El rol de los sindicatos ante la violencia hacia las mujeres

Escribe Valu Viglieca

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Los femicidios y la violencia contra las mujeres crecen durante la cuarentena, el aislamiento preventivo condena a las mujeres a quedarse encerradas con los varones que las agreden -esposos, padres, abuelos e hijos- e incluso allí donde no había violencia previa, las condiciones de hacinamiento, la falta de dinero y el crecimiento de las tareas de cuidado empiezan a hacer crujir a las parejas.

Una asesinada cada 29 horas es lo que se registra en la estadística. ¿Pero cuántas de nosotras empezamos a sentir malos tratos producto de la situación actual? ¿Cuántas de nosotras empezamos a levantarle la voz a nuestros hijos cuando era algo que no sucedía?

Desde las primeras semanas de la cuarentena empezaron los llamados de compañeras planteando que el teletrabajo y el cuidado de los hijos era incompatible. Pero cuando empezaban a comentar lo que sucedía en el hogar los problemas iban más allá del agotamiento. Lo que podíamos escuchar era “él se enoja porque mi nene no sabe hacer la tarea solo y llora, entonces yo tengo que trabajar y ayudarlo con la tarea”; “es que no puede salir y eso lo ahoga, nunca estuvo tanto tiempo en casa”.

En un primer debate dentro de la Junta Interna de ATE Cultura Nación hubo un rechazo explícito de un sector a que las delegadas nos ofreciéramos como un canal ante situaciones de violencia de nuestras compañeras. “No somos expertas, tienen que llamar al 144”, nos dijeron. Es cierto que no somos expertas. ¿Pero acaso la violencia contra las mujeres es cuestión de expertas? ¿Es un problema exclusivamente psicológico? No creemos eso. Creemos que es un problema social y que las y los trabajadores tenemos que discutirlo de esa manera. Si no podemos dar una mano en situaciones de violencia a nuestras propias compañeras, ¿qué puede hacer un sindicato por las mujeres violentadas?

En el chat del cuerpo de delegados y delegadas se empezó a manifestar la misma preocupación ¿qué podemos hacer si estamos encerrados y no podemos ni marchar por cada piba muerta? Surgieron varias ideas, pero ninguna prendió.

Entonces apareció el cuerpo de Priscila, la joven santiagueña cuyo cadáver estaba ahí donde la familia pedía que la buscaran. Y la mató aquel que la familia ya había señalado. Mientras la policía decía que seguramente estaba con el novio y el fiscal le decía a la familia que no fueran a verlo, que respetaran la cuarentena.

Desde las compañeras del PdT de Santiago del Estero llegó la propuesta de hacer una campaña de fotos en redes repudiando el asesinato de Priscila y todos los femicidios. “Viernes de duelo y de furia”, dijeron.

En el chat de la junta interna de Cultura subimos una foto y otra vez el tema llevó al debate en decenas de mensajes. Algunas delegadas y delegados resolvimos hacer nuestra propia campaña e invitar a más trabajadores a unirse. Las consignas fueron diversas, tan diversas como la composición de la Junta Interna. Algunas responsabilizamos directamente al Estado, otras llamamos a que paren de matarnos. Una cosa llevó a la otra y empezamos a hablar de la situación salarial, de las recategorizaciones paradas, de las tareas pedidas a las mamás de niños y niñas pequeñas, aunque supuestamente están de licencia. La “cuestión de la mujer” llevó a que todas las cuentas pendientes de los trabajadores volvieran a la agenda.

Una semana más tarde la campaña de fotos avanzó hacia una publicación con los teléfonos de la línea 144 y mails de contactos “de las que saben”. Pero también con el mail de nuestra Junta Interna porque las que no somos profesionales sabemos perfectamente que es mucho más fácil que una compañera se anime a denunciar si está de la mano de otra mujer.

Sabemos que el abrazo entre pares da fuerza y sabemos que, si una organización gremial no está a la altura de defender la vida de las mujeres, entonces no está a la altura de nada. Es una cáscara vacía.

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