El Partido Obrero ante el Congreso de Unidad Nacional y el programa de los 26 puntos de la CGT

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El documento que acompañamos a continuación -“El Partido Obrero ante los 26 puntos de la CGT”- fue entregado a la central obrera y hecho público en febrero de 1986, cuando la CGT de Ubaldini convocó al PO como parte de una ronda de entrevistas con el conjunto de los partidos políticos. El PO se sirvió de esta convocatoria para presentar un programa y una perspectiva ante el conjunto de la clase obrera, y establecer una clara delimitación política con la burocracia sindical. La publicación del documento es oportuna cuando el aparato partidario malversa la trayectoria del PO y alega una “continuidad histórica” para justificar su actual cortejo con la CGT. El presente texto puede consultarse en el libro “La estrategia de la Izquierda en Argentina”, de Jorge Altamira.

Desde la convocatoria al paro general del pasado 24 de enero (de 1986), la CGT viene siendo objeto de un implacable ataque por parte del gobierno y de los más diversos medios patronales. La línea general de este ataque, que algunos representantes patronales realizan en forma directa y que otros prefieren recubrir por un tiempo bajo la formalidad del "diálogo", pasa por la denuncia de la convocatoria al Congreso de la Unidad Nacional y del programa de 26 puntos de la CGT a los que se caracteriza como un intento de sustituir a las instituciones del Estado, como un planteo de tipo corporativista que pretendería pasar por encima de los partidos y del congreso nacional. Y. finalmente, como un conjunto de propuestas "irresponsables" que aislarían a la Argentina de la "comunidad internacional". La preocupación de los explotadores, de sus representantes políticos y del gobierno resulta clara: se teme que la CGT -organización de masas de la clase obrera- tome el destino político y social de los trabajadores en sus manos, como la forma fundamental de lucha contra la degradación brutal a la que los condena la explotación conjunta del imperialismo y del régimen capitalista. Todo el núcleo del ataque de los "sabios" políticos, periodistas y economistas burgueses se reduce a esto: la clase obrera no debe "sacar los pies del plato" del presente régimen político, que asegura la dominación sin falla de la patronal contra el conjunto de la población laboriosa. Las masas trabajadoras ya han hecho su experiencia con las instituciones de este Estado capitalista que, aplicando su poder de coerción, está imponiendo al conjunto de la población laboriosa el pago de una deuda externa que no contrajo y que sirvió para esquilmarla en un grado extremo. Las "instituciones del Estado" han servido para reducir el salario real en porcentajes históricos y lo mismo ha ocurrido con el empleo. El famoso congreso nacional ha sido la hoja de parra de esta política de entrega y hambreamiento, actuando como un cero a la izquierda en el tratamiento de las cuestiones fundamentales del país, o avalando rastreramente las exigencias de los grandes capitalistas o las de los representantes del anterior régimen militar. El paro general del 24 de enero pasado, que tuvo una masividad sin precedentes, ha sido precisamente una movilización contra el Estado capitalista, no importa que aún muchos trabajadores no tengan en claro esto desde un punto de vista subjetivo. ¿Corporativismo? El gobierno y los representantes patronales no saben de lo que hablan, o más bien están engañando alevosamente. El corporativismo programa de alcance nacional, que será discutido por la mayoría de los trabajadores. El impasse político y social del presente régimen burgués democratizante es completo y esto anuncia que se plantea un período de tremendas luchas y de crisis revolucionarias. Lo peor que le podría pasar a la clase obrera es entrar en un período de esas características sin un programa que le sirva de estandarte y objetivo, es decir, como factor de reagrupamiento. Esto fue lo que ocurrió en la gran crisis de 1975, cuando la clase obrera protagonizó una gigantesca huelga general sin un programa político de conjunto. El solo hecho de que la CGT haya ofrecido al debate de los trabajadores un programa de alcances políticos es razón suficiente para que haya desatado las iras de los políticos burgueses y pequeño-burgueses. El Partido Obrero considera imprescindible destacar la necesidad de que la clase obrera encare el próximo período de grandes luchas con un programa político, pues éste es el único que puede dar una respuesta a los problemas planteados por la descomposición capitalista.

La deuda externa

Es positivo que la "propuesta nacional" de la CGT comience con el tratamiento de la deuda externa, esto porque de la solución radical de esta cuestión depende el destino de gran parte de las reivindicaciones inmediatas de la clase obrera. La propuesta de la CGT está, sin embargo, lejos de esa solución radical y plantea el riesgo de que todo el planteo termine en una frustración. La CGT reclama "una moratoria para el pago de los servicios de la deuda externa", es decir que reconoce la legitimidad de ésta y la obligación de los trabajadores de destinar una parte de los salarios para pagarla. La deuda externa, sin embargo, en nada ha contribuido para el desarrollo nacional, no digamos para el bienestar popular. Los intereses ya pagados, las concesiones hechas al imperialismo y la fuga de capitales al exterior por 35.000 millones de dólares, significan que se ha pagado holgadamente y en exceso la deuda externa. La transferencia de ingresos de los trabajadores al capital, desde 1975, es del orden de los 100.000 millones de dólares, es decir que existe una enorme deuda del imperialismo y los capitalistas nativos con nuestras masas trabajadoras. Reconocer la deuda externa y comprometerse a su pago es condenar a los trabajadores a la miseria en beneficio del parasitismo capitalista. La CGT debería plantear el no pago de la deuda externa. La CGT fundamenta la moratoria en función de una situación de emergencia, para aplicar los fondos a la reactivación económica. Pero el simple reconocimiento del pago futuro de la deuda condena de antemano a esta reactivación, que se reduciría a una recomposición de la riqueza nacional destinada al pago de la deuda externa. De otro lado, la reactivación es inconcebible sin una reorganización social, cosa que el programa de la CGT reconoce en otros puntos. Pretender encarar la reactivación con una hipoteca de 50.000 millones de dólares y pretender la reorganización social del país, sin afectar el derecho de los acreedores capitalistas a seguir expoliando a la nación, es marchar hacia un callejón sin salida. Con el repudio de la deuda externa, los grandes capitalistas apenas cancelarían una ínfima parte de la deuda que han contraído con los trabajadores por la confiscación brutal a la que éstos fueron sometidos. Queremos observar que el texto no habla de una moratoria unilateral, es decir que se puede entender también como moratoria que pactaría con los propios acreedores, y esto ya está ocurriendo en la mayor parte de los casos. Ni qué decir que esto agravaría aún más toda la situación existente. Para la CGT se estaría viviendo una situación de "emergencia" ~es decir, coyuntural y no estructural-. De acuerdo a esto, la moratoria serviría para superar el momento y volver a una situación "normal". El Partido Obrero no comparte esta apreciación. La crisis del capitalismo es estructural -hay 60 millones de desocupados en los países imperialistas y cerca de 500 millones de desempleados en los países del tercer mundo-. La curva general de la economía capitalista es descendente; en nuestro propio país esta situación de emergencia dura ya, por lo menos, 12 años. Para sacar a la nación del marasmo es necesario partir hacia un ataque a fondo contra el gran capital y que la clase obrera tome el control real de la economía mediante enérgicas medidas de nacionalizaciones (expropiaciones). Sólo con esta reorganización social Argentina puede salir adelante. Pero esto es incompatible con la dominación de los acreedores capitalistas y con el imperialismo en su conjunto. Desde ya que una "moratoria unilateral" de la deuda externa, con sus graves limitaciones, no sería tolerada por los capitalistas. Será respondida por la fuga de capitales y el boicot económico. Es decir, que si se plantea de un modo consecuente la moratoria unilateral conduce a una lucha a muerte contra el capital; por el contrario, una política de conciliación de clases deberá conducir al fracaso y al abandono de la moratoria. En definitiva, hay que plantear el no pago de la deuda externa y no emplear fórmulas intermedias para captar adhesiones inconsistentes y sin voluntad de lucha, que están condicionadas, precisamente, a que el movimiento obrero no haga nada en forma consecuente.

La “patria financiera”

La CGT denuncia "a un sistema financiero... que desestabilizó a todo el sistema productivo a través de la especulación y de la concentración del crédito", y propone la "nacionalización de los depósitos bancarios". La propuesta, a pesar de ser antigua y conocida, no deja de sorprender: se denuncia el parasitismo de la banca y se propone nacionalizar a los ahorristas, pero no expropiar a los banqueros. Se pretende orientar el crédito sin nacionalizar la banca. El planteo es una contradicción viviente y sólo puede conducir al fracaso. Existe una experiencia muy clara al respecto y en un período en que la crisis era un poroto comparada con la crisis actual. El sistema de "nacionalización de los depósitos" (1946-55) condujo a una creciente inflación y a un completo despilfarro, y cuando la penetración del capital financiero no era tan intensa como la actual. La CGT no señala que la banca en Argentina está en quiebra y que embolsa extraordinarias ganancias, gracias a que está sostenida por el Banco Central y a los intereses usurarios que obtiene. Nacionalizar los depósitos significa asumir directamente la cartera de incobrables de la banca, sin tocar un ápice el negocio de la banca misma. Sería una operación de rescate del capital bancario, y no una liquidación del parasitismo del capital financiero. El Partido Obrero plantea la protección del pequeño ahorrista y la garantía de sus ahorros, y la expropiación de la banca, tanto nacional como extranjera. Esta es una medida indispensable contra la fuga de capitales que provocará cualquier moratoria consecuentemente aplicada.

Comercio exterior y la industria

No pretendemos agotar el análisis de los 26 puntos del programa de la CGT, sino tocar los fundamentales. Es sorprendente, pero la CGT no plantea la estatización del comercio exterior, sino por el contrario "estimular" el comercio exterior sobre su base actual, completamente dominada por los grandes monopolios. Es decir que se pretende imponer una moratoria y confiar a los pulpos nacionales y extranjeros la defensa del comercio exterior del país. Se trata de un verdadero despropósito que exacerba las contradicciones del programa de la CGT. El comercio exterior es una de las principales vías de la fuga de capitales (como lo denunciara la Aduana). A través del comercio exterior se obtienen las divisas de las que depende el comercio internacional del país. Ninguna reorganización profunda, con vistas a salir del marasmo económico, es posible si las divisas y los beneficios del comercio exterior quedan en manos de un puñado reducido de monopolios ligados a la banca internacional. El programa de la CGT plantea la defensa de las empresas estatales, sin mencionar que gran parte de ellas se han transformado en dependientes de monopolios nacionales y extranjeros. Es decir que no plantea la nacionalización integral de las industrias clave y de recursos naturales, lo que supone la expropiación del capital privado que se ha desarrollado considerablemente y que forma la columna vertebral de los "capitanes de la industria". Pero sin nacionalización de la gran industria, ¿cómo se pretende reactivar la economía nacional? De acuerdo con el programa cegetista, lo haría el capital privado, el que sin embargo despide obreros en masa, plantea la "racionalización" y no la expansión de la industria, reclama la privatización de las empresas estatales, tiene 35.000 millones de dólares en el exterior y está en contra del programa de la CGT. El solo hecho de que el programa no plantee la expropiación de la gran industria estratégica condena por sí solo el planteo de la reactivación económica.

Desocupación y salarios

La CGT apenas menciona el flagelo de la desocupación; en su programa no ocupa casi ningún lugar: ¡qué sorprendente en una central obrera! La CGT se propone un vago "aumento de los niveles de ocupación", mediante apoyos fiscales y crediticios a los capitalistas. Es evidente que, por esta vía, no hay solución para los tres millones de compañeros entre desocupados y semiocupados. Nuevamente, esto depende de un enérgico programa de expansión económica que el capitalismo en crisis es incapaz de asegurar. La primera medida contra la desocupación es la nacionalización de las industrias clave. En materia de salarios los 26 puntos repiten la política de la CGT de no plantear un reclamo concreto, apenas se habla de una "retribución justa". Sobre esta base no se puede ir muy lejos en una lucha sostenida, y sin ésta no habrá "recuperación salarial". El Partido Obrero plantea un salario igual al costo de la canasta familiar, es decir, indexado. Al mismo tiempo entendemos esta lucha salarial no como algo en sí, ya que en este caso el salario sería devorado por la crisis capitalista, sino por una reivindicación que se integra a la lucha por el conjunto del programa político que debe levantar la clase obrera para conquistar el poder y proceder a la reorganización socialista de la sociedad.

Qué se pretende

Lo repetimos: no nos proponemos el análisis completo de los 26 puntos, sino de lo más sustancial. De él se desprende que este programa no traza una perspectiva realista de salida a la presente crisis y que, por lo tanto, es una guía muy insuficiente para la clase obrera en la presente situación histórica. Pero en la introducción a los 26 puntos, el programa de la CGT presenta sus reivindicaciones, no como un programa para "combatir al capital" sino "en defensa de la producción y el trabajo argentino", es decir, como una política a ser llevada en común por la gran patronal proimperialista que controla el 50% de la "producción argentina". La CGT se dirige a "todos los componentes de la comunidad nacional", es decir, a los banqueros y a los terratenientes incluidos, y no excluye al propio capital imperialista, ésto porque habla de "superar el chaleco de fierro (del) monetarismo internacional" (es decir que no se enfrenta' a explotadores de carne y hueso, sino a una escuela de la teoría económica). Ni qué decir que se señala la aspiración de que el gobierno coincida con los 26 puntos. Este es el significado del llamado a la "unidad nacional". No a una "unidad nacional" de los explotados contra el imperialismo, bajo la dirección de la clase obrera, sino a una conciliación de clase con los explotadores y saqueadores, sin ninguna conciencia de la amplitud y profundidad de la descomposición alcanzada por el régimen capitalista. Esto no lleva a ninguna parte; peor, lleva a una enorme confusión. El Partido Obrero denuncia esta frustración, a la que responde mediante su contribución crítica y el planteo de un programa coherente, es decir, revolucionario. Es también en esta dirección que impulsaremos toda iniciativa de lucha de los trabajadores a partir de los elementos parciales y aislados progresistas de los 26 puntos. Es que el programa de la CGT no tiene ninguna chance de realización, esto porque no corresponde a la realidad del capitalismo en descomposición, supone por el contrario (superada la "emergencia") un florecimiento de éste.

Que intervengan los trabajadores. Plan de lucha

El programa adolece de un defecto capital: no habla de los medios de lucha necesarios para imponer el programa, a pesar de que deja traslucir su sospecha de que la. "unidad nacional" que preconiza no tenga efecto. Es por esto que en el programa no se habla de la huelga general, de las ocupaciones de fábrica, de los piquetes, es decir, del conjunto de métodos de acción del proletariado para imponer sus objetivos, quebrar la voluntad patronal y preparar el camino para su propio gobierno. Es decir que el programa carece de un plan de lucha, que precisamente debe ser discutido en un congreso general, y no en otro "sindical", porque su victoria depende de la intervención de los partidos obreros y revolucionarios y de las otras clases oprimidas y sus representantes y organizaciones sindicales y políticas. El congreso de la unidad nacional está concebido con la participación de las cúpulas de las distintas clases y partidos. Es decir que no participará la masa de la clase obrera a través de sus delegados. Sin embargo, esta masa vale millones de veces más que todas las cúpulas patronales que concurran al congreso. La importancia del programa de la CGT, por defectuoso que sea, es que pueda ser comprendido, discutido y corregido por la masa de los trabajadores. Para que éstos se empeñen en una lucha a fondo es necesario que participen en la elaboración de los objetivos. Solamente mediante una clara discusión política entre los trabajadores se podrá establecer una base granítica para la acción. El Partido Obrero señala esta limitación fundamental y hasta decisiva, y llama a la CGT a convocar a todos los trabajadores a concurrir al congreso de la unidad nacional, por medio de delegados elegidos en asamblea.

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