medio de ítems variables atados a objetivos por ventas, presentismos y calificaciones.

Plantarse frente a estos abusos por parte de supervisores y jefes es un condicionante para pedir traslados, favores, o en la distribución de categorías… que ejercen a dedo estos mismos “mandos medios”. La complicidad de supervisoras y jefas revela que la solidaridad o sororidad debe partir de iguales, entre compañeros.

Los sectores feministas o de género cooptados por la burocracia sindical encubren estas situaciones. Saben que cuando las trabajadoras se plantan ante el maltrato están cuestionando el monopolio del poder y control del lugar de trabajo por la patronal.

Defendemos el derecho de las y los trabajadores a reunirse y debatir sobre la situación específica de las mujeres. Las “charlas” deben convertirse en ámbitos de debate de las reivindicaciones particulares de las mujeres y la madre de todas las reivindicaciones para responder de conjunto compañeras y compañeros: un salario que permita sostener a la familia sin necesidad de presentismos, premios o comisiones. Con los niveles salariales actuales, ¿cómo puede una compañera alejarse de su pareja violenta, si no puede pagar un alquiler?

Todas estas denuncias surgen de las recorridas y las charlas con las y los compañeros de las comerciales, por eso, a partir de este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, convoquémonos en una asamblea que discuta cómo poner límites a la violencia en el lugar de trabajo y cómo organizarnos para enfrentar el maltrato en casa.