Tarifazo naftero: Massa corta la cinta del “golpe de Estado económico”

Escribe Marcelo Ramal

La transición más ‘fraterna’ en los 40 años de democracia.

Tiempo de lectura: 3 minutos

El aumento del 30 % en las naftas, dispuesto durante el último día hábil del gobierno saliente, reforzará decisivamente la remarcación imparable de precios de las últimas semanas.

Pero más allá de la conmoción económica, importa su significado político: estamos ante una señal contundente de la colaboración política entre el gobierno de los dos Fernández y Massa con el de Milei. Aunque el primer aumento fue dispuesto por las petroleras privadas -Shell arrancó con una suba del 30 %-, YPF reforzó el tarifazo. La gestión camporista de YPF ha dado otro paso en la dolarización de los combustibles y en la eliminación de “la tarifa criolla” para el mercado interno. Le ha sacado de encima a Milei parte de la “mochila” del tarifazo petrolero. Los aumentos seguirán en los próximos días y semanas con el pretexto de la devaluación del tipo de cambio comercial. De este modo, uno de los pasos decisivos del ´golpe de estado económico´ fue descargado por los “nacionales y populares” que se van. Un precio alto por la peronización del gabinete de Milei.

El ministro y el pasante

La colaboración política con el ajustazo estuvo coordinada, según informan los diarios, en un encuentro confidencial entre Massa y Milei que tuvo lugar el domingo pasado. En esa reunión, los dos exrivales electorales repasaron otros momentos cooperativos cuando el massismo, por ejemplo, le facilitó candidaturas a Milei para que pudiera armar las listas municipales de LLA. Otra cuestión central del encuentro fue la continuidad de funcionarios estratégicos de Massa en el gobierno “libertario”. Entre ellos se mencionó a Guillermo Michel, el actual jefe de aduanas, que coordina con la UIA el ingreso y el pago de insumos importados, y del actual ¡secretario de Hacienda!, Raúl Rigo. Michel, sin embargo, no sería de la partida. El funcionario con mayores probabilidades de seguir es, nada menos, el actual jefe de asesores del ministerio de Economía, Leonardo Madcur. El hilo económico de esta transición es la decisión de Milei de seguir licuando el valor de las jubilaciones, salarios y gastos sociales por medio de un mayor impulso a la inflación. Milei ha recibido estudios de funcionarios del FMI acerca de cómo repartir la carga el “impuesto inflacionario” entre un abanico más amplio de la población.

El hilo conductor de este acuerdo no es administrativo. El corazón del golpe económico pasa, por un lado, por una devaluación del peso y la liberación general de precios y tarifas, de un lado, y la desindexación de salarios y jubilaciones, del otro. Será una versión acelerada del ajuste massista-kirchnerista, que licuó el gasto social y previsional por vía inflacionaria durante todos estos años.

El aumentazo “del último día” en las naftas es un traje a medida de los intereses capitalistas. En cambio, al gobierno saliente no se le ocurrió despedirse con un aumento de salarios docentes o estatales, incluso cuando la carestía, en diciembre, no será inferior al 20% y en enero al 30 por ciento. Los compromisos paritarios firmados´ por el estado con vistas a febrero o marzo no contemplan el escenario hiperinflacionario en curso. Según lo que trascendió en estos días, la ley ómnibus que Milei se dispone a enviar al Congreso contemplaría un congelamiento de los salarios del Estado y hasta la suspensión de la movilidad jubilatoria. Pero ya se está anunciando la salida de un decreto de necesidad y urgencia. Argentina asiste a un verdadero golpe de estado y a la tentativa de instaurar un estado de excepción.

La transición de los Fernández-Massa-Milei no es solamente un toma y daca, aunque seguramente habrá mucho de esto. Sergio Massa, por de pronto, ha decidido devolver la autonomía al Frente Renovador para que pueda convertirse en un aliado de LLA en el parlamento. Todas las fracciones capitalistas coinciden en la necesidad de un ´ajuste´ violento, con el pretexto de alcanzar el “equilibrio macroeconómico”. Pero detrás de esta fraseología se esconde lo siguiente: obtener un fuerte superávit comercial, por medio de una recesión, para pagar los intereses y parte de los vencimientos de la deuda externa que renegociara Martín Guzmán. Se espera, de este modo, revalorizar esa deuda, bajar el riesgo país y emprender un nuevo ciclo de endeudamiento.

La explosión de la crisis está servida.

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