Miguel Osvaldo Etchecolatz: la muerte de “La Muerte”

Escribe Eduardo Molina

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La descripción de Jorge Julio López ante el Tribunal Oral Federal 1 (TOF1) de La Plata, en junio de 2006, cuando el chacal era juzgado, resuenan hoy con toda su fuerza: “Era un asesino serial, no tenía compasión”.

Etchecolatz fue el Director General de Investigaciones de la Policía Bonaerense entre marzo de 1976 y 1977. Mano derecha del ex General Ramón Camps, fue uno de los arquitectos de la represión estatal bajo la dictadura militar y del “Circuito Camps”, donde se diseñó y organizó a los grupos de tareas que secuestraron, torturaron y asesinaron a cientos de jóvenes y trabajadores en 21 Centros Clandestinos de Detención distribuidos en 9 partidos de la provincia y varias maternidades clandestinas. Etchecolatz coordinó, junto con la Jefatura de la Policía y el Batallón 601, el secuestro y desaparición de los estudiantes de La Noche de los Lápices el 16 de septiembre de 1976; el 24 de noviembre del 76, después de un asalto militar a la casa Teruggi-Mariani, secuestrarían a Clara Anahí Mariani, nieta de Chicha Mariani, fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo, de quien Etchecolatz diría en 2011 conocer su paradero y nunca lo reveló. En 1997, el genocida publicaría el libro “La otra campana del nunca más”, donde reflejaría con total crudeza la mentalidad asesina de los genocidas: “Nunca tuve ni pensé, ni me acomplejó culpa alguna… ¿Por haber matado? Fui ejecutor de la Ley hecha por el hombre. Fui guardador de preceptos divinos. Por ambos fundamentos, volvería a hacerlo” (pag, 124).

Etchecolatz fue condenado a 9 prisiones perpetuas por crímenes de lesa humanidad y se encontraba cumpliendo condena en la unidad 34 de Campo de Mayo.

Jorge Julio López

El testimonio de Jorge Julio López en el juicio contra Etchecolatz en 2006 fue central para condenar al genocida. Su segunda desaparición, el 18 de septiembre, antes de que se leyera la sentencia, puso de manifiesto los lazos que unen al aparato represivo de ayer y de hoy.

El gobierno de Néstor Kirchner y la justicia nunca investigaron la conexión entre el aparato represivo y la desaparición de López. El hoy ministro de Seguridad Aníbal Fernández, dijo que López podía estar "en la casa de la abuela". En 2014, en el marco del juicio del centro clandestino de detención La Cacha, Etchecolatz con la impunidad que le dio el Estado, se mostraría con un papelito en sus manos donde escribiría el nombre de Lopez. Una provocación a luchadores.

Las condenas a Etchecolatz y a los genocidas han sido arrancadas por una lucha tenaz de más de 46 años de las víctimas del genocidio, los organismos de DDHH y los trabajadores. Esa lucha aún se encuentra con un muro infranqueable por parte del Estado que guarda todos los archivos de la Dictadura.

Etchecolatz murió manteniendo un pacto de silencio, sin decir donde están Jorge Julio López ni Clara Anahí, ni los compañeros que secuestro, asesino y torturo

Ha muerto “La Muerte”, cumpliendo condena en una cárcel común, a la cual llegó por la lucha de los trabajadores, a pesar de los gobiernos.

No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos.

Cárcel común a todos los genocidas.

Jorge Julio López, Clara Anahí, 30 mil compañeros detenidos desaparecidos, PRESENTES.

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