Vanoli

Escribe Marcelo Ramal

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El Anses no tiene la categoría de un ministerio. El desplazamiento de Alejandro Vanoli, en ese caso, no tendría la envergadura de una crisis de gabinete. Pero si se tiene en cuenta el papel estratégico del Anses en el actual colapso sanitario y económico, el cambio de mando en el organismo es un cimbronazo en la médula del gobierno FF.

Vanoli había debutado ganándose la orden de mérito de los acreedores internacionales, cuando pergeñó la modificación de la “movilidad jubilatoria” que confiscó parte de los aumentos de haberes que debían tener lugar en el 2020. Pero la crisis social primero, y el coronavirus después, llevaron a Vanoli a otro papel –el de poner al Fondo de Garantía del Anses al servicio de los diversos rescates dispuestos por el gobierno.

Cada una de estas medidas, sin embargo, destapó contradicciones todavía más agudas. Es lo que ocurrió, por ejemplo, con el Ingreso Familiar de Emergencia de 10.000$. Vanoli anunció inicialmente que el IFE abarcaría a unos 3,8 millones de beneficiarios, para terminar reconociendo que el derecho a percibirlo le correspondía a 7,8 millones. El escenario de la miseria social mucho más amplio del que había estimado el gobierno, en la persona de Vanoli.

La pandemia llevó al extremo una orientación que el kichnerismo había inaugurado y que el macrismo nunca modificó: el recurso a los fondos jubilatorios para sostener al conjunto de la asistencia social. De este modo, las víctimas de la precarización laboral o el desempleo crónico eran sostenidas, no por las patronales o el Estado responsables de la informalidad o la evasión laboral, sino por los propios trabajadores, a través de sus aportes.

Pero la pandemia obligaría a un salto cualitativo en el manotazo al Fondo de Garantía. Por un lado, el gobierno dispuso eximiciones del 90 % de las contribuciones previsionales a las patronales. Por el otro, y ante el fracaso del sistema de créditos bancarios blandos a las empresas paradas o con reducción de la actividad, puso en marcha un subsidio directo de hasta el 50% de los salarios de bolsillo, naturalmente, a costa del Fondo del Anses. El gobierno le atribuyó a Vanoli “demoras inexplicables” en la adjudicación de estos subsidios a las patronales. Según los voceros del gobierno, la nueva directora, del riñón de la Cámpora, buscará “una gestión más ágil y atenta a la dinámica de la crisis”.

Cuando los recursos del Tesoro están exhaustos por la caída de la recaudación, y la emisión de moneda ha superado todas las previsiones, el gobierno busca reforzar una política de rescate del capital en quiebra a costa de los fondos previsionales. La degradación de los ingresos jubilatorios que tendrá como contrapartida este vaciamiento del Anses ya estaba en carpeta antes del coronavirus, con la anunciada derogación de los regímenes jubilatorios especiales.

Directorios

Con todo, parece que el detonante que acabó con Vanoli se disparó por otro lado. Resulta que el titular del Anses se olvidó de designar a los nuevos directores del organismo en Telecom-Cablevisión-Clarín, de acuerdo a las acciones que detenta el Fondo de Garantía en ese pulpo. Desde que asumió Fernández, los directores del Anses en estos grupos privados no se han modificado, y permanecen en sus puestos connotadas figuras del macrismo. Uno de ellos, el duhaldista y ex SIDE Miguel Ángel Toma, mantiene su silla en Techint, desde donde defendió públicamente los 1450 despidos de hace un mes. El nombramiento de los nuevos directores es parte de una agenda de choques y negociaciones entre el gobierno y grandes grupos capitalistas –entre ellos Aluar, Banco Macro, Mirgor y los ya mencionados Techint y Telecom. En esa agenda, figura la reestructuración de la deuda –de la que depende el financiamiento de la burguesía argentina-, los acuerdos comerciales internacionales, la reforma laboral y la propia reforma previsional. Techint, con sus despidos masivos, anticipó esta exigencia y este programa, que la gran burguesía reclama para la salida de la cuarentena.

Que la primera crisis de gabinete involucre al Anses, vuelve a demostrar el carácter estratégico que tiene y tendrá la cuestión previsional en una crisis política que se encuentra en desarrollo.

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