Roger Waters alzó su voz

Escribe Iñaki Aldasoro

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El martes 21 Roger Waters dio el primero de los dos shows programados en Argentina como parte de la gira mundial This is Not a Drill (Esto no es un simulacro), su despedida de los escenarios. El músico cumplió recientemente 80 años y suma más de 60 de actividad.

Como nos tiene acostumbrados, Waters desplegó un espectáculo impecable de luz y sonido, pantallas gigantes, fuegos artificiales y varias performances para presentar los temas de Pink Floyd y de su carrera solista, con los que sacudió a las más de 80.000 almas que vibraron durante casi tres horas de recital.

Su quinta visita al país despertó una gran expectativa, se podría decir que por motivos extramusicales, aunque la obra de Waters -especialmente a partir de la última etapa de Pink Floyd- está indisolublemente ligada a su visión de la sociedad y la política mundiales. Su último álbum al frente de la banda, The final cut, fue un manifiesto sobre la guerra de Malvinas. En esta oportunidad, la llegada de Waters se produjo en medio de una campaña internacional de censura contra su obra, específicamente por su solidaridad con el pueblo de Palestina. Bajo la presión del lobby sionista, cadenas hoteleras rechazaron las reservaciones para alojar al músico y su equipo. La DAIA presentó un recurso de amparo para que se suspendieran los recitales. Un juez ordenó que se abstenga de realizar “hechos o expresiones antisemitas”. El espectáculo de Waters quedó bajo la lupa judicial. Notable: el filme The Wall -un duro alegato contra el autoritarismo y la alienación- fue estrenado en Argentina en plena dictadura sin tanto espamento. Poco tiempo atrás, Waters también fue blanco de críticas por su denuncia contra la guerra de la OTAN contra Rusia.

A tono con el evento, la banda elegida para la apertura, Eruca Sativa, durante su set desplegó consignas “Nunca más”, “Fueron 30.000” y de apoyo a las Madres de Plaza de Mayo. En el intervalo, el público coreó “el que no salta es militar” y “el que no salta votó a Milei”.

Ese fue el clima que rodeó la quinta presentación de Roger Waters, uno de los más destacados compositores del rock mundial, a la Argentina.

Despedida

La lista de temas elegida por Waters cubrió toda su trayectoria. Tuvo varios momentos emotivos, como el bloque dedicado a Syd Barret, fundador de Pink Floyd, que incluyó las siempre emotivas “Wish you where here” y “Shine on you crazy diamond”. En cambio, apenas hizo referencia a sus demás excompañeros de banda, con quienes mantiene un conflicto personal y artístico que se extiende hasta el día de hoy, con algunas pocas treguas. Dicho esto, “Comfortably numb”, canción elegida para abrir el show, no suena igual sin el icónico solo de David Gilmour.

Waters alternó los clásicos de la banda con temas de su carrera solista, incluido el reciente “The Bar”.

Durante todo el recital, las referencias contra la guerra y el poder político fueron constantes. No sólo en las pantallas gigantes que rodeaban el escenario: en una breve intervención, Waters denunció, entre elogios al publico argentino, por qué los dueños de los hoteles que cancelaron sus reservas en Uruguay y Argentina: “La razón por la cual no me dejan que me quede en los hoteles en Buenos Aires es porque yo creo en los Derechos Humanos. Creo en eso y siempre lo hice. Mi madre (una militante socialista que lo crió en soledad) me enseñó sobre los derechos humanos cuando era muy chico y nunca lo olvidé. Así que aquí el tema de fondo son los derechos humanos”. El publico contestó con una ovación.

El artista hizo otra intervención cuando presentó “Two suns in the sunset”, tema del ya mencionado The Final Cut, editado en 1982 durante la guerra de Malvinas. Waters se solidarizó con los soldados caídos en la guerra, repudió la actitud de los gobiernos y anunció que esta colaborando con el reconocimiento de todos los soldados argentinos caídos y enterrados en las islas Malvinas, los cuales, en muchos casos, nos han sido todavía identificados.

En esta gira, Waters ha tenido que esquivar y enfrentar políticamente varias denuncias, el intento no sólo de suspender sus shows, sino de censurar de su obra. Eso no ha hecho mella en él, un artista que reúne suficiente autoridad para encabezar un show plagado de referencias políticas, contra el capitalismo, bombardeos, el genocidio y la guerra.

Roger Waters culmina una carrera brillante. Además de su talento y de ser responsable de obras claves del rock que constituyen, a esta altura, un patrimonio de la humanidad, su compromiso político -siempre vinculado a su obra artística- es también parte del legado que deja a las nuevas generaciones.

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