El escenario político y el explosivo escenario social

Escribe Jorge Altamira

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Una semana después de las PASO, Javier Milei sigue al frente de las tendencias de voto para las generales de octubre. De acuerdo al columnista de La Nación, Jorge Liotti, el ‘libertario’ habría impuesto su “agenda discursiva” acerca de la dolarización; en una confrontación entre tres, Milei no dependería de quién de los otros dos se convierte en su desafiante principal. La observación es interesante, pero provisional. En las elecciones recientes en España, con un escenario de ascenso incontenible de la derecha y la ultraderecha, el resultado final le dio la victoria política al PSOE – el único que quedó en condiciones de formar gobierno; de no lograrlo habría que ir a nuevas elecciones. En el recuento final, el impulso de la ultraderecha se convirtió en una pérdida de la mitad de sus votos anteriores. El giro obedeció a una sacudida del electorado que no había ido a votar, que vio con terror la posibilidad de un gobierno ultrafranquista.

El improbable giro a la española

Sergio Massa fantasea con un viraje similar en Argentina. Los grandes medios lo denuncian de atizar “el miedo” (a un gobierno protofascista), sin preguntarse, claro, si no hay algo que temer. Pero entre Massa y el español Pedro Sánchez hay una diferencia, menor pero importante: aunque ambos gobiernos han desarrollado políticas antipopulares, en el caso de Argentina la gestión kirchnerista culmina con un derrumbe. Los once millones de electores que no se presentaron el domingo pasado sufren las mismas consecuencias del gobierno de los Fernández y Massa como cualquier otro que haya ido a votar. La posibilidad de un viraje a la española, mediante la asistencia a las elecciones de los abstencionistas, lucen limitadas, en el caso de Massa, si no improbables.

El eventual duelo final entre ‘libertarios’ y kirchneristas ha dejado expuesto un caso de derrumbe infrecuente, como es el de JxC. El caballo que apuntaba a ganador imparable ha quedado manco y, lo que es peor, en terreno minado. Ya han comenzado los tironeos y deserciones. Milei ha lanzado una OPA sobre Mauricio Macri – una Oferta Pública de Compra sobre el ex presidente. La fundición política de las coaliciones del peronismo y el macrismo es incuestionable. Massa ha hecho lo mismo, pero su OPA tiene un impacto menor; le ha propuesto al larretismo un gobierno de “unidad nacional”. Gran parte de JxC ha sido metido en una centrifugadora. Aunque el peronismo es el que perdió más votos en las PASO, el impacto disolvente ha sido mayor en JxC. Queda el interrogante de si las provinciales de Mendoza y Santa Fe, donde el larretismo quedó muy al frente en las Paso, pueden modificar las tendencias electorales nacionales que se perciben por el momento. Mirado en su conjunto, el ascenso ‘libertario’, la victoria de Bulrrich sobre Larreta y el copamiento del gobierno K por Massa muestran un giro hacia la derecha en el escenario político. Por el contenido de los principales contendientes, las elecciones de 2023 han sido fundamentalmente reaccionarias. Entre las expectativas de 1983 y las decepciones de 2023 hay un abismo.

Escenario y bastidores

El escenario político-electoral, sin embargo, no debe ser confundido con la situación histórica concreta del momento. Pone de manifiesto que la derecha se ha puesto al frente de la iniciativa política de la burguesía para salir de la crisis. Pero las contradicciones que han llevado a la presente crisis no han llegado a su punto de explosión, ni las patronales se han unificado en una salida. De aquí a octubre, de pronto, el desplome social y económico continúa avanzando.

Las tasas de inflación mensual se han instalado en dos dígitos. Muchos observadores y este periódico antes que ellos coinciden en que la devaluación reciente “ha fracasado” – o sea que habrá nuevas devaluaciones. La brecha entre el peso oficial y el paralelo se ha ampliado. El Banco Central ha entrado en una ronda de mayor emisión monetaria como consecuencia de la recompra de títulos de la deuda pública que los inversores han sacado a la venta. La tasa de interés de la deuda del Central (Leliq), que equivale a 40 mil millones de dólares, ofrece un retorno del 200% anual. Para un gestor de mercado, el crecimiento de activos en dólares, que son comprados con pesos en el llamado MEP, no podrán ser convertidos en divisas contantes y sonantes sin provocar un default de esos títulos. El FMI quiere sortear este default mediante devaluaciones mayores, lo que redundaría en una hiperinflación y/o en un desplome industrial.

Es el régimen social, no la moneda

El planteo de una dolarización, en estas condiciones, plantea la liquidación previa del peso y de los activos en pesos mediante una hiperinflación, o sea una confiscación económica en gran escala. Fuera de esta situación final, Argentina no reúne ninguna condición para convertir al dólar en moneda transaccional. El planteo de vender los bonos intransferibles en poder del Banco Central, que están contabilizados a precio ficticio, significaría sumar decenas de miles de millones de dólares a la deuda del Tesoro. Para eso habría que venderlos a precio de remate y tirar abajo la cotización del conjunto de la deuda pública. La dolarización ha servido como demagogia electoral, pero ya ha comenzado a ser desmentida por el asesor principal de Milei, Darío Epstein. La preparación de esa dolarización en un período de dos a tres años, estará signada por toda clase de derrumbes financieros y luchas políticas y sociales.

Los operadores financieros sienten que se les brinda un campo orégano para los negocios, pero para la industria tendría un impacto demoledor. Nada menos que la Sociedad Rural y la UIA han salido juntas a cuestionar la eliminación de la obra pública, que propone Milei, con la simple razón de que sin ella se cae el mercado más importante para la industria. La dolarización, la baja de impuestos y de gastos públicos, y el desistimiento de una renegociación de la deuda pública, recuerda el caso de la ‘mileista’ británica, Liz Truss, que hundió en el pánico a la Bolsa de Londres en el intento de aplicar esas medidas.

Los estafadores de la libertad

Lo mismo ocurre con la privatización de la obra pública con garantía estatal: de nuevo, en Gran Bretaña, llevó al derrumbe de las dos mayores constructoras del mundo en ese momento, 2010, que tuvieron que ser intervenidas por la primera ministra Theresa May. Milei dice que esa privatización permitiría bajar impuestos y beneficiar así al resto de la clase capitalista. Pero la obra pública de interés privado es aquella que reporta mayor beneficio financiero, no la que satisfaga una necesidad social. Como, de todos modos, el régimen de obra pública existente es una invitación a la corrupción, lo que tenemos es una disputa intercapitalista por la apropiación del valor producido por los trabajadores, en medio de una crisis colosal.

La cohorte de Milei reclama que YPF incorpore como activo las reservas comprobadas o en proceso de verificación de YPF, lo cual agigantaría el balance del grupo y por lo tanto los dividendos de los accionistas internacionales. El paso siguiente sería convertir a YPF en garante de un préstamo internacional. Con Milei, lo que “avanza” no es la “libertad” sino el mayor remate de una nación del que se tenga memoria. El derrumbe de Argentina capitalista tiene rasgos curiosos: quienes gritan “que se vayan todos” pertenecen al personal de Cavallo, el autor del corralito, contra quien se lanzó esa consigna. Estamos ante un caso extraordinario de usurpación política e intelectual. En resumen, los ‘libertarios’ exponen un programa que no une a la burguesía, ataca brutalmente a las masas y presupone una potenciación de la explosión inflacionaria presente.

Clase obrera y precariato

Como se ve, no hay que confundir el escenario político con lo que reclama y necesita la platea. La experiencia del gobierno de la convertibilidad comenzó con crisis cada vez más serias y terminó con el derrumbe del 2001; tuvo un relativo respiro sólo entre 1992 y 94, cuando estalló la crisis del tequila. La dolarización plantea una perspectiva más explosiva – en ritmo y desenlace que la de Menem-Cavallo. Entre la hiper que se desarrolla en la actualidad y las alternativas que ofrece un cambio de gobierno hay un hilo de continuidad explosivo. La derechización del escenario político es parte de una tendencia de giros y virajes violentos de la situación en su conjunto.

Lo que ha llevado a un sector del pueblo, e incluso en la clase obrera industrial, a votar por Milei no responde a una nueva sociología del capitalismo. Esto mismo ha ocurrido en todas las grandes crisis, por lo menos desde la aparición del fascismo italiano, cuando no existían los celulares. El fracaso de la dirección obrera ofreció un nuevo campo de acción de la burguesía: la demagogia, el bonapartismo, el golpe militar y el fascismo. El vacío no existe: lo que la clase obrera no resuelve en forma revolucionaria, dará lugar a que la pequeña burguesía arruinada por el capital y los sectores marginalizados sean objeto de una manipulación excepcional de parte de la burguesía. Los votos o el apoyo activo a Milei, Trump o Bolsonaro obedecen a la ausencia del papel unificador social y político de los explotados que debe ejercer la clase obrera. La ‘uberización’ de la sociedad no está representada por las aplicaciones digitales en el transporte o en determinadas ramas del comercio. Se encuentra dentro del régimen de trabajo en la industria, donde el capital ha ido imponiendo su agenda de flexibilización y precarización. Es un factor de exacerbación de la lucha de clases, no de apaciguamiento, y refuerza la necesidad de desarrollar la conciencia de clase que plantea el capitalismo en descomposición.

Los golpes crecientes que están sufriendo clase obrera y trabajadores desarrollarán una tendencia a la manifestación de sus fuerzas elementales, o sea, el rechazo activo a los atropellos contra las masas. La derechización del escenario político debe ser combatida, en primer lugar, mediante la lucha de clases.

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