Estados Unidos: la burocracia “extiende” la huelga automotriz para bloquear la huelga general

Escribe Sebastián Chirino

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La huelga lanzada por el sindicato de trabajadores de la industria automotriz estadounidense (UAW por sus siglas en inglés) cumplió una semana este viernes y se extendió a 38 plantas autopartistas y centros de distribución. Mediante una conferencia seguida por el canal de Facebook de la UAW por miles de trabajadores de las plantas, el presidente del sindicato ha pedido a los trabajadores de 38 fábricas de General Motors y Stellantis de 20 Estados diferentes del país que abandonen sus puestos de trabajo, dejando al margen los nuevos paros a Ford, argumentando el progreso en las negociaciones (El País, 22/9). Sin embargo, Ford despidió a 600 operarios mientras se desarrollan los paros.

La metodología de la burocracia sigue siendo “golpear para negociar”, tratando de hacer el menor daño posible a las patronales. “El impacto de la primera semana de huelgas, que comenzaron el viernes pasado, ha sido moderado para los fabricantes de automóviles, en parte debido a las tácticas del UAW de atacar sólo ciertas fábricas”, señala Financial Times (22/9). Hasta el viernes solo estaban afectadas tres plantas de un total de 70 de las tres grandes firmas. Los paros tampoco son totales en estas plantas, sino que son acciones puntuales que afectan las líneas, obligando que se pare la producción de hecho. Lo que el UAW llama una “huelga de pie”, en la que los miembros del sindicato en instalaciones individuales se retiran mientras otros permanecen en el trabajo, tiene sus raíces en las huelgas continuas del movimiento sindical inicial de Estados Unidos. Sin embargo, los expertos señalan que la huelga “amenaza con revivir la escasez de la cadena de suministro que ha afectado a la industria automotriz en los últimos años, donde una pequeña interrupción puede causar un caos en todo el sistema” (FT, 19/9).

La UAW reclama un aumento de sueldo del 46 % en cuatro años -aunque, según algunos, esta cifra podría flexibilizarse por debajo del 40 %-; una semana laboral de 32 horas con 40 horas de salario; el restablecimiento de las pensiones tradicionales con prestaciones definidas para los nuevos contratados y compensaciones por la inflación, entre otras reivindicaciones.

Las patronales sostienen sus posiciones de fondo, planteando que las reivindicaciones de los trabajadores son inviables en el contexto actual. Mientras tanto llevan adelante una política de despidos y suspensiones. “El miércoles, Stellantis dijo que planea despedir temporalmente a 68 trabajadores en una planta de mecanizado afectada por la huelga del UAW en una fábrica de Jeep en Toledo, Ohio, y otros 300 podrían verse afectados en sus instalaciones en Kokomo, Indiana, por una huelga similar” (The Wall Stret Journal, 20/9). “El viernes Ford despidió a unos 600 trabajadores que no estaban en huelga en Michigan. GM ha advertido que podría paralizar una planta en Kansas debido a los efectos en cadena de la huelga de trabajadores en una planta de ensamblaje en Missouri, despidiendo a unos 2.000 trabajadores” (FT, 19/9).

La burocracia de la UAW viene de una profunda crisis que derivó en un recambio en su conducción por parte de su ala reformista. Shawn Fain, el actual presidenten del sindicato, ganó las elecciones en marzo con poco más del 50 % de los votos. En julio, prescindió del apretón de manos que tradicionalmente se organiza para los medios de comunicación entre líderes sindicales y ejecutivos del sector automovilístico y optó por visitar varias plantas. El director ejecutivo de Ford, Jim Farley, dijo la semana pasada, poco antes de que comenzara la huelga, que no había recibido una contraoferta del UAW, una situación que la compañía no había visto en 80 años. Durante las últimas décadas las condiciones laborares y salariales de los trabajadores de la industria automotriz norteamericana han caído en picada. El entrelazamiento entre las direcciones de los sindicatos y las patronales ha sido explícita en los últimos años, la renovación de la dirección fue precedida por “un escándalo de corrupción que resultó en sentencias de prisión para múltiples dirigentes sindicales y personal de Fiat Chrysler America, el predecesor de Stellantis” (ídem), es decir, precipitada por el agotamiento de la vieja burocracia.

La huelga de la UAW es un capítulo con peso propio en la crisis politica estadounidense y de la pelea presidencial de noviembre. La administración de Biden realizó una maniobra propia del albertismo: luego de un tibio apoyo al UAW, anunció que mandaría a Detroit una delegación de la Secretaría de Trabajo para intentar mediar en el conflicto, pero finalmente reculó con el argumento de “permitir que las conversaciones avancen” (WSJ,20/9). El viernes, en su conferencia, Fain ´apuró´ a Biden, invitándolo a que se sume a los piquetes. Biden respondió que visitaría Michigan la próxima semana “y se solidarizará con los hombres y mujeres de la UAW mientras luchan por una parte justa del valor que ayudaron a crear”.

Por su parte, Berni Sanders ha realizado mítines en puerta de fábrica dando un fuerte apoyo a la UAW, con un discurso centrado en lo desproporcionado de la distribución de la riqueza entre los CEO y los trabajadores. “La lucha que libra el UAW tiene mucho que ver con el escandaloso nivel de avaricia y arrogancia corporativa por parte de los altos ejecutivos de la industria automotriz y sus amos de Wall Street” (Fox News, 22/9).

Por su parte Donal Trump relanza su campaña en las internas del partido republicano y “planea dar un discurso en Detroit el 27 de septiembre ante una multitud de trabajadores sindicalizados, saltándose el segundo debate presidencial republicano, dijo un asistente el lunes, y en lugar de eso se metió en la disputa entre los trabajadores en huelga y los principales fabricantes de automóviles de Estados Unidos. (…) Trump ha criticado duramente las políticas de vehículos eléctricos del presidente Joe Biden e instó a los trabajadores automotrices a respaldar su candidatura.” (El País 19/9).

“Todas las plantas deberían estar en huelga”

Cuando Fain se dirigió a los trabajadores automotrices en Facebook Live el lunes, algunos se preguntaron si una salida en masa ejercería más presión sobre los fabricantes de automóviles. “Todas las plantas deberían estar en huelga, no sólo las plantas seleccionadas”, recoge FT el testimonio de Richard Davis, que trabaja en una planta de ensamblaje de Ford en Kansas City, Missouri, durante la transmisión de Facebook Live. “Huelga significa huelga. Así es como me criaron. No más plazos, simplemente hazlo”. Jim Davis, de Detroit, dijo que permanecer en el trabajo es como darles a los tres fabricantes de automóviles de Detroit una extensión del contrato anterior. "Me siento mal porque sólo algunos de nosotros estamos en las líneas", escribió Davis. "En mi opinión, nos hace parecer débiles" (FT,19/9).

La clase obrera norteamericana comienza a discutir la huelga general.

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