Los “medios y fines” – Terrorismo y comunismo

Escribe Norberto Malaj

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Por medio de Matías Maiello, el PTS ha convertido a la guerra en Palestina en una cuestión de “medios y fines”. En estos términos, repudia la acción de la milicia de Hamás contra Israel, el 7 de octubre pasado, como una violación del derecho humanitario. Maiello se inspira en una larga declaración de la corriente internacional del PTS–FT-CI, que denuncia la acción de Hamás como una provocación que ha servido al Estado sionista para desatar el bombadeo a Gaza.

En el cuestionamiento a los “métodos” inadecuados de la guerrilla de Hamás el PTS impugna la lucha nacional palestina. Hamás no habría recurrido a los métodos de una guerra nacional, invadiendo con una milicia al Estado opresor, ni se justifica lo hecho para liberar a los presos palestinos en las cárceles sionistas. La acción de Hamás ha sido un golpe demoledor contra el Estado opresor sionista y el imperialismo en el Medio Oriente. El PTS lo ve de otro modo: aplicando medidas que cercenan derechos civiles de Israel —toma de rehenes y muerte de civiles— Hamás estaría cometiendo ´crímenes´ equivalentes a los del sionismo: sólo habría una diferencia de grado en la violación de derechos de un lado y de otro. Como se ha señalado repetidamente en estas páginas, la versión oficial de lo ocurrido el 7 de octubre es falsa; lo ha confirmado, ante Al Jazeera, Miko Peled, activista pacifista judío, exmilitar e hijo de un respetado general del ejército sionista, en una entrevista, el sábado pasado.

Como si en una lucha a muerte, como no podría ser de otra manera en grandes combates nacionales y/o de clases, las clases oprimidas eligieran sus ´métodos´ de lucha, Maiello cumple el sucio trabajo de descalificar la acción más importante de la resistencia palestina en décadas y alinearse con la versión sionista. Esos métodos, obviamente, están determinados por el carácter histórico y social de esa lucha; por los ataques que sufre ese pueblo de parte del estado opresor; por la magnitud de sus sufrimientos; por los agravios que soporta.

A Maiello y el PTS, especialistas en el arte de citar a Clausewitz y de alardear del ´arte militar´, les salió así la más vulgar chaveta pacifista. Como explicó Ramal, el PTS sustituye la lucha nacional (y por extensión cualquier lucha de clases) por una cuestión de derechos civiles. Como cualquier ´demócrata´, razona así: está permitida una lucha en tanto no vulnere derechos civiles. La rebelión palestina debiera ajustarse a ciertas normas ¿civilizadas?

Para Maiello y el PTS los derechos civiles serían intocables. La toma de rehenes por parte de Hamás determina, a priori, un cuestionamiento de la causa nacional palestina. Incluso la lucha contra los bombardeos y los crímenes del sionismo deben ajustarse a lo ´métodos adecuados´, no sea que alguien emprenda una guerrilla en otro frente, vulnerando ‘derechos’. Antes de "Su moral y la nuestra" —citado por Maiello— León Trotsky había abordado la cuestión “del fin y los medios” en un texto escrito al fragor de la guerra civil. El jefe del Ejército Rojo polemiza con Karl Kautski, el viejo líder de la socialdemocracia alemana, quien impugnaba los métodos de la revolución de octubre.

El primer capítulo de ese texto majestuoso, “Comunismo y Terrorismo”, se titula precisamente “El fin y los medios en la construcción del socialismo”. Kautski acusaba a los bolcheviques de aplicar el terror. El líder revolucionario muestra que la aplicación del terror y los “métodos violentos” en medio de las grandes luchas están históricamente determinados por el fin de las causas que estaban en juego. El terror y la violencia ejercida por los opresores es una cosa; la que ejercen los oprimidos es muy diferente, es una diferencia de alcance histórico. Ya Engels había escrito que “la violencia es la partera de la historia”. Es lo que defiende igualmente Walter Benjamin, el destacado intelectual alemán, en el folleto "Acerca de la Violencia2.

Desde la “vasta revolución” inglesa de 1640 a la gran revolución francesa de 1789/93 predominó “terrorismo clásico”: el “que engendran las revoluciones clásicas” —dice Trotsky-. La usaron, en EE. UU., los republicanos del norte durante la Guerra de Secesión contra el sur esclavista.

En síntesis: en la guerra de clases —o en una guerra nacional— no hay normas de ´moral´ que estén por encima de los fines que dicta esa guerra. El que procede haciendo abstracción de esta realidad concreta es el PTS -a lo Kautski-. En la guerra civil rusa los soviets revolucionarios se vieron obligados a recurrir al "terror rojo" frente al terror blanco.

Maiello asemeja el terror revolucionario al terror nazi, que respondía al primero con el asesinato colectivo de las poblaciones. Hamás, en el caso del 7 de Octubre, secuestró israelíes para un intercambio con los diez mil presos palestinos en las cárceles del sionismo. Si Maiello tiene razón, el bombardeo del Estado sionista contra Gaza sería repudiable, pero estaría justificado: alguna reacción o respuesta violenta debía ofrecer. Maiello tiene un enano sionista adentro. Los métodos de las clases o naciones en conflicto deben determinarse por una caracterización histórica concreta y no por el repudio indiscriminado contra las fuerzas enfrentadas

La cuestión palestina y la opresión negra en EE. UU.

En los años 70, Nahuel Moreno planteó que había que “echar a los judíos al mar”. Para él, esa era la conclusión consecuente de la reivindicación del retorno de los palestinos a su territorio histórico. En su obnubilación, no tuvo en cuenta que la violencia revolucionaria se aplica contra una minoría opresora, no contra la masa entera de un pueblo, incluso en una guerra civil.

En cuanto al abordaje de la cuestión nacional palestina entre los obreros israelitas, Maiello exhibe un paralelo entre su posición de que los palestinos deben adoptar métodos que permitan ganar a los obreros judíos con la política de Trotski frente a la cuestión negra en Estados Unidos. Según Maiello, Trotsky pregonaba que “los obreros blancos reconocieran los ´derechos democráticos plenos´ para los negros”. Ese era el punto de vista de todo un sector del SWP norteamericano, pero no el de Trotsky. Trotsky consideraba equívoco “´apoyar´, ´defender´ o ´inyectar´” esa sola idea. “No propongo —textual— que el partido defienda, no propongo que inyecte, sino que proclame nuestro deber de apoyar la lucha por la autodeterminación si los negros mismos lo quieren. No se trata de nuestros camaradas negros. Se trata de 13 o 14 millones de negros. No tienen muy claro lo que sean ahora y debemos darles un crédito para el futuro. Ellos decidirán entonces” (C.L.R. James en conversaciones con León Trotsky; versión tomada del C.E.I.P.). Los obreros judíos deben apoyar la lucha nacional palestina; los palestinos decidirán su relación con la clase obrera de Israel a partir de ese apoyo. Maiello falsifica a Trotsky para inyectar obrerismo sionista en la política de las masas de Medio Oriente.

El PTS manipula la cuestión nacional palestina cuando la convierte en una de derechos civiles. La primera condición de los derechos civiles es tener un Estado propio. En ausencia de Estado propio, los derechos civiles bajo un Estado nacional ajeno y opresor es una farsa.

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