Cristina Kirchner entrega el gobierno al candidato de Washington

Escribe Jorge Altamira

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Sergio Massa decidió resignar el objetivo extremo de ocupar la jefatura de Gobierno y debió transar un loteo del gabinete con Cristina Kirchner. La Vicepresidenta se resignó a la componenda cuando le avisaron que el FMI no avalaría la continuidad del fracasado acuerdo con Marín Guzmán; que el ‘dólar-soja’ confeccionado por el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, era una criatura deforme; y que la corrida hacia los contratos de cobertura frente a una devaluación se hacían a una tasa del 150% anual. A pesar del llamado a los botes de emergencia, consiguió sin embargo quedarse con la estratégica secretaría de Energía y con la Afip, además, claro, del resto de los ministerios que no se llevó Massa. Miguel Pesce se dio vuelta como un guante y aumentó los rendimientos financieros al 80/100 por ciento anual, que le había negado a Martín Guzmán. Los legionarios de la causa ‘nacional y popular’, como Juan Grabois y Pérsico y Navarro, han decidido, según parece, tomarse una pausa de reflexión, antes de abrir la boca. Preventivamente, no acompañaron la marcha de la Unidad Piquetera que tuvo lugar el jueves 28, y desandaron el proyecto de castigar a la exposición rural de Palermo.

La designación de Massa para dirigir un superministerio de Economía suscitó la suba de bonos en default y una baja modesta del dólar paralelo. Se adelantaron de este modo a la suba de los intereses de todos los mercados financieros, como la Leliq, los pases y los depósitos bancarios, como había ocurrido un día antes con los títulos en pesos del Tesoro nacional. Para contener la fuga de los acreedores aumentaron el rendimiento de la deuda. El procedimiento es conocido como “el esquema Ponzi”, que hoy tiene preso, por defraudación a sus clientes, a un individuo que se llama Cositorto. Como disculpas para el gobierno, hay que señalar que es lo mismo que están haciendo los bancos centrales en todo el mundo, para mayor alegría de bancos y las distintas variantes de fondos financieros. La consecuencia la señaló ayer la oficina estadística de EEUU cuando anunció el comienzo de la recesión en ese país.

Sergio Massa pretende convertirse en un “mister dólar”. El objetivo que le atribuyen todos los medios de información, sin excepción, es colmar las reservas del Banco Central con, por lo menos, 2.500 millones de dólares. Para eso procederá a una devaluación que los ‘nacionales y populares’, como con otras tantas cosas, aseguraron que nunca harían. El desdoblamiento cambiario está en boca de toda ´la City´, aunque se encuentra impugnado por el FMI. No se conoce aun su forma exacta, pero crearía un mercado de cambios para los flujos financieros, de entrada y salida, al lado del comercial, con una diferencia de cotizaciones entre uno y otro que no debería ser superior al 40 por ciento. Esto necesitaría una megadevaluación del comercial y una baja de la cotización de lo que es hoy el llamado “contado con liqui”, que está a 330 pesos el dólar. Las consecuencias sobre los precios internos y sobre el nivel de actividad serían, al menos en una indefinida primera etapa, demoledores. Cualquier alternativa a esta opción dejaría la situación en el mismo estado que la dejaron Guzmán y Batakis.

De acuerdo, sin embargo, a una estadística menos difundida, el peso argentino está sub-valuado. El Big Mac cuesta en Argentina 590 pesos, mientras que en Estados Unidos se vende a 5,15 dólares, o sea a alrededor de 700 pesos, de acuerdo a la cotización del dólar oficial. De modo que en lugar de una devaluación necesitaría lo contrario – una revalorización. La anomalía tiene que ver con que el dólar cotiza en Argentina a una tasa mayor debido a la insolvencia del Estado – no al balance comercial, que hasta ahora ha registrado, precisamente por eso, un saldo a favor de 15 mil millones de dólares, a pesar de que se importa para stockear. La insolvencia del Estado, por una deuda pública y semi pública de alrededor de 500 mil millones de dólares, genera una salida ininterrumpida de divisas y una inversión privada nula. Cuando se resta al balance comercial las necesidades financieras del Tesoro, el tipo de cambio sube mucho contra el peso, porque debe proveer fondos por medio de impuestos o retenciones, que están lejos de aportar para enfentar el déficit total del Tesoro, ni hablar de la amortización de la deuda. La insolvencia del Estado hunde al peso en el mismo momento en que las relaciones de intercambio han sido favorables a Argentina hasta la reciente explosión de los precios del gas. Una devaluación aplicada a una moneda que se encuentra subvaluada es echar nafta al fuego.

Este es, sin embargo, el camino que han decidido emprender los Fernández y los Gobernadores e Intendentes peronistas, con el aplauso incluido de la oposición macrista. El asunto es cómo se compatibiliza esto con el declarado objetivo de compactar al gobierno para ganar las elecciones de 2023. Como el rumor atribuye la designación de Massa a un apoyo del Tesoro norteamericano, se especula que haya un respaldo financiero del exterior – una variante improbable de parte del gobierno que tiene el mayor déficit comercial del mundo y la tercera deuda pública en relación al PBI. El imperialismo norteamericano está en declinación. El FMI, por su lado, agotó su cuota de respaldo financiero con el préstamo impagable que otorgó a Macri. Incluso China está siendo castigada por la cadena de defaults por los préstamos que dio a varias naciones de Asia.

El superministerio que recibe Massa no altera el loteo del gobierno, en especial con referencia al poder institucional y extrainstitucional de Cristina Kirchner. Massa cree haber subido al peldaño que lo podría convertir en el próximo presidente constitucional. No hay una evidencia de que CFK haya canjeado ese lugar por una hipotética gobernación futura de la provincia de Buenos Aires, que le permita conservar fueros frente al Poder Judicial. Kicillof, chirolita de la Vicepresidenta, sigue despotricando, aun despúes del loteo con Massa, contra desdoblamientos devaluatorios y contra los “formadores de precios”. La disputa por la sucesión de Alberto Fernández está más que nunca en el candelero, luego de que una encuesta descubriera la posibilidad de que el FdT pierda frente a JxC en primera vuelta. Porque la cuestión del poder consiste hoy en el oficialismo en quién podría producir un agrupamiento de fuerzas para seguir gobernando y de este modo disputar las elecciones previstas. Un ´éxito´ de Sergio Massa equivaldría a un fracaso para Cristina Kirchner. Advertidos de este contratiempo, los dos campos enfrentan la necesidad de una negociación de éxito dudoso. La burocracia sindical ha dado el acuerdo al loteo del gabinete con Massa y defiende la continuidad en Trabajo del albertista Moroni. Una de dos: Massa se queda con la sucesión gubernamental, poniendo fin al kirchnerismo, o su fracaso sepulta el último recurso de supervivencia del gobierno.

La situación argentina gira toda en torno a una cuestión de poder, menos para el FIT-U, cuya política se divide entre “las luchas”, por un lado, sin dirección política, y la disputa interna con vistas a las elecciones de octubre del año próximo. Tiene la expectativa, que los sondeos de opinión pública aún no han registrado, de aumentar sus bancas en una elección ejecutiva. Entiende que, de este modo, se establecería una “polarización” política. Estamos ante un inmovilismo disimulado. La situación política para agosto-octubre de 2023 será condicionada por el desenlace de la operación loteo Massa-CFK y por la acción política de las fuerzas en presencia – y naturalmente por la guerra de la Otan contra Ruisa y crisis financiera internacional. La preparación para las Paso de agosto y las generales de octubre, como ocurre con el FIT-U, ni siquiera disimula un inmovilismo estructural.

Los sobrevivientes del gobierno enfrentan el temor por una sublevación obrera a golpes de conciliaciones obligatorias, y a la colaboración de la burocracia sindical en la firma de convenios por debajo de la inflación que no deja de crecer. Los ‘renovadores’ del sindicalismo, como el flamante secretario general de la UOM, Abel Furlan, replican a los Grabois de la economía popular – algún ruido y ninguna nuez. Hacen el aguante a los que operan arriba de ellos, sin otro recurso a mano. Se reúnen las condiciones para un obrerazo. Este es el mensaje que viene de los obreros del limón en Tucumán, de la gran huelga de la docencia y la salud en Mendoza, de las huelgas en las minas, de las broncas en aumento en las fábricas y de la politización creciente en las barriadas.