1° de Mayo: la lucha contra el capital es de vida o muerte

Escribe Partido Obrero (Tendencia)

Tiempo de lectura: 5 minutos

Este Primero de Mayo, el Día Internacional de Lucha de la Clase Obrera, encuentra al conjunto de los trabajadores ante uno de los mayores desafíos de su historia.

La pandemia del coronavirus afecta a más de tres millones de personas y ha ocasionado 200.000 muertos.

Como colapso sanitario, el coronavirus dejó al desnudo algo que todos sabíamos y padecíamos: el vaciamiento y la privatización de la salud pública. Hospitales sub-financiados; centros estatales de investigación deficitarios; privatizaciones en masa, en función de un lucro exorbitante; monopolización de la industria farmacéutica y medicamentos inalcanzables para la mayoría; pauperización del personal sanitario – en especial enfermeras y enfermeros, de servicios auxiliares y de la gran masa de médicos asalariados

Hoy, los trabajadores de la salud se encuentran en la primera línea de la lucha contra la pandemia; tienen el mayor número relativo de infectados; se encuentran privados de los instrumentos elementales de su trabajo; pasan jornadas prolongadas en una labor que es cada vez más extenuante.

La clase obrera está siendo duramente castigada por la epidemia, la más castigada. La cuarentena recomendada por la ciencia médica choca con las precarias condiciones de sus viviendas y de todo su vecindario; con la carencia de infraestructura sanitaria; con un desempleo creciente y permanente; con una carestía insoportable. La crisis de la fuerza laboral producida por la pandemia ha sido respondida por el capital con decenas y decenas de millones de despidos; suspensiones no remuneradas; e incluso con la imposición de continuar con el trabajo sin la reunión de las condiciones sanitarias adecuadas en los lugares de trabajo y en el transporte.

Decimos que la lucha contra el capital es de vida o muerte porque la organización social y política vigente se ha mostrado incompatibles, una vez más, es cierto, pero a una escala global nunca vista, con la salud y la vida de los trabajadores. Al lado de las guerras de dominación de las potencias imperialistas entre ellas y contra las naciones oprimidas, al costo de centenares de millones de vidas, asistimos ahora a un nuevo choque -gigantesco- entre la organización social modelada por el capital y las condiciones mínimas de vida de las grandes masas.

En oposición a esta masacre social cuyo final es desconocido, planteamos asegurar el derecho a la vida y a la salud, mediante el cumplimiento de las normas de distanciamiento social a cargo de los capitalistas y su estado. Funcionamiento exclusivo de los servicios esenciales; reducción de la jornada laboral a seis horas, en especial en la salud, sin afectar el salario; pago integral de sueldos con ajuste a la inflación; exámenes masivos de salud, tests y respiradores; sujeción de la salud privada al estado, bajo el control de los trabajadores; nacionalización del sistema bancario para financiar las cuarentenas, defendiendo al ahorrista pequeño y confiscando las grandes fortunas; repudio definitivo de la deuda pública financiera, que no ha servido más que para el enriquecimiento de una minoría capitalista y la colonización de las naciones de menor desarrollo.

¡La lucha por este programa ya se encuentra en marcha! Por primera vez ha tenido lugar una huelga internacional de trabajadores de entrega de comidas a domicilio. Lo mismo ha ocurrido en las fábricas automotrices de Italia y Estados Unidos, de correos en Gran Bretaña, de docentes que trabajan ‘en línea’, de grandes frigoríficos norteamericanos y varios de Argentina, en fábricas textiles que son forzadas a producir material para la protección ciudadana. Se desarrolla una resistencia creciente contra el intento de reducir salarios, de personal en actividad o suspendido. En todo el mundo, casi sin excepción, crecen las asambleas de trabajadores de la salud y las medidas de acción que van imponiendo a las patronales y al Estado grandes mejoras en el trabajo sanitario y en la provisión de instrumentos médicos.

¡Se desarrolla una lucha histórica del trabajo contra el capital y su estado, en el marco de una crisis existencial en el planeta! La clase obrera pugna por imponer su palabra en el destino de la humanidad.

¡En todas partes el Estado ha salido a rescatar al capital, el poder social abstracto de la riqueza acumulada, no a la fuerza de trabajo! Ese rescate significa una destrucción masiva de fuerzas de producción – despidos, cierres de fábricas, desmantelamiento de industrias. Estados Unidos ha emitido ¡seis billones de dólares!, no para desarrollar la producción sino para financiar su paralización, para salvar a los capitalistas, no a los medios de producción, que sólo son tales si se encuentran en movimiento. Vuelve a quedar claro que la preservación de las fuerzas productivas depende de que pasen al comando de la clase obrera en el mundo entero.

La pandemia ha irrumpido en condiciones de una crisis excepcional del sistema capitalista y de una tendencia a su disolución. Las guerras económicas, que van escalando hacia mayores confrontaciones militares, son una prueba de ello. Los 280 billones de deuda mundial (más de tres veces el producto mundial de todos los países juntos) son una prueba de la bancarrota del sistema, pues no podrían ser canceladas por décadas por todas las ganancias capitalistas juntas. El 20% del capital mundial se encuentra, ahora mismo, en default.

El capital y su estado se dicen a sí mismos: no tenemos condiciones de volver a la situación de dominación anterior a la pandemia, tenemos que aprovecharla para imponer una salida que destruya la mayor parte de las defensas de los trabajadores contra la explotación. La “reactivación de la economía” que proclaman los gobiernos como su objetivo fundamental, cuando rechazan las cuarentenas, o quieren abandonarlas o ‘mitigarlas´, es mentira; lo que hay por delante, como no se cansan de repetir sus economistas, es mayor ‘recesión’. Pretenden, en realidad, convertir el repliegue de la fuerza de trabajo en suspensiones o despidos masivos, reducción de salarios y mayor flexibilización laboral, o simple abolición de los convenios de trabajo. ¡El capital quiere usar a la pandemia para desatar una guerra de clase contra la clase obrera!

No ofrecen una salida para la humanidad porque definitivamente no la tienen. El capitalismo se encuentra en un impasse mortal. ¡Que demostración más elocuente que los asaltos a aviones en los aeropuertos para secuestrar instrumentos de salud destinados a estados rivales!

Este impasse enorme del capitalismo se manifiesta en las crisis políticas cada vez más numerosas que irrumpen en los estados más poderosos. Trump y Bolsonaro contra sus gobernadores; Piñera contra sus intendentes; los Fernández, en Argentina, asediados, por un lado, por la industria, la banca y el capital internacional para que desmantele la cuarentena y cancele los convenios de trabajo y, por el otro, por una multiplicación de luchas en defensa del ‘distanciamiento social’, del empleo, de los salarios, de las jubilaciones y de la convocatoria a las comisiones paritarias obrero-patronales. América Latina está a punto de asistir a la quiebra del gobierno más reaccionario del último tiempo, en Brasil.

En este 1° de Mayo el grito de la clase obrera internacional debe ser, como nunca, Socialismo o Barbarie.

La crisis que atraviesa la humanidad es imposible de negar – no la causa un virus, sino el medio social o la organización social, el capitalismo en decadencia, en el que se aloja ese virus. La crisis de la humanidad tiene una única gran causa: el capitalismo ha sobrevivido mucho más tiempo que el que históricamente correspondía. Las frutas podridas también sobreviven, pero indigestan o matan a quienes la consumen.

La sobrevida anti-histórica del capitalismo obedece a derrotas sucesivas de intentos poderosos de la clase obrera para ponerle fin. Las derrotas enseñan, y lo que nos enseñan es la necesidad de desarrollar organizaciones revolucionarias de la clase obrera, y por sobre todo numerosos partidos nacionales y un partido internacional. Partidos obreros que organicen el combate de la clase obrera – no que lo sustituyan. Partidos que funden su disciplina en la elaboración colectiva de las experiencias de lucha y defiendan en forma tenaz la democracia obrera. Partidos que no usen la invocación al socialismo para medrar bajo el capitalismo; partidos ni electoreros ni parlamentaristas, que degeneran rápidamente en el arribismo. Partidos que entiendan que la iniciativa histórica ha pasado a la clase obrera, mientras el capital “marcha al abismo con los ojos vendados”.

En este 1° de Mayo excepcional gritamos, más que nunca: ¡Proletarios y Proletarias de todos los países, uníos!

Suscribite a Política Obrera