La hiperinflación sacude a la clase obrera

Escribe Comité Editorial

Esperar a octubre es derrotismo.

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Los episodios de saqueo y asaltos han desatado una oleada de trascendidos y versiones. Gabriela Cerrutti, la vocera de AF, ha asociado los saqueos con “Bullrich y Milei”; la oposición y sus medios acusan al gobierno. A la hiperinflación en marcha y la amenaza de una victoria de Milei -dolarizador, ajustador y enemigo de los derechos sociales-, se suma a la ´transición´ un clásico chivo expiatorio. Todo apunta a un adelantamiento de las elecciones y del mando. La provisión de fondos del FMI no pasa de un asiento contable. Por sobre todas las cosas, las paritarias ya no son capaces de ajustar nada, lo que debería derivar en una huelga general.

Desestabilización

La desestabilización no viene sólo de afuera, sino sobre todo de adentro. La información financiera ha revelado que las garantías otorgadas por el Banco Central a los bancos privados, por los títulos de deuda en pesos, equivalen al 50 % de la totalidad del dinero en circulación. ¡Uno de cada dos pesos emitidos está dedicado al rescate a los banqueros! La emisión es usada para fugar capitales y desvalorizar más el peso. La situación argentina, en las vísperas de elecciones generales, se torna prerrevolucionaria.

Bullrich y Milei se han declarado ajenos a esta deriva. ¿Para qué molestarse, dicen, si el rival de ambos está haciendo el trabajo sucio de la superinflación? El desmentido suena a impotencia: esto no es 1989, cuando peronismo entero salió a domar el tigre. Ahora, el aparato peronista enfrenta un proceso de disolución. Una declaración de estado de sitio, como la que volteó a Alfonsín y después a De la Rúa, tendria un costo terminal. El cristinista Berni anunció una militarización del conurbano, de la mano de la Gendarmería.

El trío del FMI -Massa, Milei y Bullrich- salió a jurar una “transición estable” en la que ninguno de ellos cree y que, cada cual a su modo, subvierte. El desconcierto por arriba delata que las elecciones han agravado la crisis. Los que se disputan el podio de octubre no tienen aún los medios políticos que aseguren sus propósitos.

Por abajo

Una reacción obrera general a la confiscación en curso uniría a la totalidad de los trabajadores que, atomizados, han ido atrás de las candidaturas patronales. La CGT no tiene el propósito de que ello ocurra, pero tampoco la autoridad. El punto de apoyo de una acción obrera histórica está en su numeroso contingente de luchadores. Nuestro partido, Politica Obrera, lanza una campaña de plenarios y convocatorias por una huelga general, por la duplicación de salarios y jubilaciones y por la defensa de los derechos sociales, en primer lugar los de la mujer y del trabajo. Esperar a octubre es convocar a la derrota.

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